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Mi zapatero es CEO… Cordial, Empático, Organizado…

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Hoy la visita a mi zapatero-remendón (utilizo esta palabra con gran cariño y respeto) me ha dado que pensar….

Me gustan y considero necesarios los nuevos conceptos y terminología relacionados con el emprendimiento laboral, personal y social,… pero no todo acaba ahí.

Las nuevas modas de los gurús del marketing parecen indicar que quien no emprende, ni hace modernidades de las que están al uso, ni monta su negocio con estrategias de liderazgo empresarial…. no puede triunfar (os remito a este post: https://asunmarrodan.wordpress.com/2015/02/10/que-es-eso-de-triunfar/) ni puede ser feliz o, al menos, todo lo felices que llegan a ser los emprendedores exitosos.

Y cuando veo a Pablo, mi zapatero, (un joven de cuarenta y algo) que siempre te recibe con una sonrisa, feliz en el oficio que heredó de su padre, sentado en su vieja banqueta de madera, con el mandil de cuero de los zapateros de siempre, los betunes, los pegamentos, los clavos, los remaches, las hormas,.. me pregunto si las nuevas innovaciones (por supuesto, necesarias) no están despreciando de alguna manera los viejos oficios tan vitales todavía y que tan importante labor social y económica cumplen.

Porque si no… ¿quién me quita una tapa a ese zapato de tacón que no soporto?, ¿quién me hace agujeros a la tira del bolso que me va larga?, ¿quién cambia la hebilla a ese  cinturón de mi hijo que tanto le gusta y que se le ha estropeado?La sociedad de consumo nos invita compulsivamente a comprar, gastar, tirar, volver a comprar,… cuando el reciclado y aprovechamiento de lo que tenemos debiera ser una sugerencia económica y social de elevado valor para la estabilidad de nuestros bolsillos y para el equilibrio del planeta.

Estoy segura de que Pablo no conoce el coworking, el coaching, un CEO, el know how, el outsourcing, el partner,... ni falta que le hacen. Él es feliz con su viejo oficio, y hace feliz a los que vamos a su taller,… y aunque le lleves la cremallera mas difícil de cambiar, o cualquier necesidad de reparación de zapatos, maletas, bolsos, cinturones,… que esté al alcance de su mano, siempre nos la ofrece, poniendo su elevada creatividad y capacidad emprendedora (en el más rico sentido de la palabra) a disposición de sus clientes. Y todo ello por un euro, o dos o cinco,….

Maneja y practica a las mil maravillas la empatía, las competencias emocionales y sociales aunque, seguramente, tampoco habrá oído hablar de estos términos.

Pablo es un gran líder en lo suyo. Es una brisa fresca en la vorágine de los conceptos empresariales. Y él, como otras muchas personas que aún se dedican a oficios de los de toda la vida, son una rica fuente de aprendizaje cuyos métodos laborales de continuidad, aceptación, servicio, ausencia de avaricia,… debieran estar presentes en algún tema de los importantes cursos de coaching o marketing laboral y empresarial que se ofrecen e imparten por elevadísimas cantidades de dinero a lo largo y ancho de nuestro país.

Como siempre, en muchas ocasiones, no hay que mirar ni buscar lejos para encontrar lo mejor . Solemos tenerlo cerquita, aunque no siempre lo vemos ni lo valoramos en su justa medida.  Un abrazo, Asun 😉 zapatos2(3)

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¿Una clave?… vivir con sentido común…

sentido comúnMuchas veces el exceso de ofertas en todo tipo de terapias, gurús, asesores, coaches, facilitadores,… nos lleva a pensar que quizá estemos mal y necesitados de una orientación en nuestra vida,… y es posible que, lo único que nos falte, sea más sencillez y sentido común.  Regresar a comportamientos espontáneos, sabios, de toda la vida, que son válidos, es un camino fiable para descubrir de nuevo nuestra dirección vital en estos revueltos tiempos.

Las ideas simples tienden a ser obvias porque todos las entendemos de forma similar. Pero, en general, la gente no se fía de sus instintos. Y esto es un error, porque lo que es obvio para mi suele ser, generalmente, elemental para los demás. Y es que lo simple, lo sencillo, es lo que más poder tiene. Así que pienso que muchos problemas  de los que estamos sufriendo actualmente, están causados por el abandono de la sencillez y del sentido común. Pero… ¿cómo podemos intentar recuperarlo? ¡Vamos allá con unos sencillos consejos!

