Psicología, Educación, Salud y Vida

Archivo para diciembre, 2012

Cosas de la vida…

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En un día como hoy, 30 de diciembre, todos estamos más sensibles a un tipo de reflexiones que nos hacen revisar los acontecimientos más relevantes del año que termina, tanto en el ámbito personal como en el social.

Acabo de mirar el periódico y cierto es que se me encoge el alma ante la cantidad de acontecimientos difíciles que han ocurrido en 2012, tanto en nuestro país, como en el resto del mundo.

Siempre opino que la vida es un transcurrir de ciclos, que las cosas no son buenas ni malas por definición y que las desgracias, hasta las más duras, pasarán, porque todo pasa, nada es eterno.

Así que a la hora de adoptar una postura vital, yo siempre me decanto por la postura del optimismo. Pero no de una manera tonta, sin tener en cuenta los aconteceres de alrededor, sino por la sencilla razón de que anclarnos en la negatividad no nos conduce a ningún lugar.

Hay que superar todo, hay que salir de la crisis, hay que aceptar la enfermedad y las desgracias,… Más que nada porque sí no aceptamos lo que nos ocurre, no lo podremos superar.
Psicológicamente, en cualquier proceso de abordaje y solución de cualquier conflicto o situación, el primer paso es aceptar. Porque si lo acepto, lo hago propio, si lo hago propio, me implico y, si me implico, es cuando lo puedo modificar.

Es una postura vital un tanto lógica, pero que a muchas personas les cuesta mucho mantener, porque no se lo han cuestionado, o porque piensan que bastante desgracia tienen con lo que tienen como para, encima, tratar de entenderlo y superarlo. Pero así no se avanza, no se crece, no se cambia, no se desarrolla la RESILIENCIA, concepto que implica la capacidad del ser humano para sobreponerse al dolor, aprender de el, y seguir hacia adelante.

Por otra parte, también pienso que hay una innegable desviación en la información que nos dan los diferentes medios de comunicación. Si analizas un periódico o un telediario, más del 70% de las noticias son negativas,… desgracias, problemas sociales, económicos, guerras,… Dificultades por todos los lados. De acuerdo, están ahí. Sin embargo, también pasan cosas buenas susceptibles de informar, historias de superación, cosas de la naturaleza, de viajes, de niños, de éxitos, de personas mayores, de seres humanos,… Pero de ello no se habla o escasamente, cuando podría ser una forma de mostrar  y aumentar, en tan poderosos medios, cierto grado de optimismo y esperanza ante la vida, ante las circunstancias sociales y personales.

Bueno, con todo ello, cada uno somos responsables de la postura que adoptamos ante todas las cosas. Y te aconsejo que pongas en marcha la positividad y la inteligencia emocional. Porque esta actitud te ayudará a aceptar mejor y superar lo que la vida te tenga preparado.

Pues eso, en mi último post de mi jovencísimo blog, quiero desearte un buen 2013, que seguro que tiene venturas y desventuras, pero si las aceptas, crees en ti y muestras resiliencia ante los problemas, seguro que en tu camino empiezan a aparecer no sólo espinas, sino también rosas, muchas rosas.

Con mis mejores deseos, Asun 😉
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Papás… estáis castigados!!!

imageResulta que en un colegio algún niño llega sistemáticamente tarde.

Resulta que el colegio tiene una normas que, evidentemente, hay que cumplir.
Resulta que a veces los niños que llegan tarde se quedan en el pasillo del cole haciendo deberes, arrodillados en el suelo, apoyando los cuadernos o libros en un banco. Postura que en poco favorece la buena realización del objetivo.
Resulta que si un niño o niña llegan tarde, seguramente será a causa de la tardanza de sus progenitores o cuidadores.
Resulta que si a los padres les llaman la atención y no hacen caso,… se decide “sancionar” al niño, a ver si así los padres reflexionan y llevan a tiempo a sus hijos a las clases.
Resulta que el niño se encuentra con un castigo sobre el que no ha tenido arte ni parte,… es un problema de los adultos.
Resulta que la sanción implica la realización de tareas escolares, como si las mismas se asociaran a algo desagradable y punitivo.
Resulta que luego nos lamentamos en muchos casos del poco interés y falta de motivación de los niños por aprender.
Resulta que, a los adultos, en muchiiiiiiiiiiiiisimos casos, nos falta el más elemental SENTIDO COMÚN y, por supuesto, INTELIGENCIA EMOCIONAL.

Y tú, ¿cómo andas de sentido común? 😉
¿Y de Inteligencia emocional? 😉

¿Para qué sirve la disciplina en educación?

  

Podemos preguntarnos… ¿Cual es la finalidad de la disciplina? Un objetivo fundamental es conseguir que el control que ejercen los padres sobre los hijos ceda paulatinamente a medida que éstos aprenden a autorregular su conducta. La disciplina de los padres, a medio y largo plazo, enseña a los hijos el autocontrol y la tolerancia a la frustración.

Así, poco a poco, ellos necesitarán menos regulación y disciplina externa para convivir en sociedad. Para ello el niño deberá aprender a responsabilizarse de sus propias acciones. Responsabilizarse aportará muchos beneficios a nuestros hijos; entre ellos, aprender a no culpabilizar a los demás de todos sus problemas.

