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Sentimiento, estado de ánimo, emoción…

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Para poner en práctica la inteligencia emocional hacen falta muchos elementos en juego. En concreto, si hablamos de la inteligencia intrapersonal (se refiere a la autocomprensión, el acceso a la propia vida emocional y gama de sentimientos, a la capacidad de efectuar discriminaciones de estas emociones, así como a ponerles nombre y recurrir a ellas como medio de interpretar y orientar la propia conducta) necesitamos percibir cómo sentimos y tener conciencia de nuestro sentimiento, para disfrutarlo y conservarlo, o modificarlo, o despedirlo.

Sentir que amas, sentir que te aman, sentir lo capaz que eres de hacer felices a los demás con pequeñas cosas, sentir lo feliz que te hacen a ti otras pequeñas-grandes minucias,… sentir cómo te emocionas cuando vas a ver a tu madre, o disfrutas de tus hijos, o preparas esos regalos para los amigos, o te tomas un café a solas contigo misma y tu complicidad.

Sentir y saborear que en el año que está a punto de acabar, el mundo me ha puesto en bandeja el conocimiento de nuevos y bellos lugares, así como de personas que ya serán no sólo insustituibles, sino necesarias en mi vida…

Sentir que mi paso por el mundo no es fortuito, que todos tenemos una misión, y que en cuanto notas que estás haciendo algo en esa línea, se te llena el alma, y esta plenitud puede ser a la vez un vacío, porque lo vivencias como un hueco en la pared abdominal que, en realidad, no es un hueco, sino un gran llenazo en forma de algo intangible, de energía.

Sentir que vives, que respiras, que lloras, que amas, que ganas, que pierdes, que deseas, que evolucionas, que sueñas,…. sentir, sentir, sentir,…. Preciosa palabra.

#ReflexionesDeFinDeAño

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¿Cómo está tu cubo?

En mi charla sobre la felicidad utilizo la metáfora del cubo y el cucharón porque es de lo más ilustrativa.
Ser amable y generoso es fundamental para ser feliz; además, mejora nuestro rendimiento. Sólo depende de la voluntad de querer serlo, y las consecuencias en la satisfacción con nuestra vida pueden ser muy grandes.
Según diferentes investigaciones, son más felices las personas amables y generosas. De esto no hay duda.

Hay opuestos a la amabilidad, identificados en lo que el Dalai Lama denomina ‘ladrones de la felicidad’ y son las personas con hostilidad, irritabilidad, hosquedad y antipatía. Estas actitudes generan unos efectos en uno mismo y en los demás, incompatibles con el bienestar y la felicidad.
Donald Clifton es considerado por la American Psycological Association el “padre” de las fortalezas psicológicas y el “abuelo” de la Psicología Positiva. Fue presidente de Gallup y creó el buscador de fortalezas Clifton. Junto con su nieto Tom Rath, escribió un maravilloso libro: “Cómo potenciar tus emociones positivas. ¿Está lleno tu cubo?”
En el libro, Clifton y Rath recogen la teoría del cucharón y el cubo que se puede resumir así:
“Cada uno de nosotros posee su propio cubo. El cubo se llena o vacía permanentemente en función de lo que otros nos dicen o nos hacen. Cuando nuestro cubo está lleno, nos sentimos bien; cuando está vacío, fatal.
Cada uno de nosotros dispone también de un cucharón. Cuando empleamos nuestro cucharón para llenar los cubos de los demás -siempre que hacemos o decimos algo que potencie sus emociones positivas- también estamos llenando nuestro propio cubo. Pero cuando utilizamos nuestro cucharón para vaciar los cubos de los demás- siempre que hacemos o decimos algo que merme sus emociones positivas- nos vaciamos nosotros mismos.
Igual que las copas llenas a rebosar, un cubo lleno nos proporciona una perspectiva positiva y energías renovadas. Cada gota del cubo fortalece y refuerza nuestro optimismo. Sin embargo, un cubo vacío enturbia nuestra mirada, socava nuestra energía y debilita nuestra voluntad. Por eso, cuando alguien se dedica a vaciar nuestro cubo, nos duele.
De esta manera, cada día nos encontramos ante una disyuntiva: podemos llenar los cubos de los demás o podemos vaciarlos. Se trata de una elección fundamental, capaz de afectar profundamente a nuestras relaciones, nuestra capacidad de trabajo, nuestra salud y nuestra felicidad”.
Ser amable nada nos cuesta y genera ondas expansivas positivas que fomentan la colaboración y la confianza.
En cualquier entorno del ser humano, la amabilidad o su ausencia se contagian, contribuyendo al aumento o disminución de nuestra felicidad y de la de los demás.

Como casi siempre, la decisión está en nuestras manos. Pongámonos a ello. 😉

No quiero un limón bonito…

… quiero un limón saludable.

Hoy he comprado limones y siguiendo mi buena costumbre de leer todos los ingredientes y etiquetas de los productos, leo esto:

“tratado con IMAZALIL”. Busco qué es eso y me informo de que es un fungicida sistémico que controla un amplio espectro de hongos en frutos, vegetales, cucurbitáceas, patatas, cereales y plantas ornamentales.
Particularmente activo contra cepas resistentes a los benzimidazoles.

En su etiqueta, habla de las precauciones que debe tomar el operador que fumiga los frutales…

  • “Nocivo en caso de ingestión e inhalación.
  • Durante la preparación y utilización del producto no comer, beber o fumar.
  • Evitar la inhalación de la sustancia nebulizada, así como el contacto del producto con la boca los ojos y la piel.
  • Usar traje protector adecuado como gafas, guantes, mascarilla, y botas. Si el manejo del producto concentrado es continuo, usar además mascarilla con filtro.
  • Antes de comer, beber o fumar, sacarse la ropa contaminada y lavarse bien las partes expuestas de la piel con abundante agua”.

Está claro que restos de este producto permanece en la cáscara y ha podido pasar al fruto. Y está claro que muchas de las nuevas enfermedades con mayor incidencia cada día (cáncer incluido), afecciones neuromusculares, alergias, están causados por estos tratamientos que hacen que la fruta y otros alimentos nos entren por los ojos, pero nos envenenen en cierta manera el organismo.

Necesitamos cuestionarnos qué comemos. Necesitamos cambiar hábitos. Necesitamos mirar etiquetas y desechar lo que no sea saludable. Necesitamos una alimentación más ecológica. Necesitamos tomar las riendas de nuestra vida y salud.

No sólo para vivir más años, sino para vivir mejor.

Esto también es educación. Y en los centros educativos debiera haber espacios y tiempos para practicar el análisis y la crítica en este sentido, aprendiendo nosotros y enseñando algo tan importante como saber qué comemos.

Vamos a cuestionárnoslo. Merece la pena.

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