En la vida cotidiana…

Tratar de no enjuiciar: Si contemplamos los acontecimientos a través de nuestros prejuicios-opiniones e ideas preconcebidas, seguramente nos equivocaremos. Hay que tratar de ver los acontecimientos como si fuéramos una persona distinta a nosotros mismos, poniendo distancia. Esto nos ayudará a tener una perspectiva más amplia sobre los hechos.

Aceptar: Es Inevitable desear que las cosas sucedan según nuestra conveniencia, pero la experiencia demuestra que muchos sucesos no están bajo nuestro control. Una persona con sentido común sintoniza con el rumbo que siguen las cosas, es decir, fluye con ellas, acepta lo que viene, aprende, reacciona y sigue su camino vital.

Escuchar: La mayoría de acciones absurdas son las que se ejecutan de manera caprichosa y unilateral sin contrastarlas. Puesto que podemos definir el sentido común de una manera simple como una visión compartida por muchos, escuchar a los demás nos dará una medida más ajustada, amplia y menos unilateral de las cosas. El sentido común aconseja no precipitarnos. Un poco de tiempo puede ayudarnos a entender lo que, en principio, nos resulta extraño y fuera de lugar.

En la economía….

Ahora que en este país hemos visto las nefastas consecuencias de tanto derroche y de gastar lo que no se tenía, es momento de que luchemos por recuperar esa sabiduría natural que nunca nos debió abandonar. Es decir, si tengo tres y gasto tres, todo puede ir bien. Si tengo tres y gasto cinco, creo que no me irá tan bien.

En el amor….

Quizá en las relaciones sentimentales es el ámbito en el que más solemos dejar de lado el sentido común. Elegimos un compañero/a de vida según los misteriosos mandatos del corazón, que hacen que veamos a alguien único y distinto a otras miles de personas posibles. Pero sin renunciar a esa magia, el sentido común no suele darnos unas pautas para una vida en pareja armoniosa. Necesitamos, además de compenetración física, también compenetración espiritual, teniendo en cuenta que una relación se sostiene a través de pequeñas acciones cotidianas. También es muy importante vigilar el lenguaje, ya que muchas peleas conyugales tienen su origen en una verbalización poco adecuada de las diferencias de opinión. Dar y darse libertad ayuda a que una pareja sea más sólida, demasiado apego puede ser enfermizo, cada uno de los miembros necesita su autonomía y espacio-tiempo propios. Pero no todas las parejas son capaces de ello. Plantéatelo.

En la educación,…

Es importante mostrar coherentemente a los hijos el camino por el que deben andar y, si lo hacemos bien, será más difícil que se aparten del mismo.  Ya sabemos que, en educación, hemos pasado de un modelo rígido y tradicional a dar un exceso de libertad a los niños. Hecho totalmente desacertado, ya que, sin unos límites claros entre los que caminar, se sienten desorientados e inseguros. A partir de los 6-7 años, los niños diferencian con mayor nitidez el yo, el tú y el otro. Esta edad es clave y los padres tienen mucha capacidad de influencia en el sentido vital que adopten los hijos. Después, al inicio de la adolescencia (a partir de los 12) los  chicos empiezan a abandonar el refugio familiar, a hacer más caso a su grupo, a ver que no toda la razón la tienen los padres y que, incluso, muchas veces, los adultos pueden ser contradictorios. No seas de los padres que transmiten a sus hijos el mensaje de “tú puedes tener lo que quieras” en vez de inculcar la cultura del esfuerzo, del ahorro, de esperar las recompensas, de conseguir muchas cosas por ellos mismos.

No dejemos atrás los valores de la paciencia, la responsabilidad,… Mucho del estrés de la sociedad actual en todos los ámbitos de nuestra vida está causado porque hemos dejado de lado el humilde e importante SENTIDO COMÚN. 

