¡Pon en valor lo sencillo!

La inteligencia emocional también es sentir y tomar conciencia de tu sentimiento, para disfrutarlo y conservarlo, o despedirlo y modificarlo.

Sentir que amas, que te aman, sentir lo capaz que eres de hacer felices a los demás con pequeñas cosas, sentir lo feliz que te hacen a tí otras pequeñas-grandes minucias,… sentir cómo te emocionas cuando vas a ver a tu madre, o disfrutas de tus hijos y nietos, o preparas esos regalos para los amigos, o miras las caprichosas formas de las nubes, o te tomas un café a solas contigo misma y tu complicidad.

Sentir y saborear que en el año que está a punto de acabar, el mundo me ha puesto en bandeja el conocimiento de nuevos y bellos lugares, así como de personas que ya serán no sólo insustituibles, sino necesarias en mi vida…

Sentir que mi paso por el mundo no es fortuito, que todos tenemos una misión, y que en cuanto notas que estás haciendo algo en esa línea, se te llena el alma, y esta plenitud puede ser a la vez un vacío, porque lo vivencias como un hueco en la pared abdominal que, en realidad, no es un hueco, sino un gran llenazo en forma de energía.

Sentir que vives, que respiras, que lloras, que amas, que ganas, que pierdes, que deseas, que evolucionas, que sueñas,…. sentir y emocionarnos,…. Preciosas palabras.

Con mis mejores deseos para esta Navidad y el cercano 2020.

¿Alguna vez habrá cambio educativo?

¡Ay, maestros! Con tanta ilusión y trabajo de algunos por un cambio de la educación en nuestro país (valores, normas, responsabilidad, motivación, ética), empiezo a pensar que todo es un sueño vano. Y que mucho esfuerzo de algunos (impartiendo y acudiendo a cursos, conferencias, seminarios, charlas, coloquios) es labor estéril. Buenos propósitos pero demasiado tiempo para poco cambio.

Me informan de una persona que conozco, directora de cole, que acaba de dejar el cargo cansada y desmotivada. La ha sustituido otra persona con escasas cualidades para ese difícil y bonito puesto de trabajo. Hablo con profes y orientadores y me dicen que se sigue haciendo lo mismo y de la misma forma que hace muchísimos años. Y muchas más cosas en la misma línea que me producen una tristeza infinita. 

Pienso que hay algo más fuerte que los valores que emponzoña las almas en algunos momentos y hace que el ser humano pierda todo lo que es (o mucho de ello) como ser humano. O la educación no sirve o no se está educando bien.
¿Y sabéis por qué?
1. Porque la educación no es una prioridad en nuestro país.
2. Porque todos hablan de ella y nadie sabe por dónde empezar más allá de cambiar leyes y poner algunos cursillos o charlas para justificar que el profesorado se recicla.
3. Porque para cambiar la educación hay que modificar el pensamiento y prioridades de los educadores.
4. Porque a los padres no se les enseña cuando traen un hijo al mundo.
5. Porque la sociedad no está sustentada en una buena educación.
6. Porque los adultos no nos damos cuenta de que para cambiar la educación, primero debemos cambiar nosotros.
7. Porque si no cambiamos los adultos, no seremos capaces de hacer nada diferente ni mejor y caeremos una y otra vez en los mismos errores.

8. Y porque nadie se da cuenta de todo lo que acabo de decir.

#ArteDeEducar #ArteDeSer

Me gusta el concepto de EDUCACIÓN SILENCIOSA…

Estamos de acuerdo en que es muy delicado dar consejos sobre educación, con tanta saturación de planteamientos teóricos generales y  que además no se adaptan del todo a la infinita variedad de familias, de padres, de niños,… de personas.
Últimamente me estoy dando cuenta de algo muy importante educativamente hablando: los padres y educadores actuales se exceden en dar consejos, guías, pautas,… a sus alumnos y niños, en el afán de que aprendan no solo más, sino fundamentalmente, mejor.
Pero parémonos un momento a observar a esos padres que están casi constantemente repitiendo una y otra vez: “di buenos días, pórtate bien, pídelo por favor, da las gracias,…”, no tendrán tiempo de cierta tranquilidad y espontaneidad,… y el niño tampoco. Hay niños en cuyos oídos resuena constantemente la retahíla del padre o de la madre, o de ambos a la vez.

Nuestra palabra, la de los adultos, padres y educadores, no tiene tanto valor como le damos: no es tanto lo que le decimos al niño lo que más influencia va dejando en él, sino lo que HACEMOS delante de ellos y CÓMO lo hacemos. No son solo las normas, órdenes, prohibiciones o consejos lo que más les formará, sino vuestra manera de vivir, vuestras preocupaciones, vuestras respuestas emocionales, vuestros amigos, vuestro entorno, vuestro humor, vuestra sonrisa, el tiempo que le dedicáis al móvil estando con ellos, la música que escucháis, los programas de TV que veis, vuestras lecturas (cuántos padres desean que sus hijos sean lectores, les compran multitud de cuentos,… pero ellos no tienen nunca un libro entre sus manos).
Sin necesidad de dirigirse constantemente a él, sin emitir grandes principios teóricos, pero estando a su lado, se le enseña y él/ella aprende lo esencial de lo que debe saber. Y si los hechos están en contradicción con las palabras, son los hechos lo que más les impresiona, y lo que deja una huella más profunda. Todo esto son aspectos de la Inteligencia Emocional.

Así que no es necesario estar todo el tiempo diciendo cómo tiene que hacer, sino también saber mostrarnos en silencio con un comportamiento equilibrado, coherente y consecuente. Por tanto, practica una buena Educación Silenciosa.
No es fácil en estos tiempos tan ruidosos en los que todo tienen algo que decir y demás, queriendo llevar siempre la razón. Un abrazo, Asun