Psicología, Educación, Salud y Vida

Archivo para mayo, 2018

¿Niños enganchados a las pantallas?

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La verdad es que es un tema que suscita grandes y encendidas controversias entre psicólogos, educadores y familias.
Desde quien dice que no pasa nada porque a esta generación le toca vivir pegados a la tecnología y que es natural, porque han nacido rodeados de pantallas… hasta quien dice que crea adictos lo mismo que si de una droga se tratara.
Antes de seguir, voy a posicionarme. Y a sabiendas de la necesidad de la tecnología, todo debe tener límites. Sin ellos, no podemos encaminar nuestra conducta.                                                                                                                                                                                                                                                                                                         
                                                            
Yo pienso que SÍ CREA ADICCIÓN e incluso se llegan a utilizar algunos aparatos (por ejemplo, el móvil) como sustitutos emocionales en casos o situaciones en los que existe cierto vacío comunicativo con los padres y algo de dejadez. En cierta medida, dependerá de la edad de los hijos y, por supuesto, de la permisividad de los padres y del uso que los progenitores hacen de ello.
Una niña con un móvil a los 9 años puede ser controlable y ser los padres los que marquen la pauta de tiempo de uso. Otro niño con 12 que ya ha desarrollado durante dos años o más unos hábitos muy reiterados y fuera de control del uso del móvil o de la playstation, difícilmente vamos a poder controlarlo ya.
Quiero decir que el uso inadecuado en las primeras edades puede fácilmente llevar a la adicción a partir de la adolescencia.                                                                                                 
¿Cómo se nota?…                                                                                                                                      
*     Perdiendo el control sobre su uso (¡solo estaré 10 minutos!) y luego nos damos cuenta de que ha estado más de 2 horas. Infravaloran los riesgos, piensan que no pasa nada por estar tanto tiempo con el móvil o el juego. Total, sus amigos también lo hacen. Y no olvidemos que, a esta edad, los iguales son sus referentes de comportamiento.                         
*     Las niñas, más que videojuegos, utilizan exageradamente las redes sociales. Con la moda de las “influencers” que les marcan modelos de belleza, de imagen, de popularidad,… habitualmente lo que yo llamo “calorías emocionales vacías”, es fácil caer en el uso desmesurado del móvil. Máxime si en la familia no están claros los límites, (o los mismos padres son ciberdependientes), ni existen otros VALORES REALES que sean más fuertes que los mensajes de las redes.
Todo esto abre puertas al ciber acoso, chantajes posteriores, vida sedentaria en exceso, obesidad,… y esta puede llevarles a la diabetes, enfermedad con claro y desmesurado aumento en los últimos años.                                                                                                               
¿Más consecuencias?…
  • Aislamiento de la familia.
  • Cambios bruscos del estado de humor, con muchos episodios de mal humor injustificado.
  • Descenso en el rendimiento escolar.
  • Cambio en los hábitos alimenticios.
  • Trastornos del sueño…
  • Llegando a situaciones de ansiedad cuando no están conectados.
Empezaríamos a notar los cambios claramente cuando dejan de tener interés en cualquier cosa que no sea la pantalla, con pasividad ante las demás circunstancias de su vida.
Evidentemente las redes están diseñadas para que sean adictivas, creando una realidad paralela y falsa que para nada aporta algo valioso al desarrollo de los niños y jóvenes. Además, el problema es mayor si a esto se unen algunas características personales y sociales como timidez, dificultad en las relaciones sociales reales, modelos familiares (que los padres también estén indiscriminadamente con el móvil delante de sus hijos demasiado tiempo).
Cada día nos encontramos con más frecuencia en la calle escenas que hace pocos años nos hubieran parecido de ciencia-ficción:                                                                                         
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  1. Niño/a de 10 años caminando por la calle junto a sus padres. El pequeño juega con su móvil. Sus progenitores van chateando sin parar. Para nada comentan sobre lo que ven, ni saben con quién se cruzan y qué pasa en ese momento en ese paseo en su ciudad.                                                                                                                                        
  2. Hace unos días en un restaurante en el que yo estaba con mi marido, había dos parejas y 3 niños cenando. Los pequeños, entre 8 y 11 años, cenaron enseguida. Era viernes y los jóvenes padres no tenían prisa. Al poco rato los tres niños empezaron a comunicarse con sus móviles, sus chats y sus juegos. Cada uno con lo suyo, sin hablar entre ellos. Los padres se mostraban felices y relajados porque estaban tranquilos todos. Tanto es así que después de la cena se tomaron un par de gin-tonics. Cada rato que pasaba yo me sorprendía más y más de lo exagerado de la dejadez de sus mayores. Coincidimos en el restaurante un par de horas. Cuando nosotros nos fuimos, aún seguían allí en la misma situación.
Probablemente dentro de poco alguno de esos padres acuda a su médico, o al orientador del cole o a una consulta psicológica… porque sus hijos están “enganchados” y ellos no saben qué hacer.
Maldita hipocresía educativa y social, que nos hace ver los problemas a toro pasado y cerramos los ojos cuando estaban encima de nosotros y solo supimos mirar para otro lado.
Hace falta mayor madurez, coherencia y responsabilidad, empezando por los padres y adultos. Los problemas de los pequeños se cimientan en el entorno educativo. No lo perdamos de vista.

 

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Me gustan los abrazos de mis amigas

Me gustan los abrazos de Olga y Marili. Tengo una gran cuadrilla de amigas, pero no las veo con demasiada frecuencia a pesar de que vivimos en poblaciones cercanas. Cada una va a su vida, algunas se reúnen con otras más a menudo,… depende de la situación personal de cada una. Yo las veo en fechas puntuales o eventos específicos. Más o menos con una frecuencia trimestral.

Tengo que decir que me gusta observar los abrazos y leer el tipo de saludo con el que me obsequian las personas. Con Olga y Marili establecí unos lazos aún más potentes a raíz de unos viajes que compartimos hace poquitos años por países tan maravillosos como Costa Rica, Etiopía o Grecia. También coincidimos con intensidad en un taller que hicimos hace un par de inviernos para practicar la respiración consciente, relajación, meditación y para desnudar un poco nuestras almas.

Yo soy mayor que ellas, a Olga le llevo cerca de 15 años y a Marili unos 10. Pero esto no importa ni se nota cuando hay algo muy profundo en los sentimientos recíprocos. Saben que estoy aquí y sé que están ahí.

Y bueno, estos días hemos coincidido en Levante. Ellas estaban en Denia y yo en Oliva. Y quedamos un día a cenar con otros amigos comunes. Cuando nos vimos, primero con Marili, su abrazo estaba cargado de energía, sinceridad y amistad incondicional y eterna. Cuando me vi con Olga me dio un abrazo tan bonito y con una sonrisa abierta y amplia que no necesito mas palabras para describirlo. Simplemente lo sentí. Y lo sentí tanto y tan bien que dejó en mi una imborrable huella y es lo que me ha llevado a escribir este post. No son las únicas amigas o amigos que me hacen sentir así, hay unos cuantos más, pero hoy me ha tocado hablar de ellas porque la situación que describo es reciente.

Así entiendo yo la amistad. Aunque os lo he explicado, en realidad, no hacen falta palabras. Creo que muchos me entendéis y sentís parecido. ¿A que si?

Un abrazo profundo 😉

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