Si somos capaces de recuperarlo, estaremos obrando, de un modo general, con Inteligencia Emocional.  😉

 

 

En asesoramiento…no todo vale…

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Tengo una amiga que acaba de certificarse en coaching y ello me lleva a hacer unas reflexiones.
Laura siempre se ha sentido atraída por la psicología. Y ¿quién no? Todos buscamos el sentido de nuestra existencia, la mejora en nuestras relaciones, entender nuestros estados de ánimo, resolver los conflictos cuando aparecen,…

De más joven, mi amiga tenía problemas de timidez, cierta rigidez relacional, poca soltura en tomar iniciativas, plantear conversaciones, mantener vivo un debate… Estas cosas no le interesaban, se dejaba llevar por los que más bulla metían en el grupo y se caracterizaba por su conformismo. Buena persona y amiga, pero siempre a la sombra de los demás.

De adulta, después de estudiar Económicas, Laura logró atinar laboralmente con un proyecto compartido con su pareja relacionado con la venta de servicios de marketing, cuando en España se vendía de todo y el asesoramiento de imagen empresarial y cuatro adornos alrededor, era muy bien pagado.

Hace unos pocos años, coincidiendo con el asomar de la crisis, se separó de su marido y también la empresa que compartía con él pasó a mejor vida.

Así que, sin tener muy claro qué hacer, y con cierto respaldo económico, hace tres años, en pleno boom del coaching pensó que ella también podía ejercer de coach, por qué no. Parecía ser algo moderno, la gente que lo hacía parecía feliz, estaba relacionado con la psicología que tanto le gustaba y, encima, el coaching te saca de apuros psicológicos y puede ayudarte a hacer dinero. Así que estuvo un año formándose y hace poco ha obtenido su tan deseado certificado.

En este proceso he estado en contacto con ella. Al principio me pedía consejo y mi punto de vista sobre algunos asuntos de su formación. Esta postura fue dando paso a otra de mayor “dominio” del tema. Cuando hablábamos, me “descubría” a los grandes de la filosofía y psicología en los que se sustenta el coaching. Laura me comentaba que iba creciendo su seguridad en sí misma, estaba conociendo a muchas personas, los cuales también se formaban,  igual que ella, y querían alcanzar el deseado status de coach. Me contaba que la falta de trabajo ha encaminado a muchos en esta dirección y argumentaba que todos tenemos derecho a buscar nuestra particular “gallina de los huevos de oro”.

Hace poco pasé por su ciudad y la llamé para tomar un café y que me contara de su vida. Si, cierto es que Laura ha cambiado, me contó las grandes maravillas del coaching (no dudo de ellas), aflorando en la conversación  cierta reticencia hacia los psicólogos de toda la vida (como yo) que estudiamos seis años en una universidad, que hemos hecho especializaciones, masters e infinidad de cursos de todo tipo (de coaching incluidos) y que llevamos muchos años con gran práctica psicológica interna y externa. Como si fuéramos “menos modernos” y no nos termináramos de enterar bien de por dónde van las cosas.

Laura estaba algo más suelta y participativa que en ocasiones anteriores, pero en la conversación no fluía mucha empatía, se le sentía en una situación emocional forzada e impostada, no practicaba la escucha activa, todo era contarme lo fantástica que se sentía, … en fin, que su aprendizaje aún no había impregnado del todo sus células. Se puede cambiar, claro, pero no es rápido ni fácil, cuesta.

Me dio consejos de cómo mejorar (no se los había pedido), me invitó a asistir a un curso suyo (cuando lo organizara) y me animó a desprenderme un poco de ese halo de psicóloga que me rodea y que ya no se lleva tanto.

Y qué queréis que os diga, tengo muchos amigos coaches (entre ellos Laura) que son buenas personas, algunos grandes profesionales del asesoramiento, otros no tanto, unos se ganan la vida con ello, otros no están pudiendo,… en fin, como en todo, hay muchos matices dentro del coaching,… pero, en esencia, me parecen técnicas psicológicas bien seleccionadas dentro de un esquema teórico-práctico más o menos debatible,… y muchos, muchísimos psicólogos, venimos haciendo cosas similares hace un montón de años.

Como le dije a Laura con todo mi cariño…  cuando tú vas, yo vuelvo de allí ( la experiencia es un grado).

Y que conste que el coaching me parece un buen modelo de intervención y de toma de decisiones en muchas situaciones, pero sin la psicología como sustento, hace aguas.  A las modas les pasa eso, que suelen pasar de moda.

Hay sitio para todos. Y como para todo, hay que valer o aprender muy bien. Vamos a pensar en ello.  Un abrazo 😉

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