Psicología, Educación, Salud y Vida

Archivo para noviembre, 2013

Ante una ruptura…

corazón rotoEs indiscutible que el dolor que se produce es inmenso. Al desencanto del desencuentro se une el sufrimiento procedente de los vaivenes emocionales que tal situación provoca en nuestra mente y en nuestro corazón.

La tristeza es inevitable, también aparecen otros sentimientos como la desesperación, la ira, la impotencia,… pero es muy importante afrontar la discordia con mucho sentido común.

Ante una ruptura emocional con la pareja, se tambalean los cimientos en los que se mantenía nuestro pequeño mundo: espacios comunes, objetos de ambos, amistades compartidas, ilusiones, proyectos…  A partir de aquí empieza un periodo cuesta arriba cuya superación depende de la actitud que adoptemos. No obstante, se dan unas FASES que son más o menos comunes a todos:

SÚPLICA: si una de las partes no quiere romper, se siente agredida emocionalmente, por lo que tratará por todos los medios, con promesas de cambio (que casi nunca se dan), con llantos, con somatizaciones cercanas a la enfermedad,… de que el otro permanezca a su lado.

Después de suplicar y si no ha funcionado (como suele ser) se intenta RAZONAR qué es lo que se ha hecho mal y cómo se puede corregir,… sin pensar que el desencuentro puede ser debido a que sus prioridades e intereses caminan por vías diferentes, hablan distintos idiomas en su interior (aunque exteriormente se expresen en el mismo) y, por tanto, sus caminos debían separarse en algún punto.

Cuando se ha razonado y no se llega a ningún puerto común, se puede pasar al RECHAZO total y casi odio hacia la otra persona,… aunque en el fondo se siga mirando insistentemente el móvil a ver si nos llama.

Necesitaremos que pase un poco de tiempo para ADAPTARNOS a nuestra nueva situación: otro sitio en el que vivir, otros amigos, otros lugares, parece que me he olvidado por un rato, duermo mejor, como mejor, … y hasta vuelvo a tener ilusiones.

De nuevo MAYOR SEGURIDAD EMOCIONAL, … te abres a más personas, estás más seguro, más activo… La vida recobra su sentido.

 ¿QUÉ HACER?

Déjate animar por tus amigos, tómate con calma tu nueva situación, no tengas prisa,.. la luz sigue estando ahí, la volverás a ver enseguida. Pero no pases el día hablando solo de tu “ex”. Para ti, es un gran problema, pero no es el único ni el más grave. Tu dolor se minimiza cuando compartes el dolor de otros.

Olvídate de darle vueltas al pasado, no lo puedes cambiar, aprende de él y avanza. Seguro que llegará el momento en que pienses que lo mejor que podías hacer era romper.

Si tienes oportunidad, pon un gato o un perro en tu vida. Con su apoyo y comprensión silenciosa e incondicional, ayudan a que nos sobrepongamos de la situación. Ellos nos perciben, nos dejan acariciarles sin pedir nada a cambio y están ahí para lo que les necesitemos.

Que la ruptura no afecte a tu autoestima. Suele ser habitual sentirse culpable y minimizar nuestro valor personal. Esto no es verdad, tú vales lo mismo con él o sin ella. Simplemente, no estabais destinados a seguir juntos.  Acepta la carencia y continúa tu camino.

A veces uno se queda con la sensación de que lo ha hecho tan mal, que no le podrán perdonar. No te quedes anclado ahí. Al menos, perdónate a tí mismo, no vivas eternamente con la culpa. El pasado siempre sirve para aprender y evolucionar.

Piensa que cuando rompes una relación, lo que te duele es la interpretación que haces de la misma. Aunque es duro, no es catastrófico. Sal del bucle emocional del malestar y busca cosas que te hacen sentir bien. Están ahí. Sólo tienes que verlas.

