Psicología, Educación, Salud y Vida

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¡Lo mejor no cuesta dinero!

A estas alturas de la película y de los nuevos hábitos sociales basados en imágenes vacíos de contenido, cada vez tengo más claro la necesidad de adoptar un estilo de vida basado en valores internos. Es decir, encontrar dentro de nosotros motivos que vayan mucho más allá que el postureo y la acumulación de objetos.

Quizá aún somos capaces de descubrir cosas nuevas, quizá aprendamos a conocer quienes somos, quizá encontremos sentido a esa frase que tanto oímos de “mirar al interior”. Cada día es más necesario grabar en la frente la necesidad de SER en lugar de TENER.

Nos encanta ir de compras y adquirir lo último en tecnología. Si no, no somos cool. Pero si miramos un poco hacia atrás, enseguida vemos que los mejores momentos de nuestra vida no llevaban un precio marcado ni estaban motivados por una moda o tendencia.

En esta línea de prioridades sociales, a los niños les transmitimos demasiado el valor del objeto y menos otras situaciones que les darían mayor equilibrio y madurez personal: llevarles al campo, valorar las maravillas de la naturaleza, y hacerles sentir ahí bienestar, amor, respeto y libertad. Admirar a los árboles cuando les vemos mover las hojas, a los ríos cuando fluyen, a las olas cuando bañan la arena de la playa… así también les inculcaremos la necesidad de buscar soluciones a los problemas ecológicos que sufre el planeta. La tierra es nuestra casa y como no lo aprendan y obren en consecuencia desde bien pequeños, mucho me temo que “nuestra casa” pueda cerrarnos sus puertas.

Todo ello dando ejemplo (somos modelos para los demás y, por supuesto, para los niños), y con una buena carga de competencias emocionales. La teoría si no va acompañada de una buena actitud y una buena práctica, de nada vale.

Un abrazo y hasta otro día 😉

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El cambio educativo que no llega…

Releo esta entrada de hace algo más de 3 años, y echando un vistazo a mi alrededor, todo sigue parecido.

Después de muchos años observando la realidad de los colegios y escuelas, me doy cuenta de que las cosas han podido cambiar mucho. Pero no sé si estamos en el camino adecuado en todas las vías educativas. El modelo que se sigue en España sigue siendo el del final siglo XIX y comienzo del XX (hace más de 100 años), donde el maestro tiene la autoridad y el alumno es un mero receptor de contenidos.

A día de hoy, un gran porcentaje del profesorado siguen preocupados por si sus alumnos no aprenden, no llevan el ritmo, no se saben los contenidos,… todos están uniformados, hay un problema cuando no siguen el nivel de la clase, el profesor en muchos casos se desborda y no sabe bien cómo actuar. Se realizan cursos de formación que puede que sean interesantes y de gran relevancia, y salimos de ellos con nuevas intenciones,… pero a los dos días volvemos a nuestras rutinas (que nos dan seguridad). Además, el modelo educativo me pide evaluar solo unas cosas determinadas (áreas curriculares) a las que debo responder, y además también, no voy a hacer algo diferente a lo que hacen mis compañeros, el resto de mi CA y el resto del país….

En todos mis años de experiencia no he visto que los niños brillaran, porque no se les dejaba brillar. Si, algunos pueden haber destacado en algo, pero en la mayoría de los casos, sus habilidades se quedaron por el camino. Algo está fallando. Muchos diagnósticos de déficit y contados de talentosos,… y aunque alguno se haya cruzado en nuestro camino, tampoco en nuestras escuelas ni sistema educativo hay mucho sitio,… deben irse a asociaciones, en muchos casos privadas, en muchos casos costosas… Ante los problemas, los padres prefieren que vayan por la vía ordinaria y que no se les note mucho, para que no sufra.

La inteligencia emocional suele brillar por su ausencia, siendo un elemento fundamental en todo el ser humano. Todo lo que hace el cerebro lógico, ha pasado primero por el cerebro emocional.

Por muchos planes de atención a la diversidad que hagamos, si no cambiamos primero las individualidades y el marco-paradigma educativo en el que estamos inmersos, no sé a dónde podemos llegar,… pero quizá no a dónde debiéramos.

Unido a la última moda de los problemas: es que es un niño con TDHA… moda o tendencia a la que contribuyen la TV (dan 4 síntomas y ya el niño tiene tdha), las revistas (artículos que potencian esta tendencia), los propios médicos y gabinetes psicológicos (leo informes de compañeros profesionales que con una rápida y somera evaluación de un chico ya diagnostican que tiene TDHA). Los padres, por un lado se asustan, pero una vez que lo han asumido, se descargan de culpa porque todo lo que le pasa al niño es como si fuera ajeno a su responsabilidad. Es que tiene tdha y yo, ahí, no tengo nada que ver. Una medicación tranquilizante “et voila”. Niños adormecidos en las aulas, con su energía bloqueada por la medicación, pero todos contentos porque está tranquilo y no da guerra.

