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¿Quién es parte del fracaso escolar?

grupo jóvenesTodos conocemos a algunos jóvenes que destacan  por sus dotes informáticas, artísticas, deportivas o de otra índole y, sin embargo, se han llegado a considerar en su etapa del colegio e instituto como parte del fracaso escolar. Algunos, incluso, ganadores de renombrados premios  o millonarios antes de cumplir los 30.

Y yo me pregunto… ¿hay algo que hayan tenido en común estos chicos y chicas?… y la respuesta es bien simple: les gusta crear, ir contra lo establecido, cuestionarse la forma de hacer las cosas, dirigir su energía hacia otros aprendizajes que no son sólo los prescritos y aburridos del sistema escolar,… en suma, son emprendedores, con ideas propias y que creen en ellos mismos.

 Con opiniones tan claras como para decir que quieren crear, generar conocimiento y empleo, hacer algo que beneficie a la sociedad y mejore el mundo. Porque, a esta edad, todavía existe una gran dosis de idealismo y de hacer algo por los demás y por el bien común.

Si les recuerdas sus años escolares (algunos aún están ahí) pueden responderte que se aburren bastante en clase, que sienten que pierden el tiempo y que los profesores no les facilitan salirse por la tangente del modelo cerrado de clase y de enseñanza-aprendizaje.

Conozco a un exitoso chico que en 4º de la ESO dejó casi todas las asignaturas. Y algunos profesores, a toro pasado, se jactan de haberles tenido como alumnos, cuando, en su momento, no hacían más que protestar porque no hacía caso, no trabajaba, estaba en las nubes y suspendía casi todos los exámenes.

En nuestro modelo social y educativo hay otro problema… en cuanto eres distinto y destacas por algo,  tienden a reírse e intentan tirarte abajo, evidente ejemplo de la tendencia a la envidia en nuestro país, y al “castigo” psicológico por no ser como los demás.

Casi todos los jóvenes exitosos, sin excepción,  opinan que el sistema educativo es una basura, y que hay que cambiarlo ya, porque estamos generando a personas pasivas, sin iniciativa y que van directamente al paro.

Otros, igual de creativos pero con menos suerte y otras circunstancias familiares y sociales, también suspenden todas pero no pueden salir del hoyo al que se ven condenados. Y se dedican a evadirse todo lo que pueden con el alcohol y las drogas. Quizá cuando algún adulto del entorno se da cuenta de su situación, ya es un poco tarde, ya es carne de cañón. Por desgracia, conozco a más de este segundo tipo que del primero.

A día de hoy, en esta situación social, un instituto debiera enseñar a que los jóvenes se “sacaran las castañas del fuego” como sea, encaminándoles a que si no hay trabajo, te lo tienes que crear. Y si no encuentras en tu profesión o en lo que te gusta, pues busca otra alternativa. O lo que sea. Y en un instituto se debiera preparar a los chicos y chicas también a eso: a saber hacer frente al posible fracaso, a la frustración, a mostrar sus emociones y encaminar la ira y la rabia, a buscar en otro sitio, a seguir buscando, a pedir apoyo y comprensión a los de alrededor, a no tirar nunca la toalla e ir con la cabeza bien alta. Así que si esto no se hace, también son responsables del fracaso escolar.

Lo que está claro, es que el sistema educativo MATA LA CREATIVIDAD, casi por completo, salvo algunas excepciones. Cuando, en los tiempos que corren, es más importante que nunca.  Si, se que el entorno familiar es muy relevante en la situación de cada niño o joven, pero hoy, no hablo de eso. Haremos ese análisis en otro momento.

La gente joven habitualmente posee  una clara conciencia social y desean ser útiles y participar en actividades en las que otros obtengan asimismo beneficios sociales.  Vamos a echarles una mano. Son el futuro de nuestro país y merecen más y mejor ayuda, con la situación que les está tocando vivir.

Me encanta la juventud, creo en la gente joven, tienen un gran potencial que desplegar y es nuestra obligación ayudarles y no mirar para otro lado ante la cruda realidad que, muchos de ellos, están sufriendo.  Se merecen sentirse útiles y ser felices.  Un granito de arena de cada cual es capaz de generar una playita. Mira alrededor y seguro que encuentras a un chico o chica a quien echarle una mano, apoyarle, aconsejarle, comprenderle.

