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Me río del síndrome postvacacional…

Me da pena pensar que nos hagan creer que volver al trabajo afecta a la salud y que es algo totalmente normal, que puede crear ansiedad y depresión y que requiere, incluso, tratamiento farmacológico.

Mira, una de las cualidades del ser humano es la de adaptación y readaptación. Los cambios son consustanciales a nosotros. 

Y, efectivamente, nos sentimos perezosos y con pena de volver a las actividades cotidianas cuando acaban las vacaciones o el fin de semana. 

Sin embargo, defiendo a ultranza que nuestros pensamientos son los que nosotros queremos, nadie manda en ellos, salvo tú, salvo yo.

Así que si el lunes o el día que comienzo a trabajar me dejo llevar por el bucle de… “Vaya asco, con lo bien que se estaba en la playa, otra vez a lo mismo, no sé si voy a poder aguantar, mis compañeros son una plasta, este trabajo es una m…”… En este caso, puede que tengas un auténtico síndrome, que no ha venido del exterior, sino creado única y exclusivamente por tu mente, por ti.

Por el contrario, también puedo pensar… “Bueno, es lo que hay y lo voy a aceptar con una sonrisa. Diré a mis compis que preparemos una cenita de comienzo de curso o que vayamos a tomar unas cañas. A ver si logro romper el hielo con Luisa, que últimamente no nos acabamos de entender. Este año voy a llevar las tareas laborales al día, así me sentiré muy bien, satisfecha de mi misma y liberada de auto presiones…” … 
En este otro caso, el traído y llevado síndrome será inexistente y me adaptaré enseguida y con más facilidad y sin depresión, ni ansiedad, ni dolor de nada, a la nueva situación. 

Y dónde está la diferencia entre una forma de sentir y pensar, y la otra?… Solo en la ACTITUD. Los hechos son los mismos: se han acabado las vacaciones y vuelta al trabajo. Lo que hace que suceda en nuestra vida de una u otra forma, solo es nuestra actitud. No lo olvides. No es el síndrome, eres tú. Así que posiciónate de la manera adecuada. ¿Si?. 
Un abrazo, 😉

La vida que nos lleva…

Esta primavera dos queridas amigas se han ido para siempre arrastradas por el cáncer y sus agresivos tratamientos. Esta carta representa mi último homenaje para transmitir mis pensamientos y sentimientos hacia ellas. 

“Queridas Mar y Pepa, no hay derecho. Nos han robado vuestra presencia.

De nada sirvieron los cuidados médicos, ni las peticiones, plegarias ni esfuerzos mentales de tantas y tantas personas que os queremos y que luchábamos, cada cual como podíamos, contra el destino que había decidido llevaros injustamente tan pronto. 

Vuestras personales imágenes son imborrables para nosotros. Pepa siempre con una sonrisa en la cara y transmitiendo dulzura y optimismo; Mar con esa carcajada espontánea y esos ojillos divertidos que sabía poner, como de niña traviesa, cada vez que se reía.

Ambas buenas amigas de sus amigos, cada una con su personalidad bien diferenciada y definida. Siempre dispuestas a estar con todos a los que querían y disfrutar de ello, bebiendo intensamente la vida a sorbos, igual que disfrutaban de una buena copa de vino. Amantes de la vida, de los viajes, de las culturas, del saber. Sabiendo percibir la magia de lo que las rodeaba. 

Vuestra ausencia física es dolorosa porque no nos podemos creer que vuestros cuerpos menudos ya no nos acompañen y no los podamos volver a ver. 
Sin embargo, erais intensas emocionalmente y no os habéis ido del todo. Habéis dejado un vínculo de amor y amistad muy estable y potente, que nos unirá por siempre a vosotras. 

Mar y Pepa, Pepa y Mar… donde quiera que estéis, sabemos que habéis descansado de los últimos días de dolor y sufrimiento, y que mediante el precioso haz de luz en forma de ángel en que os habéis convertido, estaréis siempre presentes (al igual que lo están otros amigos y amigas que ya forman parte de la luz) y podréis acompañarnos hasta el día en que, de una forma u otra, quizá nos reunamos. 
Queridas amigas, en cada brindis con una copa de vino con el que tanto disfrutabais, elevaremos una sonrisa sabiendo que, de alguna manera, siempre estaréis con nosotros. ¡Os queremos!”
A los que me leéis, disfrutad de la vida. ¡Es tan bella y tan efímera! 😉

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