Psicología, Educación, Salud y Vida

Archivo para junio, 2016

Érase una vez una niña que iba a un colegio de nuestro país…

Elisa, en la etapa de educación infantil, aprendió a leer antes que los demás y se mostraba entusiasmada ante cualquier nueva oportunidad de aprender y descubrir que la vida le ponía a su alcance, … pero la profesora le decía a menudo que no quisiera ir por delante, porque tenía que hacer las tareas, los trabajos y las actividades al mismo tiempo que sus compañeros. Comentarios similares a este, seguían teniendo lugar en el colegio en distintas situaciones.

La niña pasó, en el transcurrir de los meses, de una actitud abierta a otra de tristeza, ensimismamiento y falta de atención. Parecía que siempre estaba en las nubes, cuyas formas y movimientos, por cierto, le gustaba mucho observar.
En el medio familiar no entendían lo que pasaba, puesto que la niña era alegre y además ¡muy lista! Y se preguntaban el por qué de su cambio de actitud.
A Elisa, desde bien pequeñita, le apasionaba la música y, además, mostraba aptitudes para ello, así que sus padres decidieron matricularla en el conservatorio de la ciudad para tomar clases de violín, disciplina en la que pronto destacó sobre el resto de sus compañeros. Aún no había cumplido 9 años.
Estando en 4° de primaria, sus padres solicitaron una entrevista con el orientador, ya que veían que su hija era muy muy lista, pero mostraba distracción y poco interés por las actividades del colegio. El orientador no había recibido nunca una demanda sobre esta niña. Así que comenzó a realizarle las correspondientes evaluaciones, viéndose claramente que Elisa poseía altas capacidades y un talento muy especial para la música.
Los padres estaban recelosos de “catalogarla”, pues tenían miedo de que se produjeran rencillas con otros niños y dificultades en la respuesta educativa del colegio. Aún así, accedieron a ello.
Entre otras medidas, el orientador recomendó diferentes adaptaciones para todas las áreas y, de forma específica, para música, dando sugerencias, consejos y pautas (recogidas dentro de la correspondiente adaptación curricular individual) para que Elisa se sintiera bien emocionalmente y tuviera oportunidades de aprender a su ritmo, mostrar sus aprendizajes y desarrollarse de forma equilibrada y armónica según sus características y necesidades.
Un día, al salir de la clase de música, el orientador se cruzó con ella y percibió un gesto de disgusto en su cara, así que aprovechó para invitarla a hablar un poco con él. La niña le contó que en clase le pidió a la profesora si podía tocar una pieza de Mozart que le salía muy bien en el conservatorio,…¡estaba entusiasmada con sus progresos con el violín!… pero la profe le dijo que no, que no quisiera correr tanto y que, en todo caso, ya la tocaría a final de curso.
El orientador, indignado por la actitud de la profesora y por el nulo caso que había hecho a sus recomendaciones, fue a hablar con ella, le recordó que era una niña con necesidades educativas especiales y, ante su sorpresa, le dijo que Elisa podía tener altas capacidades y ser muy buena para la música y que para eso estaban sus padres, para ayudarla y llevarla al conservatorio, pero que en su clase, no podía permitir que fuera por delante de los demás.
Y bueno, así se sigue entendiendo la educación, el talento, las adaptaciones curriculares, la personalización de la enseñanza, las competencias emocionales, etc, etc, etc,… en muchos colegios de nuestros país.
Sacad vuestras propias conclusiones. Y si tenéis algo que ver con la educación, por favor, nunca lo hagáis así de mal. En estos casos, debiera ser obligatorio evaluar al profesorado y si no está preparado,… poder adoptar medidas.

La educación no es una broma, ni la docencia solo un medio de ganar el sueldo. La responsabilidad de los adultos es infinita. Y cambiar lo que no se hace bien, es de sabios.
Un abrazo y hasta otro día 😉

La vida que nos lleva…

Esta primavera dos queridas amigas se han ido para siempre arrastradas por el cáncer y sus agresivos tratamientos. Esta carta representa mi último homenaje para transmitir mis pensamientos y sentimientos hacia ellas. 

“Queridas Mar y Pepa, no hay derecho. Nos han robado vuestra presencia.

De nada sirvieron los cuidados médicos, ni las peticiones, plegarias ni esfuerzos mentales de tantas y tantas personas que os queremos y que luchábamos, cada cual como podíamos, contra el destino que había decidido llevaros injustamente tan pronto. 

Vuestras personales imágenes son imborrables para nosotros. Pepa siempre con una sonrisa en la cara y transmitiendo dulzura y optimismo; Mar con esa carcajada espontánea y esos ojillos divertidos que sabía poner, como de niña traviesa, cada vez que se reía.

Ambas buenas amigas de sus amigos, cada una con su personalidad bien diferenciada y definida. Siempre dispuestas a estar con todos a los que querían y disfrutar de ello, bebiendo intensamente la vida a sorbos, igual que disfrutaban de una buena copa de vino. Amantes de la vida, de los viajes, de las culturas, del saber. Sabiendo percibir la magia de lo que las rodeaba. 

Vuestra ausencia física es dolorosa porque no nos podemos creer que vuestros cuerpos menudos ya no nos acompañen y no los podamos volver a ver. 
Sin embargo, erais intensas emocionalmente y no os habéis ido del todo. Habéis dejado un vínculo de amor y amistad muy estable y potente, que nos unirá por siempre a vosotras. 

Mar y Pepa, Pepa y Mar… donde quiera que estéis, sabemos que habéis descansado de los últimos días de dolor y sufrimiento, y que mediante el precioso haz de luz en forma de ángel en que os habéis convertido, estaréis siempre presentes (al igual que lo están otros amigos y amigas que ya forman parte de la luz) y podréis acompañarnos hasta el día en que, de una forma u otra, quizá nos reunamos. 
Queridas amigas, en cada brindis con una copa de vino con el que tanto disfrutabais, elevaremos una sonrisa sabiendo que, de alguna manera, siempre estaréis con nosotros. ¡Os queremos!”
A los que me leéis, disfrutad de la vida. ¡Es tan bella y tan efímera! 😉

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