Psicología, Educación, Salud y Vida

Archivo para enero, 2015

En educación sobra este tipo de gente …

IMG_1931Cada día me sorprendo más por la actitud de algunas personas que están al frente de equipos educativos, en los equipos directivos de los coles, guarderías, o centros de formación.

Ya he dicho en otras ocasiones que, para mí, la educación es de las tareas más difíciles y comprometidas que tenemos en la sociedad actual. Máxime cuando estamos viviendo unos años de auténtica catástrofe de valores, de falta de conocimiento y reconocimiento del ser humano, donde lo que vales se mide casi exclusivamente por lo que tienes o el puesto que desempeñas, sin mirar para nada las cualidades humanas, organizativas, relacionales, empáticas,… de muchas personas que están al frente de puestos de tremenda responsabilidad social. Por ejemplo, directores de centros educativos.

Hace bien poco he oído de alguien en uno de estos cargos quees igual se haga como se haga, total, la administración ni nos tiene en cuenta, ni nos valora para nada, ni hacen seguimiento de nuestro trabajo, ni les importamos un carajo,… más bien, la consejería y los jefes son nuestro “enemigo”; ya me gustaría a mí verles al pie del cañón, yo no puedo hacer nada por unir los dos bandos de docentes que hay en mi centro y que casi ni se miran a la cara,… y frases similares que denotan cero grado de sensibilidad y escaso interés por la tarea que tienen entre manos, perdiendo totalmente de vista que su trabajo es con NIÑOS, con PERSONAS, con los adultos del mañana. Quizá no ha pasado por sus cabezas la enorme responsabilidad social que supone liderar un equipo humano en el que los destinatarios finales son los niños y sus familias.

Y yo me quedo pensando si estoy en otro mundo, o este mundo está de esta forma nefasta en la que todo vale, en la que algunas personas están en puestos de gran compromiso educativo igual que podrían estar en una cadena de montaje, sin más.

Así que creo que las personas que trabajan en un centro con niños y niñas en edad escolar debieran ser SUPERVISADOS minuciosamente por parte de profesionales debidamente formados, y habiendo demostrado previamente, a su vez, su calidad ética y visión de la educación como elemento previo sin el cual no es viable dedicarse a estar con niños en la misión de enseñar. Y parto de que la gran mayoría lo hacen bien, hasta muy bien, pero aún quedan muchas excepciones en el sentido contrario.

Superar unos exámenes de una oposición no debiera ser suficiente, porque ahí para nada se demuestra la validez para educar, sino solo el grado de conocimientos académicos adquiridos, que, hoy de en día, cada vez sirve de menos en las aulas, porque la red nos ofrece esos conocimientos, pero no nos ofrece la forma de relacionarnos, la forma de gestionar un aula, la sensibilidad, la comprensión,…

¿Unas ideas para empezar…?

  1. Supervisión de calidad del modo de hacer los docentes en las aulas. No tanto a nivel administrativo, ni de programación, (eso ya se hace) sino en una dimensión absolutamente de inteligencia emocional, relaciones sociales, solución de conflictos, cuidado y atención emocional de los niños, responsabilidad social…
  2. No pasar por alto el mal hacer de algunos que muchos conocen pero que todos miran para otro lado. Debiera haber cauces de “llamadas de atención” para que el personal no pueda campar a sus anchas. No debiera ser admitible que algún profe no se hable con los padres de algún niño,… porque no me entiendo con ellos y no quiero saber nada. No debiera ser admitible que el tutor/a lleve a dirección a niños de 4,5,6,7,… años que han reñido porque no sabe ese docente cómo gestionar el asunto,…
  3. Incorporación, en los exámenes de oposición, de unas prácticas, “in situ” (de hecho, existen) cuya evaluación tenga que ver con las habilidades reales que ese profesor necesita para gestionar un grupo humano de niños.

Para mí, la educación, es Educar en el Arte de Ser (no en el de saber), siendo fundamental que los docentes entiendan qué es el Ser para que lo puedan transmitir y establecer prioridades educativas.

¿Quieres saber más? en mi charla, #EducarEnElArteDeSer lo explico pormenorizadamente, siendo sencillo empezar a cambiar el chip y ponerse a la tarea. Y merece la pena. Un abrazo, Asun 😉

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Los servicios de salud mental a revisión…

cabeza-corazonEstoy sorprendida por el uso que se hace, EN ALGUNOS SENTIDOS Y EN ALGUNOS CASOS, de la psiquiatría en España. Entiendo y comparto la necesidad de que las personas con una patología mental necesiten ser tratadas con medicación, pero lo que me asusta es que muchísimas de ellas solo reciben tratamiento farmacológico y apenas terapéutico cuando, en múltiples ocasiones, en la base de muchos síntomas y manifestaciones existe un dolor emocional, una petición desgarradora de ayuda, una necesidad de una mirada cálida y comprensiva, un interlocutor que te hable, empatice, comparta y entienda,… no sólo que te dé unas pastillas.

