Psicología, Educación, Salud y Vida

Archivo para agosto, 2017

Rotundamente, ¡así no! por favor

IMG_7695                Antes de que empiece el curso…. 

Estaba reflexionando sobre diversas situaciones que he vivido en distintos momentos laborales, pensando en que, sin duda, hay muchísimos profesionales de la educación que disfrutan con su trabajo, están motivados, se cuestionan cada día y a cada momento cómo hacerlo mejor, están volcados en la Educación Emocional, están muy interesados en los avances de la Neurociencia y la Neuroeducación, les encanta lo que hacen y se enriquecen como personas con ello, … en fin, lo que debe ser.

Sin embargo, se me ponen los pelos de punta cuando pienso en esos otros profesores (no nos engañemos, están también ahí), oscuros y huraños para los que los niños siguen siendo unos “entes” bastante ajenos a ellos, y para los que el concepto de enseñar y educar se limita a abrir los libros en el aula por la página que toca, seguirlos casi al pie de la letra, ponerse detrás de una mesa y establecer el mínimo contacto emocional con los niños y niñas.

Por ejemplo… hablo de aulas de primer ciclo de primaria donde los niños son tratados de usted. Sin duda, esto no es una muestra de respeto hacia los pequeños, sino una falta del mismo, ya que con esa actitud están marcando que poco o nada quieren sobre establecer lazos afectivos con los pequeños. Estos profes son patanes emocionales y este “detalle” va unido a unas prácticas de enseñanza-aprendizaje totalmente rígidas y desprovistas de un mínimo de cercanía y calor humano. Después, alardean de que van a cursos de Inteligencia Emocional. Qué risa, qué ironía, qué desfachatez.

Otro ejemplo real son los profes que apenas llaman a los niños por su nombre en todo el curso. Les nombran con el genérico “niño o niña, incluso siendo, algunos de estos pequeños, parientes cercanos del docente.

Unos y otros “docentes indecentes” (creo que me acabo de inventar el término) tienen oscuridad interior, problemas de autoestima,  de comunicación, de trabajar en equipo… Prefieren estar cuanto más encerrados en sus aulas, mejor, sin compartir momentos de relax con otros profesores. Como mucho, controlando a los pequeños que han dejado sin recreo porque no habían acabado la tarea a tiempo. Suelen necesitar un chivo expiatorio.

No tienen apenas nada que decir, y mucho menos que aportar,… solo rumiar lo mal que está el sistema, lo poco que cobran, las ganas que tienen de jubilarse,…  si la orientadora trata de echarles una mano, enseguida saltan con un “tú das consejitos, pero ya me gustaría verte en mi pellejo”… como si estuvieran sufriendo un auténtico viacrucis por estar con niños y niñas. En el colmo de incompetencia educativa, incluso alardean de no hablarse con los padres de esa niña que trabaja poco y mal, porque discutieron en el primer trimestre, y a él, que es el profe, no le desautoriza nadie. Faltaría más.

Los he visto. Están ahí. Pasando demasiadas horas y días con los pequeños que han de ser el pilar de la sociedad, del mundo, de los necesarios cambios sociales,… dando un ejemplo nefasto en todos los ámbitos. Y haciendo de la asistencia a la escuela para no pocos niños y niñas, una auténtica tortura.

Y lo mas curioso, no hay inspector, ni organismo, ni jefatura del centro, ni nadie… que se atreva a plantarles cara o, al menos, a sugerirles reflexionar sobre lo qué están haciendo. O mandarles al rincón de pensar. U otras muchas medidas que se podrían tomar.

Esto debiera ser la revisión de la práctica docente, no sólo inflar el currículo con cursos que nos den créditos para que el sueldo no merme, para engordar mi carrera docente, y para aparentar que estoy al día.

Todo el mundo, docentes o no, necesitamos librarnos del dolor de las experiencias traumáticas personales de la etapa infantil o de primaria (parentales, familiares, escolares y sociales) que tanto nos han marcado y condicionan nuestra respuesta,  para poder ver a los niños en toda su grandeza y tratarles con el debido respeto. 

Es que no me canso de repetirlo…. ¿educación emocional en los centros? por supuesto que sí, que es hipernecesaria, pero primero… educación emocional en los adultos.

¡Me parece tan obvio!. Un abrazo y hasta otro rato 😉

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