Psicología, Educación, Salud y Vida

Me gustan los abrazos de Olga y Marili. Tengo una gran cuadrilla de amigas, pero no las veo con demasiada frecuencia a pesar de que vivimos en poblaciones cercanas. Cada una va a su vida, algunas se reúnen con otras más a menudo,… depende de la situación personal de cada una. Yo las veo en fechas puntuales o eventos específicos. Más o menos con una frecuencia trimestral.

Tengo que decir que me gusta observar los abrazos y leer el tipo de saludo con el que me obsequian las personas. Con Olga y Marili establecí unos lazos aún más potentes a raíz de unos viajes que compartimos hace poquitos años por países tan maravillosos como Costa Rica, Etiopía o Grecia. También coincidimos con intensidad en un taller que hicimos hace un par de inviernos para practicar la respiración consciente, relajación, meditación y para desnudar un poco nuestras almas.

Yo soy mayor que ellas, a Olga le llevo cerca de 15 años y a Marili unos 10. Pero esto no importa ni se nota cuando hay algo muy profundo en los sentimientos recíprocos. Saben que estoy aquí y sé que están ahí.

Y bueno, estos días hemos coincidido en Levante. Ellas estaban en Denia y yo en Oliva. Y quedamos un día a cenar con otros amigos comunes. Cuando nos vimos, primero con Marili, su abrazo estaba cargado de energía, sinceridad y amistad incondicional y eterna. Cuando me vi con Olga me dio un abrazo tan bonito y con una sonrisa abierta y amplia que no necesito mas palabras para describirlo. Simplemente lo sentí. Y lo sentí tanto y tan bien que dejó en mi una imborrable huella y es lo que me ha llevado a escribir este post. No son las únicas amigas o amigos que me hacen sentir así, hay unos cuantos más, pero hoy me ha tocado hablar de ellas porque la situación que describo es reciente.

Así entiendo yo la amistad. Aunque os lo he explicado, en realidad, no hacen falta palabras. Creo que muchos me entendéis y sentís parecido. ¿A que si?

Un abrazo profundo 😉

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suerte1Hazte una pregunta… Si volvieras a nacer, ¿volverías a hacer lo mismo?
Porque si no es así, debieras preguntarte qué es lo que quieres cambiar, para que empieces ya. ¿Tienes consciencia de lo breve que es la vida?. ¿Nos damos cuenta de que cada día y momento que pasan perdemos una oportunidad por no haber hecho eso que nos apetecía pero que lo hemos dejado para no sabemos cuándo?.

Conozco a gente que sigue esperando que le llegue ese no se qué (porque tampoco sabe lo que espera) o que llegue esa persona que piensa que seguramente existirá y que cubrirá todas sus expectativas de vacío interior.

No esperes tu golpe de suerte. Sal a buscarlo. Tú puedes modificar tu camino con un solo gesto de tu pensamiento. ¿Has intentado hacerlo? Prueba, verás qué fácil.
Esto es, entre otras cosas, #inteligenciaemocional

Es increíble lo poco que se ha avanzado en la ciencia de enseñar.

Un cirujano de hace 100 años no podría desempeñar su trabajo en nuestra realidad: las técnicas han cambiado, los instrumentos necesarios en su trabajo han cambiado, los avances han sido inmensos, pero un profesor… ¿podría desempeñar su trabajo en nuestra realidad? SÍ.

Echando la vista atrás a la realidad de las viejas escuelas hasta donde mi experiencia alcanza (que es bastante), veo que los niños están en diferentes pupitres, llevan mochilas en vez del viejo cabás (maletín rígido de cuero que se usaba para uso escolar), y en vez de estuches rígidos con un lápiz, un boli, una goma de borrar y unas pinturas ordenadas con una goma de sujección, llevan bolsas repletas de todo tipo de pinturas, bolígrafos de colores, posit,… también la tecnología ha hecho acto de presencia,  los colegios son más modernos en infraestructuras, materiales, libros de consulta… y todo lo que complementa, en calidad de objeto, a la enseñanza.

Pero si miro a muchos maestros y maestras de antaño, quizá no percibo tantas diferencias. Es decir, si pusiéramos a un profesor de hace 70 años en un aula de hoy,… ¿sabría qué hacer? seguro que sí, porque haciendo lo mismo o algo muy parecido a lo que hacía entonces (seguir unos libros, mantener un orden, hacer exámenes, suspender a los que no llegan a los contenidos, poner deberes, corregir los cuadernos con boli rojo para que se note bien el fallo,…) sería capaz de llevar esos niños de manera similar a como se sigue haciendo (después de más de 100 años) en tantas y tantas aulas.

Pero no nos imaginamos al cirujano de hoy haciendo con sus pacientes lo mismo que hace 100 años. Ni de broma.

Entonces, ¿por qué la educación no avanza?, ¿por qué se hace tan poco y lo poco que se hace suele ser superficial?, ¿por qué los métodos pedagógicos son tan peligrosamente similares a los de entonces?…

Ya es hora de que los docentes comiencen a servirse de la NEUROCIENCIA COGNITIVA que ayuda y enseña a ver cómo funciona el cerebro y aplicar esos conocimientos a la enseñanza y al aprendizaje, poniendo en práctica la educación emocional y la psicología positiva.
Hay habilidades que difícilmente puede enseñar el ordenador, las que tienen que ver con lo humano. Así que en EDUCACIÓN HAY QUE CENTRARSE EN LAS RELACIONES, la empatía, la creatividad, el trabajo en equipo, el respeto individual de cada niño, el desarrollo de sus potenciales, la flexibilidad, la cooperación, la solución de conflictos, el debate de ideas, …

Si no avanzamos en los métodos y en las relaciones, la educación tampoco podrá avanzar, o solo lo hará desde su aspecto exterior, sin llegar al desarrollo del ser, al ser humano en toda su intensidad, a su corazón, a su alma,… que son las piezas-clave del puzzle.

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