Y no hablemos de los centros de ESO, en los que conozco algún grupo donde el 80% de los alumnos suspende 8 materias de 8. Esto no se puede entender. No está suspendiendo el alumno, sino el profesor, el sistema, las ganas, la motivación… Se llegan a oír auténticas barbaridades e insultos hacia los chicos,… luego hay fracaso escolar, se les cuelgan etiquetas vejatorias en algunos casos,…

No quiero decir con mis reflexiones que todo sea malo en educación, ni mucho menos,…Hay excelentes profesores, gente ilusionada buscando el cambio, introduciendo nuevos y ricos matices en sus aulas,… mis palabras van dirigidas a buscar la mejora, esto necesita cambiar y debe cambiar,… estoy empeñada en poder hacer algo, en sentir que contribuyo, por medio de este blog, de las redes, de algún libro cuya elaboración tengo entre manos…

No tomamos consciencia plena y firme de que el mundo emocional de TODAS LAS PERSONAS y de los niños especialmente, es lo que conforma en gran medida nuestro rendimiento, nuestra motivación, nuestra alegría, nuestras ganas, nuestro ver todo negro o de otro color. La referencia del niño es el adulto, y el profesorado debiera ser modelo incuestionable para los alumnos, combinando inteligentemente motivación, participación, responsabilidad, exigencia, premios, censuras,…

Ya, ya sé que los padres tienen una responsabilidad aún mayor que la del profesorado y que a veces los problemas que traen de casa los niños son tan potentes que apenas tenemos capacidad de modificarlos. Pero sí tenemos capacidad de influir y mucha. Y de ser un referente seguro para los niños, máxime cuando en casa puede que no lo tengan. Y de prestarles una mano en el camino de su educación.

Si una sociedad quiere mejorar de verdad, casi no debieran concebirse los centros educativos sin unas escuelas paralelas de padres en las que se les puedan ir enseñando esas normas elementales de combinar amor, con responsabilidad, con sentido común, con consistencia, con coherencia… Yo las llevé hace tiempo y (en mi zona) casi han desaparecido o han cambiado mucho sus contenidos. Ahora voy de nuevo a por ellas.

Vale, se habla de drogas, de alcohol, de ayudarles a leer, de videojuegos y sus peligros…. Pero apenas se habla de la educación que surge del corazón, del valor de las emociones, del duelo interior tan profundo que los niños pueden sufrir cuando su ambiente no es cálido y es contradictorio.

Los niños sufren en soledad. Los adultos podemos compartir con otros por medio de la palabra lo que nos pasa, lo que nos agobia, lo que nos preocupa, y así vaciar nuestro dolor o suavizarlo. Los niños no tienen herramientas para hacer esto.

Se me parte el alma cuando veo a un adulto ante la situación de conflicto de dos niños, tratar de solucionarlo diciéndoles que se alejen uno de otro, que no jueguen juntos, y que no os volváis a hablar,…. ¿de qué vamos? ¿Esto es educar? Me importa poco si no saben una raíz cuadrada,… quizá hasta yo no recuerdo bien cómo se hacían exactamente… pero me importa mucho si no saben pedir perdón, si no pueden contar en casa o en el cole qué es lo que les pasa, si no saben resolver un conflicto asertivamente por sus propios medios, si no saben hablar correctamente a los demás, si tienen dificultades para expresar sus emociones, sentimientos y estados de ánimo.

En la escuela y centros educativos debiera haber una asignatura sobre educación emocional, que recogiera la forma de conocernos mejor a nosotros mismos e interactuar adecuadamente no solo de cerebro a cerebro, sino de mente a mente, y de corazón a corazón. Debiera haber nuevas metodologías motivadoras, creadoras de responsabilidad y de ganas de compartir y avanzar.

Y aunque parezca que no pasa nada, todo deja huella en nuestras mentes y en nuestras almas. Y si esto continua así, nuestros hijos manejarán como nadie los ordenadores, pero puede que sean como zombis en manos de unas máquinas virtuales que dan mucha información pero que también ayudan a distorsionar nuestras verdades.

Y como una pequeña piedra que deja su onda infinita en el lago, nuestra mejora de pequeñas acciones contribuye a la mejora de nuestro entorno, en primer lugar, y de la sociedad y del universo. Porque mis pensamientos influyen en el inconsciente colectivo (así lo creo) y una buena energía mía, tiene su valiosa onda expansiva sobre los demás.

También hay que tocar tierra pero los grandes logros se consiguieron por la gente que tenía grandes utopías.

Entre todos, podemos mejorar la educación. Y estamos obligados a ello.

Por el futuro de los niños, de los paises, del mundo.

Algo más que lazos rosas

Hoy es el día mundial del cáncer. Y está bien el simbolismo del lazo rosa u otros, el sentimiento de participar en algo colectivo, los avances en la investigación,… pero deben investigarse no solo nuevos fármacos sino trabajar de manera integrativa diferentes disciplinas médicas, aportar cada rama del saber lo que sabe, buscar el por qué de tanta incidencia del cáncer…,

Nos quedamos con los brazos cruzados cuando oímos que cada día hay y habrá más … Así que echo de menos que en el entorno médico no se hable un poco más de la prevención, de la alimentación-basura, de la importancia del ejercicio, del valor del equilibrio cuerpo-mente para superar cualquier dolencia, de la importancia de que la/el paciente se implique en su proceso curativo,…. y más, mucho más.

Si me pongo un lazo rosa, echo unas monedas en una hucha y participo en alguna carrera, no me parece suficiente. Cuando se dice “únete a la lucha contra el cáncer”, yo digo… “vale, me uno”… ¿y qué? Son palabras.

Algo más puedo y debo hacer. Y eso pasa (sin dejar la vía medica) por participar en mi curación, investigar también por mi cuenta, mejorar mi actitud mental, incorporar hábitos más saludables y creer en que si quiero, puedo.

Esta es mi humilde opinión desde el conocimiento que me ha proporcionado el cáncer de mama sufrido por mi hija en 2017.

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