Amistad y espacio

Hay veces en las que esa persona a la que estás unido no te necesita tanto, o no te echa de menos. Así que busca su espacio y pasa unos días o una temporada sin comunicarse contigo. Y algunas veces nos sentimos mal por ello y nos decimos en voz baja y con cierto resquemor … ¡Ya me llamará cuando me necesite…!

Que no te llame no significa que no te quiera. El cariño, la amistad y el amor, en su calidad de incondicionales, también necesitan de distancia y “tiempos muertos”. Deja que así sea porque nada empeora por ello. Si la ligazón es profunda, ambas partes lo entenderán y aceptarán. Pero no le des vueltas a la cabeza rumiando… “pues si no me llama, yo tampoco lo voy a hacer”. Tú debes hacer lo que creas, independientemente de lo que haga el otro.

Por eso, en la amistad, tu reacción no debe ser una respuesta a la suya, sino algo que, un día o en un momento determinado, te apetece, o es necesario para ti: porque quieres verle y hablar un rato, porque le echas de menos, porque no quieres distanciarte, porque sabes que te necesita, porque quieres tomar algo y echar unas risas,… por lo que sea.

Eso es amistad bien entendida desde la libertad individual, que es como debe ser. Y las personas con Inteligencia Emocional, equilibrio y mentes sanas, seguramente reaccionen así.

¡Los niños necesitan buenos cimientos emocionales!

El amor y la ternura son los cimientos de nuestro desarrollo emocional y, por tanto, importantísimos a o largo de toda nuestra vida.

 

Pero, de forma específica, las muestras de afecto o desafección que recibimos cuando somos pequeños, quedan grabadas a fuego en nuestro cerebro emocional o sistema límbico, cuya función está relacionada con el aprendizaje, la memoria y las respuestas emocionales. Está situado justo debajo de la corteza cerebral y está formado por el tálamo, el hipotálamo, la amígdala cerebral y el hipocampo. En la “amígdala” es donde se procesan las emociones.

Es la estructura más importante dentro del sistema límbico. Es la que guarda y maneja nuestras emociones más irracionales. Es esta parte del cerebro en la que se genera la “defensa” contra los peores sentimientos que tenemos los seres humanos: el miedo, la ira, la tristeza, etc. Se encarga de regular estas sensaciones y de protegernos ante ellas.

Gracias a la amígdala podemos escapar de situaciones que ponen en riesgo nuestra supervivencia; pero también tiene una parte complicada: es la que permite que nuestros miedos más profundos y nuestros traumas infantiles salgan a la luz. La amígdala nos ayuda a buscar la estrategia necesaria para solventar una situación de estrés, miedo o peligro y nos da una visión de lo que sucede a nuestro alrededor.

Seguro que tienes frescos y nítidos recuerdos con esa huella emocional buena y no tan buena de cómo se relacionaban contigo tu familia, educadores y entorno. Abrazos, explicaciones, gritos, castigos, sonrisas, caricias,… Todo queda grabado en la amígdala y va a condicionar tu equilibrio emocional posterior.

Así que trata de hacerlo muy bien con los niños y, por supuesto, con todas las personas, pero fundamentalmente con los niños. Son indefensos y les enseñamos a modelar su personalidad con nuestras reacciones, emociones y comportamiento. ¡Cuán importante es conocer y mejorar nuestra Inteligencia Emocional!

¡Pon en valor lo sencillo!

La inteligencia emocional también es sentir y tomar conciencia de tu sentimiento, para disfrutarlo y conservarlo, o despedirlo y modificarlo.

Sentir que amas, que te aman, sentir lo capaz que eres de hacer felices a los demás con pequeñas cosas, sentir lo feliz que te hacen a tí otras pequeñas-grandes minucias,… sentir cómo te emocionas cuando vas a ver a tu madre, o disfrutas de tus hijos y nietos, o preparas esos regalos para los amigos, o miras las caprichosas formas de las nubes, o te tomas un café a solas contigo misma y tu complicidad.

Sentir y saborear que en el año que está a punto de acabar, el mundo me ha puesto en bandeja el conocimiento de nuevos y bellos lugares, así como de personas que ya serán no sólo insustituibles, sino necesarias en mi vida…

Sentir que mi paso por el mundo no es fortuito, que todos tenemos una misión, y que en cuanto notas que estás haciendo algo en esa línea, se te llena el alma, y esta plenitud puede ser a la vez un vacío, porque lo vivencias como un hueco en la pared abdominal que, en realidad, no es un hueco, sino un gran llenazo en forma de energía.

Sentir que vives, que respiras, que lloras, que amas, que ganas, que pierdes, que deseas, que evolucionas, que sueñas,…. sentir y emocionarnos,…. Preciosas palabras.

Con mis mejores deseos para esta Navidad y el cercano 2020.