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Estrés adulto, estrés infantil

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¡Cuántas veces oímos y vemos a profesores estresados!. Ya existen estudios que demuestran que el estrés del profesor pasa a los alumnos rápidamente y se crea un círculo vicioso en el que tanto los profes como los alumnos generan cortisol (la hormona del estrés). Y un niño en estas circunstancias es más sensible a mostrar falta de atención, problemas de conducta u otros desórdenes mentales.

Si sabemos que una de las leyes del aprendizaje es la imitación, y también conocemos el efecto de las neuronas-espejo, es fácil deducir este “contagio”. 

A veces los profes se sienten impotentes ante una clase disruptiva, minusvalorados ante padres que les presionan y ante otras circunstancias… pero en nuestro país parece que los sesudos legisladores aún no se han dado cuenta de lo útil que sería una materia en Magisterio sobre cómo gestionar una clase: medidas para motivar, integrar, analizar situaciones, responsabilizar…

Pero ya que esto va a paso de tortuga, vamos a pensar un poco en nosotros mismos,… ¿y si pensamos que todo pasa por la gestión de nuestras propias competencias emocionales?. Porque si yo no sé qué me pasa, ni cómo gestionar mis emociones y reacciones,… difícilmente puedo enseñarlo. Y probablemente, ni tan siquiera controlarlo.

Y ahí andamos. Como casi siempre, parcheando. Cursos a cientos sobre nuevas tecnologías, pero menos sobre autogestión emocional y conocimiento de las emociones en los grupos. Y si los hay (que también comienza a haber mucha gente que habla de esto), siempre están enfocados a “enseñar a controlar emociones a los niños, o sea, a los demás”, saltándonos tan preciado paso de “aprenderlas y conocer nosotros las nuestras previamente”.

Muchos profes que desconocen qué les pasa emocionalmente a los niños, lo suplen poniendo etiquetas que les autolimitan y se sigue cerrando el círculo del malestar: es un pegón, es un desobediente, es un desastre, nunca hace la tarea completa …. Pobres niños.

Y habitualmente un profe o un adulto que minusvalora a los niños es porque el mismo tiene problemas. Aunque no los sepa o quiera ver.

Y si esto es importante en todas las etapas educativas, no os digo nada en Educación Infantil, donde el poder de los maestros es enorme, porque hay muchos niños nerviosos y desatentos porque es lo que ven, tanto en casa como en el colegio. Y el profe culpa a los padres y estos devuelven la pelota al centro educativo. En Secundaria es igualmente importante, aunque ya la personalidad a esta edad está más formada y pueden “resistir más”, lo que no supone que duela menos ni deje menos huella.

Seamos coherentes y antes de dar lugar a padecer estrés laboral, o familiar, o paternal, o a sentirnos quemados, pongamos los medios.

  • ¿Has pensado en qué está al alcance de tu mano para mejorar tu humor?,
  • ¿has pensado en acudir de una vez a esa clase de relajación-meditación que tanta falta te hace?,
  • ¿has pensado en hacer deporte para compensar la tensión que dices no poder controlar?,
  • ¿has pensado en disfrutar con los niños más allá del rendimiento escolar y de sus obligaciones diarias?,
  • ¿has pensado en mejorar tu alimentación, puesto que la comida desequilibrada y saturada de azúcares, grasas y productos refinados también afecta a tu equilibrio mental y emocional?…

En fin, hay tanto por hacer, modificar y mejorar que ya empieza a ser tarde para ponernos manos a la obra. Y piensa que nada se nos da hecho si no ponemos de nuestra parte en buscar el cambio.

Controla tu mente, controla tu respuesta emocional, controla tu vida. ¿si?. Te sentirás mejor y harás sentir mejor a los de alrededor. Verás que el cambio merece el esfuerzo.

Un abrazo, Asun

¡Puede que funcione! 

Me encanta la parte de la película donde el héroe dice: “se qué sólo hay una posibilidad entre un millón, pero puede que funcione” y, claro está, funciona. En la vida quizá no siempre todo funciona, pero debiéramos tener el coraje de seguir intentándolo. ¿Si?

¡Adaptándonos!


Hay temporadas en las que los astros confluyen para que te pasen muchas cosas difíciles a la vez. Y eso no supone más que un cambio en nuestras rutinas, planteamientos y prioridades. Aprendes a dejar de lado algunos aspectos banales que hasta ahora eran importantes para ti. Y también aprendes a disfrutar entre hospitales, consultas y entornos médicos.

Y es que nuestra capacidad de aceptación y adaptación son inmensas. Y esto nos ayuda a crecer más y más, y a hacernos aún más grandes como seres humanos. Y cuanto más crecemos, más podemos dar. Y eso es muy grande. Esto es lo que pienso en una tarde lluviosa. Un abrazo 😉

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