Pero para poder responsabilizarse el niño ha de poder elegir.

La falta de tiempo o de sensibilidad nos impide a veces escuchar y respetar las preferencias de nuestros hijos. Otras veces, desde una preocupación excesiva por los niños tendemos a involucrarnos en exceso, a tomar habitualmente las decisiones por ellos y a asumir toda la responsabilidad de sus aprendizajes.

Sin embargo, si no permitimos que un niño tome la iniciativa, tampoco se responsabilizará de sus decisiones ni se sentirá motivado.

A menor responsabilidad, menor motivación.

Siempre que sea posible, conviene ofrecer a los niños elecciones razonables para que ejerzan el hábito de poder elegir. Observa qué atrae a tu hijo, déjale tomar iniciativas y anímale a responsabilizarse de sus decisiones. Por poner un ejemplo sencillo y cercano, no debéis asumir toda la responsabilidad en el caso de los deberes. Esta pertenece, claramente, al hijo. Esto no significa que no pueda necesitar y reclamar nuestra ayuda en algún momento pero, por regla general, el hijo debe sentirse responsable de sus deberes.

La disciplina, las normas que nos imponen de pequeños y que luego imponemos y que sirven para entrenarnos a vivir en sociedad, deben ejercerse desde el sentimiento generoso de que nosotros y nuestros hijos formamos parte de una comunidad global y que necesitan, por tanto, sentirse apoyados por todos nosotros, por los adultos, por la sociedad,… no solo por sus padres. Son nuestros hijos, no solo mi hijo.

Esta visión mas amplia ayuda a poner el papel de la disciplina en perspectiva: es un instrumento útil para la resolución mas o menos armónica de los inevitables conflictos entre individuo y sociedad. Si la sociedad es generosa con el individuo, éste estará mas dispuesto a contribuir al bienestar general; si, por el contrario, educamos en valores excesivamente individualistas, confrontando al individuo con su entorno, la disciplina será percibida como una imposición desagradable, una serie de normas que cumplimos a regañadientes porque nos vemos obligados a ello.

Es en este sentido es muy interesante la visión social de los indios sioux de  Dakota:

“La primera lección que recibe el niño es que en materia de bienestar público, el individuo debe subordinarse al grupo. Pero, en cambio, siente desde el primer momento que toda la comunidad asume igual responsabilidad hacia él. Dondequiera que se encienda una hoguera será bienvenido, cada olla tendrá  algún sobrante para el muchacho hambriento, cada oído estará atento a recibir sus quejas, sus alegrías, sus ambiciones. Y, a medida que su mundo crece, encontrará una sociedad que no necesita de candados para defenderse de él, ni de papel para guardar su palabra. Es un hombre libre porque ha aprendido a ejercer su propia disciplina.  Feliz, porque puede cumplir las responsabilidades que tiene con los demás y consigo mismo, como parte intrínseca y bien adaptada de su comunidad, como miembro de la fraternidad que lo circunda”.

Pero resulta importante matizar algún aspecto más:

Cuando tengas que enseñar disciplina, recuerda utilizar también el lenguaje básico de amor del niño, para que éste no confunda la disciplina con el rechazo. La disciplina no debe disminuir la sensación del hijo de ser querido. Para ello no intentes disciplinar si en ese momento te sientes con ira. Corrige al niño en privado, sin exponerlo a las burlas o a la mirada de los demás, por respeto hacia él. Si está arrepentido de una manera sincera, hay que revisar la medida disciplinaria: es posible que ya no sea necesaria y, además, cuando el hijo experimenta que sus padres lo perdonan, aprende a perdonarse a si mismo y, más adelante, a los demás.

A veces hay que saber ponerse en su lugar  y disculparlo cuando las circunstancias son estresantes o difíciles para él A menudo obligamos a nuestros hijos a vivir sometidos a nuestras prisas: tienen que despertar a una hora temprana, a veces poco natural y posiblemente contraria a sus propios relojes biológicos, deben vestirse y desayunar a toda prisa, obedecer las sirenas del patio del colegio y soportar todo el día la cantinela del  “venga, venga”…, “tengo prisa”…, “no hay tiempo”…

Lógicamente a menudo se sienten frustrados con nuestra vida apresurada.

Evidentemente, también hay que distinguir entre los casos de mal comportamiento que requieren disciplina y aquellos otros que se dan de forma puntual en determinadas edades y que pasan por si solos sin que haga falta intervenir. Está, por ejemplo, el caso del niño de 12 años que discute constantemente con el adulto. Su comportamiento es lógico, porque el preadolescente necesita utilizar y practicar su nueva capacidad verbal y medirse con el adulto. Se trata, dentro del respeto al contrincante, de una actitud sana. Otro caso típico es el del niño de 7 años que miente de vez en cuando. Si no se convierte en un hábito, no es grave: dígale claramente que no le cree en ese momento. Pudo mentir porque no le gustaba la situación, por miedo o para medir sus fuerzas comprobando si es capaz de engañar al adulto. Todas ellas son motivaciones normales si se dan de manera ocasional.

Así que, ya sabes,

disciplina, más que necesaria pero, como siempre,…. con amor y sentido común. 😉

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