Alrededor de mi he conocido y conozco jóvenes y no tan jóvenes con vivencias desgarradoras en la infancia y en otros momentos de su vida, las cuales han dejado grandes y graves secuelas, desde esquizofrenias, pasando por trastornos de inestabilidad emocional, trastornos bipolares, depresiones, psicosis,…. Aparte de sus historias personales, la sociedad tampoco les ponemos en bandeja alternativas realmente eficaces y humanitarias para su mejora y curación. Cierto es que, en muchos casos límites, esas enfermedades, por desgracia, probablemente les acompañen durante toda su vida pero, en otros, cuando la sintomatología es leve o la persona y el entorno ponen de su parte, estoy segura de que puede producirse la curación, porque lo he visto y así lo corroboran muchos y variados estudios y profesionales de la psiquiatría y la psicología.

Sin embargo, cuando un psiquiatra o psicólogo de  la sanidad pública tienen que atender a un paciente cada 15 minutos, difícilmente puede llegarse mucho más allá de la receta de los fármacos correspondientes, los cuales, puede que contribuya a cierta estabilización o encubrimiento de sus síntomas, pero son tantos y de tal calibre los efectos secundarios que provocan, que se nos ponen los pelos de punta tan solo con leer los prospectos. También es difícil que una persona acuda a una consulta de la psiquiatría pública sin salir con un distintivo que lo marque de por vida, porque según los criterios del DMS-V (el manual que establece qué es un trastorno mental y qué no) es complicado acudir a una visita de salud mental y que los test que te administren y las entrevistas que te realicen, no te haga merecedor de un diagnóstico acusador y limitador para toda la vida. Y no olvidemos que  muchos de los profesionales que revisan y actualizan los  DMS son muy amigos de la industria farmacéutica.

Se PONEN etiquetas que nadie explica. El propio paciente lee su informe e investiga por internet. Esto crea aún más inestabilidad e inseguridad emocional, llegando a dudar de todo y de todos.

Así que con tanta sobredosis de pastillas y tan escasos tratamientos terapéuticos, vamos camino de ser una sociedad adicta a los fármacos. De hecho, ya lo somos. La industria farmacéutica es de los negocios más potentes del mundo, se comportan como auténticas mafias, y están ganando la partida a otras necesidades y posibilidades de mejoría y curación en el ser humano.

Con lo que hay, muchos se quedan en la cama esperando que el tiempo y la vida pasen por encima de ellos, otros se refugian en el alcohol y las drogas, perdiendo así aún más su capacidad de recuperación, y otros van dando bandazos a merced del viento que les mueve cada día.

Y yo me pregunto….

¿Dónde están esos grupos terapéuticos GRATUITOS y con encuentros FRECUENTES en los que los pacientes puedan estar con otras personas e intercambiar inquietudes y dudas vitales, dirigidos por un terapeuta? Sé que existen en algunas comunidades y hospitales, pero debiera estar generalizado a todo el país y a todos los ámbitos de intervención psicológica y psiquiátrica.

¿Qué hacemos cuando en la unidad de psiquiatría del hospital le dan el alta y la familia de esa persona no tiene recursos económicos para pagarse un psiquiatra particular y muchos menos un psicólogo o acudir a un centro terapéutico?

¿Qué hacemos cuando el paciente, por las circunstancias que sean, no tiene oportunidad de compartir su situación con otros familiares y amigos?…

¿Qué hace esa persona que tiene un diagnóstico, con sus funciones cognitivas en su sitio, y no recibe un brazo o un hombro en el que apoyarse?. Yo os lo digo: o autoaislarse y sufrir, demandando quedamente una ayuda que muchos de alrededor no saben ver; o buscar a otras personas parecidas a ellos y comprar conjuntamente las droguitas y el alcohol que necesiten para evadirse absolutamente del mundo, del injusto mundo. He visto y veo ambos polos de un mismo estado.

Esto debiera de ser un problema social y sanitario, sin duda, siendo vergonzoso que miremos para otro lado como si esas situaciones no fueran con nosotros.  

Los servicios y programas debieran estar más organizados y generalizados. Los tratamientos debieran ser holísticos, trabajando no solo la mente de la persona, sino tratarlo como un todo en interacción con su entorno, ya que hay sinergia entre todas las partes del ser humano.

Lo que no podemos permitir es que muchas personas no reciban todas las orientaciones y ayudas, tanto individuales como grupales que necesitan para salir del hoyo en el que están inmersos y del que, en muchísimos casos, pueden y deben salir. No os quepa duda de que es responsabilidad de todos.

Porque cuanto más capacitemos al ser humano de forma activa en su autonomía, gestión de problemas, … menos importante serán la psiquiatría y la psicología,… y no quiero quitar el trabajo de nadie, solo ayudar a pensar que cada cual tenemos muchos más recursos mentales y psicológicos de los que, muchas veces, se nos quiere hacer ver.  El modelo social y sanitario debieran potenciar esto. Si no, echemos un vistazo al ser humano dentro de 30 años… Un preocupante porcentaje, adictos a las pastillas.

Y que conste que creo en la psiquiatría, en la farmacología y en la psicología (¡yo misma lo soy!), pero bien utilizadas.

Pues eso, reflexionemos, porque no es bueno dar todo por válido. No todo lo que nos dicen es cierto y no todo lo que hacen las políticas sanitarias está bien. Ni mucho menos. No perdamos la capacidad de pensar, hacer crítica constructiva y contribuir con ello a algún pequeño cambio, por leve que sea, será muy importante.

Un abrazo, Asun 😉

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