Un poco de ejercicio físico te libera del malestar. Posiblemente no te apetezca, pero inténtalo.  Prepara algún viaje, poner kilómetros por medio hace que los problemas se vean en la distancia. También puedes plasmar tus sentimientos en un cuaderno, escribe, dibuja, pinta, escucha música, sal a fotografiar la vida,…Las artes reconfortan y llegan directamente al corazón.

De verdad, el mundo no se acaba y aunque te parezca que te va a costar olvidar, un poco de tiempo curará tus heridas y cada día verás tu desazón más y más lejos, hasta  que llegue a desaparecer.

… Siempre hay un tiempo para marchar y seguro que encuentras un lugar a donde ir …

¡Ánimo! Un abrazo, Asun 😉

El punto ciego

ventana ciega

El padre del concepto de Inteligencia Emocional, Daniel Goleman, nos explica con multitud de ejemplos y situaciones, la habilidad que tenemos los seres humanos para autoengañarnos, con la finalidad de protegernos emocionalmente del dolor que nos produce el fracaso y la ansiedad derivada de ello.

¿En qué consiste esto? Muy sencillo, el cerebro selecciona la información a través de un filtro que nos ayuda a disminuir las percepciones negativas.  Así, se bloquea la atención y se minimiza el impacto de las decepciones.

Los puntos ciegos que cada uno desarrollamos, tienen mucho que ver con la atención que prestamos a los acontecimientos que nos rodean. Ya lo dice la sabiduría popular… ojos que no ven, corazón que no siente.

Pequeñas mentiras aceptadas, dobles mensajes, ocultar nuestros verdaderos sentimientos, verdades a medias,… son “puntos ciegos” de nuestra conducta y nuestras vidas. A veces, cumplen cierta función social; en otras ocasiones, esconden todo un mundo emocional contradictorio que no queremos que se vea y, sin embargo, se ve mucho.  Por ejemplo, la discordancia entre lo que decimos y defendemos, y nuestra conducta.

Si observamos a muchos de nuestros políticos, es fácilmente deducible que gran parte de ellos tienen muchos “puntos ciegos”, pero no desde el inconsciente de la autoprotección emocional, sino desde el consciente de manipular la información y engañar y confundir a la opinión pública. Los puntos ciegos tienen muchos matices.

Pero todos queremos evitar la ansiedad, que se lleva parcelas de nuestra consciencia y nos crea esa especie de neblina mental que llamamos “puntos ciegos”.  Y estos son los causantes de muchos estados mentales insanos. Así que debemos tratar de buscar una visión más profunda que nos lleve a comprender y a ser honestos,  sin faltar a la verdad.

Cuestiónate, cuando das una opinión, si eso es realmente lo que piensas  y sientes o si, por el contrario, estás usando muchos puntos ciegos para defenderte de sufrimientos mayores y más profundos.

Para entenderlo mejor, una persona normal que denuncia algún tipo de abuso públicamente, deja al descubierto los “puntos ciegos” de los demás, que prefieren mantenerse en silencio escondiendo la cabeza o mirando para otro lado.

Cuando sientas y percibas verdades ocultas que afectan a otro ser humano, no formes parte de la conspiración del silencio manteniéndote callado ante hechos turbadores. Agita la monotonía, combate la mentira colectiva.  Cuestiónate si lo que dices y haces es lo que piensas y deseas hacer. Solo a través de la reflexión y la autocrítica, podemos avanzar. Solo así   podremos mejorar y evolucionar personal y socialmente.

Como siempre, la virtud se encuentra en algún punto entre ambos extremos, pero no te permitas que tu vida esté plagada de mentiras vitales, cíñete a decir las verdades más simples, por difícil que parezca, eligiendo siempre un buen modo de decirlo y hacerlo… en esa dirección está el sendero que conduce al equilibrio individual y a la sabiduría.

¡Estamos en constante evolución, pero vigila que sea hacia mejor!   Un abrazo, Asun 😉

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