Psicología, Educación, Salud y Vida

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No quiero un limón bonito…

… quiero un limón saludable.

Hoy he comprado limones y siguiendo mi buena costumbre de leer todos los ingredientes y etiquetas de los productos, leo esto:

“tratado con IMAZALIL”. Busco qué es eso y me informo de que es un fungicida sistémico que controla un amplio espectro de hongos en frutos, vegetales, cucurbitáceas, patatas, cereales y plantas ornamentales.
Particularmente activo contra cepas resistentes a los benzimidazoles.

En su etiqueta, habla de las precauciones que debe tomar el operador que fumiga los frutales…

  • “Nocivo en caso de ingestión e inhalación.
  • Durante la preparación y utilización del producto no comer, beber o fumar.
  • Evitar la inhalación de la sustancia nebulizada, así como el contacto del producto con la boca los ojos y la piel.
  • Usar traje protector adecuado como gafas, guantes, mascarilla, y botas. Si el manejo del producto concentrado es continuo, usar además mascarilla con filtro.
  • Antes de comer, beber o fumar, sacarse la ropa contaminada y lavarse bien las partes expuestas de la piel con abundante agua”.

Está claro que restos de este producto permanece en la cáscara y ha podido pasar al fruto. Y está claro que muchas de las nuevas enfermedades con mayor incidencia cada día (cáncer incluido), afecciones neuromusculares, alergias, están causados por estos tratamientos que hacen que la fruta y otros alimentos nos entren por los ojos, pero nos envenenen en cierta manera el organismo.

Necesitamos cuestionarnos qué comemos. Necesitamos cambiar hábitos. Necesitamos mirar etiquetas y desechar lo que no sea saludable. Necesitamos una alimentación más ecológica. Necesitamos tomar las riendas de nuestra vida y salud.

No sólo para vivir más años, sino para vivir mejor.

Esto también es educación. Y en los centros educativos debiera haber espacios y tiempos para practicar el análisis y la crítica en este sentido, aprendiendo nosotros y enseñando algo tan importante como saber qué comemos.

Vamos a cuestionárnoslo. Merece la pena.

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¡Lo mejor no cuesta dinero!

A estas alturas de la película y de los nuevos hábitos sociales basados en imágenes vacíos de contenido, cada vez tengo más claro la necesidad de adoptar un estilo de vida basado en valores internos. Es decir, encontrar dentro de nosotros motivos que vayan mucho más allá que el postureo y la acumulación de objetos.

Quizá aún somos capaces de descubrir cosas nuevas, quizá aprendamos a conocer quienes somos, quizá encontremos sentido a esa frase que tanto oímos de “mirar al interior”. Cada día es más necesario grabar en la frente la necesidad de SER en lugar de TENER.

Nos encanta ir de compras y adquirir lo último en tecnología. Si no, no somos cool. Pero si miramos un poco hacia atrás, enseguida vemos que los mejores momentos de nuestra vida no llevaban un precio marcado ni estaban motivados por una moda o tendencia.

En esta línea de prioridades sociales, a los niños les transmitimos demasiado el valor del objeto y menos otras situaciones que les darían mayor equilibrio y madurez personal: llevarles al campo, valorar las maravillas de la naturaleza, y hacerles sentir ahí bienestar, amor, respeto y libertad. Admirar a los árboles cuando les vemos mover las hojas, a los ríos cuando fluyen, a las olas cuando bañan la arena de la playa… así también les inculcaremos la necesidad de buscar soluciones a los problemas ecológicos que sufre el planeta. La tierra es nuestra casa y como no lo aprendan y obren en consecuencia desde bien pequeños, mucho me temo que “nuestra casa” pueda cerrarnos sus puertas.

Todo ello dando ejemplo (somos modelos para los demás y, por supuesto, para los niños), y con una buena carga de competencias emocionales. La teoría si no va acompañada de una buena actitud y una buena práctica, de nada vale.

Un abrazo y hasta otro día 😉

Algo más que lazos rosas

Hoy es el día mundial del cáncer. Y está bien el simbolismo del lazo rosa u otros, el sentimiento de participar en algo colectivo, los avances en la investigación,… pero deben investigarse no solo nuevos fármacos sino trabajar de manera integrativa diferentes disciplinas médicas, aportar cada rama del saber lo que sabe, buscar el por qué de tanta incidencia del cáncer…,

Nos quedamos con los brazos cruzados cuando oímos que cada día hay y habrá más … Así que echo de menos que en el entorno médico no se hable un poco más de la prevención, de la alimentación-basura, de la importancia del ejercicio, del valor del equilibrio cuerpo-mente para superar cualquier dolencia, de la importancia de que la/el paciente se implique en su proceso curativo,…. y más, mucho más.

Si me pongo un lazo rosa, echo unas monedas en una hucha y participo en alguna carrera, no me parece suficiente. Cuando se dice “únete a la lucha contra el cáncer”, yo digo… “vale, me uno”… ¿y qué? Son palabras.

Algo más puedo y debo hacer. Y eso pasa (sin dejar la vía medica) por participar en mi curación, investigar también por mi cuenta, mejorar mi actitud mental, incorporar hábitos más saludables y creer en que si quiero, puedo.

Esta es mi humilde opinión desde el conocimiento que me ha proporcionado el cáncer de mama sufrido por mi hija en 2017.

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