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Me río del síndrome postvacacional…

Me da pena pensar que nos hagan creer que volver al trabajo afecta a la salud y que es algo totalmente normal, que puede crear ansiedad y depresión y que requiere, incluso, tratamiento farmacológico.

Mira, una de las cualidades del ser humano es la de adaptación y readaptación. Los cambios son consustanciales a nosotros. 

Y, efectivamente, nos sentimos perezosos y con pena de volver a las actividades cotidianas cuando acaban las vacaciones o el fin de semana. 

Sin embargo, defiendo a ultranza que nuestros pensamientos son los que nosotros queremos, nadie manda en ellos, salvo tú, salvo yo.

Así que si el lunes o el día que comienzo a trabajar me dejo llevar por el bucle de… “Vaya asco, con lo bien que se estaba en la playa, otra vez a lo mismo, no sé si voy a poder aguantar, mis compañeros son una plasta, este trabajo es una m…”… En este caso, puede que tengas un auténtico síndrome, que no ha venido del exterior, sino creado única y exclusivamente por tu mente, por ti.

Por el contrario, también puedo pensar… “Bueno, es lo que hay y lo voy a aceptar con una sonrisa. Diré a mis compis que preparemos una cenita de comienzo de curso o que vayamos a tomar unas cañas. A ver si logro romper el hielo con Luisa, que últimamente no nos acabamos de entender. Este año voy a llevar las tareas laborales al día, así me sentiré muy bien, satisfecha de mi misma y liberada de auto presiones…” … 
En este otro caso, el traído y llevado síndrome será inexistente y me adaptaré enseguida y con más facilidad y sin depresión, ni ansiedad, ni dolor de nada, a la nueva situación. 

Y dónde está la diferencia entre una forma de sentir y pensar, y la otra?… Solo en la ACTITUD. Los hechos son los mismos: se han acabado las vacaciones y vuelta al trabajo. Lo que hace que suceda en nuestra vida de una u otra forma, solo es nuestra actitud. No lo olvides. No es el síndrome, eres tú. Así que posiciónate de la manera adecuada. ¿Si?. 
Un abrazo, 😉

¡Agradece!. Es sanísimo

Me llega de una queridgraciasa mamá esta nota que mandó hace unos días a la dirección de la guardería a la que va su niño de un añito.

Hola Rocío.  Soy Myriam.
Mientras escribo estas palabras ya me estoy emocionando.
Ha sido el mejor año de nuestra vida por el nacimiento de nuestro primer hijo, Millán y os escribo estas palabras porque es lo mínimo que puedo hacer. Habéis jugado uno de los papeles más importantes de nuestro entorno. 
Dimos en el Centro en abril de 2015, todavía embarazada de 7 meses por la prisa de las chiquibecas que obligaban a tener que elegir pronto. Menudo agobio me entró.
En una semana vimos unos 6 coles de Logroño y en cuanto llegamos a “CuentaCuentos” no hizo falta más, nos miramos diciendo…  ¡Aquí es!
Millán empezó la guarde con 6 meses y desde el primer día nos habéis hecho todo facilisimo. 
Cada día, en la entrada, a primera hora  con esa energía y positivismo que desprendéis todas, desde tú como directora y coordinadora pasando por todas y cada una de las chicas, la cocinera, la chica de la limpieza, siempre con una sonrisa. …  podíamos percibir la conexión y relación tan buena con nuestro entonces bebé. Nos hacía muy felices ir percibiendo ese necesario vinculo cargado de bienestar y buenas emociones. 

Sois unas profesionales de categoría y unas personas excepcionales. Confiamos plenamente en todo lo que nos decís y como lo hacéis. 

Hoy es el último día de cole del primer año y no hay dinero en el mundo que pague vuestra labor ni palabras de agradecimiento para deciros lo bien que lo habéis hecho y lo contentos que estamos.

¡¡¡GRACIAS!!! os echaremos de menos estos días de vacaciones. 

¡Nos vemos en septiembre!!

Creo que no necesita muchos comentarios. Solo quiero precisar que este tipo de acciones denotan una gran dosis de inteligencia emocional, así como unas vivencias muy importantes sobre psicología positiva y educación. Estoy segura de que nuestro querido Millán está creando en su cerebro unas conexiones sinápticas (entramados neuronales) que van a ser una gran base para el desarrollo emocional en su vida.

Yo también estoy orgullosa de tener algo que ver con este grupo familiar. 😉

Tus hijos no son tuyos…

Siempre que leo este poema, me emociono. Es una bellísima reflexión del sabio poeta libanés Kahlil Gibran (1883-1931) para que los padres y educadores podamos ponernos en la perspectiva correcta en temas educativos. Léelo más de una vez. Seguro que a cada relectura descubres nuevos mensajes. Un abrazo 😉

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