Psicología, Educación, Salud y Vida

muchacha-ventanaEs cierto que a veces una persona tiene mala cara. Pero normalmente ya lo sabe ella y, además, conoce los motivos. 

Pero algunos amigos y amigas de los que le quieren mucho, en cuanto le ven le dicen (y sobra decir que es sin mala intención): “¡cuánto has adelgazado, qué mala cara tienes!”, como si con esa frase quisieran empatizar y hacerle saber que conocen tanto a su amiga, que se lo quieren decir porque así son “sinceros”.

Después suele venir la frase: “cuídate un poco más, no vayas a caer tú”. Y que quieres que te diga. La persona a la que le dicen eso, suele cuidarse y cuida a los de alrededor lo mejor que sabe y puede. Y estoy segura de que no va a caer, porque es cuando más fortaleza interior tiene.

En mi caso, ahora, el concepto “cuidarme” implica no tanto ponerme maquillaje y vestirme ideal, (aunque tampoco lo abandono porque me gusta verme bien), sino atender otras situaciones de salud física y emocional que son prioritarias.

Así que si me ves y ese día o en ese momento tengo mala cara, prefiero que evites poner un gesto de circunstancias y de pena, y me des una sonrisa o me pases la mano por el hombro y nos tomemos un café y hasta echemos unas risas más allá de la cara que tenga. Eso me reconfortará y verás mi cara interior mucho más saludable. 

Por tanto os invito a romper tópicos y frases hechas que en poco o nada ayudan al que se las decimos. Tampoco te digo con esto que mientas y le digas: “estás estupenda”, (porque ella, que se ha mirado al espejo, sabe que ese día no es así). Seguro que si es tu amigo o amiga tendrás mil cosas que puedas comentarle, muy por encima del aspecto que tenga. Esto es absolutamente secundario. ¿Sí?.

Un abrazo, Asun 😉

cole-antiguoCreo que la educación, más allá de resultados de evaluaciones nacionales, informes europeos e internacionales y demás, sigue suspendiendo. 

Nos solemos traicionar haciendo cosas distintas a las que predicamos. Hace unos días un profesor de cuarto de primaria me comentaba que él ya estaba trabajando las competencias emocionales, y que lo hacía muy bien, y que los niños aprendían mucho unos de otros, y que entendían las emociones,… y bla bla bla… y me enseñó unas fotos en las que sus alumnos mostraban en clase  unos carteles con emociones que otros compañeros tenían que adivinar… pero… ¡ahhhh! A ese profesor no le habían dicho que para trabajar emociones (y cualquier materia en general), es mas idóneo que el grupo esté en forma de U o en círculo o en grupos amplios,… es decir, de alguna manera en la que se facilite la interacción y que se vean unos a otros,… Y estos niños y niñas estaban en sus mesas, igual que hace 50 años, de uno en uno, en filas, y todos mirando hacia adelante, al profesor, que es el que manda, el que dirige, el que marca, y el que sigue el currículo o la moda, según le dicten.

Cierto es que hay gente que lo hace muy bien, coles que están dando el todo por el todo,… pero sigue habiendo mucho de buenas intenciones, mejores deseos, rimbombantes proyectos… Y hasta que no entendamos que el GRAN CAMBIO empieza por nosotros mismos y no por grandes (y a veces vacíos) programas, de bonito formato y atractivo diseño, y se siga enseñando desde el currículo, desde lo que mandan las administraciones, desde lo que pone en los libros, y no desde mi libertad como enseñante, desde mi sentido común, desde mi capacidad infinita para sorprender y sorprenderme, desde mi corazón…     

Pues eso, que la educación sigue suspendiendo y me parece fantástico este juicio a la educación que debiera ser visualizado periódicamente por docentes y legisladores educativos para ver si, de una vez, nos enteramos de cuáles son las prioridades.

Son solo 5 minutos. ¡No te lo pierdas!. Me lo agradecerás. 😉

desmotivadoEn el colegio le dijeron que no valía, que era torpe, que no se le daba bien resolver problemas, que sus compañeros lo hacían mejor que él… Después, pasó por el instituto con más pena que gloria y ya ni se le ocurrió ir a la universidad. ¿Para qué?. Su sentimiento era de incompetencia total. Sus padres se convencieron de que su hijo no servía para los estudios, porque incluso los profesores se lo decían una y otra vez.

Ya de mayor y en un alarde de esfuerzo e incredulidad por su parte, descubrió que siempre se le había dado bien ensamblar piezas, y lo mismo montaba un mueble que un circuito eléctrico, aunque nunca se lo habían reconocido ni su familia ni los profesores. Por eso hacía arreglos y montajes tímidamente, porque le costaba creer que era capaz de hacer algo bien por sí mismo.

Este estado emocional arrastrado desde que tenía uso de razón, también le dificultaba las relaciones sociales y salir con chicas, porque las frasesno vales, no te sale, no vas a poder aparecían en su mente magnificadas en cuanto intentaba dar un paso y abrirse camino hacia su autoestima.

Así que  necesitó una larga terapia para deshacerse de la huella de negatividad que había quedado grabada a fuego en su cerebro. Con el tiempo, sus habilidades le permitieron encontrar un trabajo en un taller y ganarse la vida. Pero siempre vivió acompañado de ese lastre que unos adultos bienintencionados le fueron marcando desde su niñez.

¿Ficción o realidad? conozco muchos casos similares.

La educación, la buena educación es algo tan complejo que debiera ser necesaria una amplia formación, con firmes prácticas incluidas, para dedicarse a este oficio. Y si no vales, a otra cosa. Asimismo, ya que los niños no llegan a este mundo con manual de instrucciones, debiera ser precisa una intensa formación a los padres para moldear y modelar bien ese precioso ser humano que tenemos entre manos.

Se puede enseñar, reprender, responsabilizar y redirigir de muchas maneras. Así que cuidado con lo que decimos y cómo lo decimos.

Y si no lo sabes, preguntas, o acudes a escuelas de padres y madres, o te formas, o te interesas, o tratas de cambiar algo. Porque como dijo el sabio Einstein… si buscas resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo. Es de cajón, pero se nos suele olvidar.

Ánimo y un abrazo, Asun 😉

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