Es muy sencillo… practica la empatía, ponte en su lugar. 

Un abrazo, Asun  😉

Y… ¿Quién reconoce a los docentes?

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 Cierto es que la educación está bastante desprestigiada y que hay muchísimos aspectos a mejorar. Ya he comentado otros días que nuestro actual modelo educativo está obsoleto…, que los contenidos que se enseñan para nada responden a las necesidades de la sociedad actual…, que el aprendizaje está demasiado compartimentado en áreas y parcelas…, que gran parte del profesorado y muchos centros desconocen qué es trabajar los talentos, o cómo los niños tienen diversas inteligencias (múltiples) que interactúan entre sí…, y que no se cuestionan que las emociones son el filtro indiscutible por el que pasa todo aprendizaje…

Sin embargo, esto no justifica la falta de reconocimiento social que tiene esta magnífica profesión, no solo en lo económico (recortes constantes, bajadas de sueldos, eliminación de paga extra, …) sino, fundamentalmente, en el aspecto emocional.

Siendo una de las profesiones con mayor grado de compromiso, el profesorado debiera estar más y mejor cuidado por parte del entramado social. Porque en manos de los docentes está una importante parte de la responsabilidad de cómo será la sociedad venidera. No suelo ver en prensa, ni en programas de difusión, la valoración de este colectivo. Al contrario, se critica porque tienen muchas vacaciones, trabajan poco, son unos privilegiados de la sociedad,…

Quizá, en este momento, un sueldo de maestro o de funcionario docente sea un privilegio pero, hace cuatro días, cuando muchos se llenaban rápidamente los bolsillos, principalmente con el ladrillo, éramos los pobrecillos que apenas teníamos opción de evolucionar económicamente porque había lo que había, sin expectativa de más, por aquello de la dedicación exclusiva.

Hay muchos organismos, gabinetes, empresas, que realizan constantemente evaluaciones sobre cómo se siente el profesorado. A día de hoy, más del 85% cree que su reconocimiento social es peor que el de hace unos años o décadas, y más del 70% de los docentes cree que la cantidad de cambios legislativos incide de forma negativa en el prestigio del colectivo. Por no hablar de la desconsideración de muchas familias, que (aunque en contadas ocasiones sea con razón, la gran mayoría lo es sin ella), ningunean al profesor delante de sus hijos y de cualquier persona, solo porque no les ha gustado un determinado proceder con relación a sus vástagos.

Y, ¡qué queréis que os diga!, en mis primeras reuniones de septiembre con diferentes grupos de profesores, también estoy viendo mucho entusiasmo, ganas de hacer las cosas cada vez mejor, interés por hacer agrupamientos que tengan sentido, apertura hacia algunas propuestas novedosas,  alegría por haber empezado el curso y reencontrarse con los compañeros y con los niños,… y otros muchos matices positivos que me llevan a pensar que, en educación, hay mucho potencial para mejorar y que las cosas cambien.

Pero las familias, los ayuntamientos, los diferentes grupos sociales, los organismos, los políticos,… debieran contribuir a una mejora de nuestra imagen y decir, de vez en cuando, lo bien que se hacen las cosas.

 El ser humano funcionamos por refuerzos,… si tu entorno ignora lo que haces bien, quizá lo repitas…, pero si tu entorno te dice lo bien que haces lo que haces bien, seguro que tiendes a repetirlo y con mayor entusiasmo todavía. ¿Estamos?

Así que también es necesario el reconocimiento social del profesorado como elemento de mejora en la tarea docente. Y cada cual podemos contribuir desde nuestra parcela vital.

¡Feliz curso! No solo a los docentes, sino a familias y a todo el entramado social. La educación está en manos de todos. Sin duda.

Un abrazo, Asun 😉

¿Cómo estamos educando?

 

Cómo decían los antiguos, son muchos los caminos que conducen a Roma. Son muchos los caminos que conducen a la educación de nuestros alumnos.

Pero no son todos los caminos idóneos.

Combinar amor, responsabilidad, exigencias, compartir, normas,… no es tarea fácil.

Ahí debe estar esa maestra, ese padre,… cuestionándose día a día, no tanto lo que hacen, sino CÓMO lo hacen 😉

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