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¿Cómo está tu cubo?

En mi charla sobre la felicidad utilizo la metáfora del cubo y el cucharón porque es de lo más ilustrativa.
Ser amable y generoso es fundamental para ser feliz; además, mejora nuestro rendimiento. Sólo depende de la voluntad de querer serlo, y las consecuencias en la satisfacción con nuestra vida pueden ser muy grandes.
Según diferentes investigaciones, son más felices las personas amables y generosas. De esto no hay duda.

Hay opuestos a la amabilidad, identificados en lo que el Dalai Lama denomina ‘ladrones de la felicidad’ y son las personas con hostilidad, irritabilidad, hosquedad y antipatía. Estas actitudes generan unos efectos en uno mismo y en los demás, incompatibles con el bienestar y la felicidad.
Donald Clifton es considerado por la American Psycological Association el “padre” de las fortalezas psicológicas y el “abuelo” de la Psicología Positiva. Fue presidente de Gallup y creó el buscador de fortalezas Clifton. Junto con su nieto Tom Rath, escribió un maravilloso libro: “Cómo potenciar tus emociones positivas. ¿Está lleno tu cubo?”
En el libro, Clifton y Rath recogen la teoría del cucharón y el cubo que se puede resumir así:
“Cada uno de nosotros posee su propio cubo. El cubo se llena o vacía permanentemente en función de lo que otros nos dicen o nos hacen. Cuando nuestro cubo está lleno, nos sentimos bien; cuando está vacío, fatal.
Cada uno de nosotros dispone también de un cucharón. Cuando empleamos nuestro cucharón para llenar los cubos de los demás -siempre que hacemos o decimos algo que potencie sus emociones positivas- también estamos llenando nuestro propio cubo. Pero cuando utilizamos nuestro cucharón para vaciar los cubos de los demás- siempre que hacemos o decimos algo que merme sus emociones positivas- nos vaciamos nosotros mismos.
Igual que las copas llenas a rebosar, un cubo lleno nos proporciona una perspectiva positiva y energías renovadas. Cada gota del cubo fortalece y refuerza nuestro optimismo. Sin embargo, un cubo vacío enturbia nuestra mirada, socava nuestra energía y debilita nuestra voluntad. Por eso, cuando alguien se dedica a vaciar nuestro cubo, nos duele.
De esta manera, cada día nos encontramos ante una disyuntiva: podemos llenar los cubos de los demás o podemos vaciarlos. Se trata de una elección fundamental, capaz de afectar profundamente a nuestras relaciones, nuestra capacidad de trabajo, nuestra salud y nuestra felicidad”.
Ser amable nada nos cuesta y genera ondas expansivas positivas que fomentan la colaboración y la confianza.
En cualquier entorno del ser humano, la amabilidad o su ausencia se contagian, contribuyendo al aumento o disminución de nuestra felicidad y de la de los demás.

Como casi siempre, la decisión está en nuestras manos. Pongámonos a ello. 😉

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Comienza el curso y … el modelo educativo, sigue fallando.

niño pensando

Ya comenté en un post anterior una de las brillantes opiniones de Einstein sobre la educación.

“La escuela me falló a mí y yo le fallé a la escuela. Me aburrí. Los maestros se comportaron como sargentos. Yo quería aprender lo que me interesaba, ellos querían que aprendiera lo que entraba en el examen. Lo que más odié era el sistema competitivo que había, especialmente en los deportes.

Por eso mismo, allí yo no valía nada y en muchas ocasiones me propusieron que me fuera. Sentía que mi ansia de conocimiento estaba siendo coartada por mis profesores. Las notas eran su única medida. ¿Cómo puede un maestro entender a los jóvenes con tal sistema?”

¿Sabéis que esto sigue pasando más de 100 años después? Deberíamos preocuparnos y poner manos a la obra para cambiar métodos. Hay muchas innovaciones en la superficie de la enseñanza-aprendizaje, pero no en las raíces, en el concepto puro de la misma. Se tapa con bonito papel de regalo muchos contenidos que siguen siendo los mismos que hace años. Se ponen palabras nuevas a métodos que siguen siendo parecidos. Nos engañamos mucho a nosotros mismos y miramos para otro lado haciendo como si nada pasara. Y es que ser sabio no es saber más, sino saber aplicar tus conocimientos.

Por contra, se siguen enseñando datos, demasiados datos. Hay que reinventar la profesión docente y enseñar no solo para los exámenes, sino explicarles a los niños que tendrán que seguir aprendiendo a lo largo de su vida. Necesitamos superar la idea de que se aprende en la escuela o en el instituto y luego se reproduce lo aprendido. Ese modelo educativo ya pasó.

No debiera servirnos que se aprendan un poema de Miguel Hernández, o que aprendan solo porque sí fechas significativas, sino que ubiquen el aprendizaje, lo relacionen con otras ideas y conceptos, se emocionen y lo incorporen a sus vidas. Aprender debe servir siempre para ayudar a entender la vida, la de otros y la propia. Y marcar una senda vital, que no es uniforme para todos los alumnos, sino diferente para cada persona.

Como dice el respetado filósofo Emilio Lledó, “lo importante es crear capacidad de pensar”. Y sobre esto, muchos profesores y centros se han mentalizado y están en camino, pero otros muchos, están bastante lejos de entenderlo.

A ver si en este curso que comienza se abren muchas mentes a lo realmente relevante y útil. Sería mejor que alguna reforma educativa de las que se quedan sobre el papel y solo buscan conseguir votos.

¡Un abrazo! 😉

¡Lo mejor no cuesta dinero!

A estas alturas de la película y de los nuevos hábitos sociales basados en imágenes vacíos de contenido, cada vez tengo más claro la necesidad de adoptar un estilo de vida basado en valores internos. Es decir, encontrar dentro de nosotros motivos que vayan mucho más allá que el postureo y la acumulación de objetos.

Quizá aún somos capaces de descubrir cosas nuevas, quizá aprendamos a conocer quienes somos, quizá encontremos sentido a esa frase que tanto oímos de “mirar al interior”. Cada día es más necesario grabar en la frente la necesidad de SER en lugar de TENER.

Nos encanta ir de compras y adquirir lo último en tecnología. Si no, no somos cool. Pero si miramos un poco hacia atrás, enseguida vemos que los mejores momentos de nuestra vida no llevaban un precio marcado ni estaban motivados por una moda o tendencia.

En esta línea de prioridades sociales, a los niños les transmitimos demasiado el valor del objeto y menos otras situaciones que les darían mayor equilibrio y madurez personal: llevarles al campo, valorar las maravillas de la naturaleza, y hacerles sentir ahí bienestar, amor, respeto y libertad. Admirar a los árboles cuando les vemos mover las hojas, a los ríos cuando fluyen, a las olas cuando bañan la arena de la playa… así también les inculcaremos la necesidad de buscar soluciones a los problemas ecológicos que sufre el planeta. La tierra es nuestra casa y como no lo aprendan y obren en consecuencia desde bien pequeños, mucho me temo que “nuestra casa” pueda cerrarnos sus puertas.

Todo ello dando ejemplo (somos modelos para los demás y, por supuesto, para los niños), y con una buena carga de competencias emocionales. La teoría si no va acompañada de una buena actitud y una buena práctica, de nada vale.

Un abrazo y hasta otro día 😉

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