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¡Agradece!. Es sanísimo

Me llega de una queridgraciasa mamá esta nota que mandó hace unos días a la dirección de la guardería a la que va su niño de un añito.

Hola Rocío.  Soy Myriam.
Mientras escribo estas palabras ya me estoy emocionando.
Ha sido el mejor año de nuestra vida por el nacimiento de nuestro primer hijo, Millán y os escribo estas palabras porque es lo mínimo que puedo hacer. Habéis jugado uno de los papeles más importantes de nuestro entorno. 
Dimos en el Centro en abril de 2015, todavía embarazada de 7 meses por la prisa de las chiquibecas que obligaban a tener que elegir pronto. Menudo agobio me entró.
En una semana vimos unos 6 coles de Logroño y en cuanto llegamos a “CuentaCuentos” no hizo falta más, nos miramos diciendo…  ¡Aquí es!
Millán empezó la guarde con 6 meses y desde el primer día nos habéis hecho todo facilisimo. 
Cada día, en la entrada, a primera hora  con esa energía y positivismo que desprendéis todas, desde tú como directora y coordinadora pasando por todas y cada una de las chicas, la cocinera, la chica de la limpieza, siempre con una sonrisa. …  podíamos percibir la conexión y relación tan buena con nuestro entonces bebé. Nos hacía muy felices ir percibiendo ese necesario vinculo cargado de bienestar y buenas emociones. 

Sois unas profesionales de categoría y unas personas excepcionales. Confiamos plenamente en todo lo que nos decís y como lo hacéis. 

Hoy es el último día de cole del primer año y no hay dinero en el mundo que pague vuestra labor ni palabras de agradecimiento para deciros lo bien que lo habéis hecho y lo contentos que estamos.

¡¡¡GRACIAS!!! os echaremos de menos estos días de vacaciones. 

¡Nos vemos en septiembre!!

Creo que no necesita muchos comentarios. Solo quiero precisar que este tipo de acciones denotan una gran dosis de inteligencia emocional, así como unas vivencias muy importantes sobre psicología positiva y educación. Estoy segura de que nuestro querido Millán está creando en su cerebro unas conexiones sinápticas (entramados neuronales) que van a ser una gran base para el desarrollo emocional en su vida.

Yo también estoy orgullosa de tener algo que ver con este grupo familiar. 😉

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Así hay que enseñar…

abeja

Este fin de semana he tenido la oportunidad de observar diversos aspectos de la naturaleza, que nos resultan obvios para los adultos y que, sin embargo, a través de los ojos de un niño se convierten en pequeñas-grandes sorpresas y espectáculos. La simple presencia de una abeja libando en las flores de una planta, o un árbol frutal en pleno proceso de creación, supone para ellos un alto y natural grado de concentración y observación solo comparable al que practican los grandes de la meditación y/o mindfulness. Y, por supuesto, una rica y potente fuente de aprendizaje. 

Si, además, hay un adulto cerca mediando sólo cuando es necesario, sin atosigar, observando también a su lado, respondiendo a sus dudas, o participando con él/ella de la magia, ese aprendizaje será para siempre y no lo olvidará jamás. De forma complementaria, aprenderá (entre otras cosas) a respetar su entorno y a darle valor a lo valioso. Porque en ello hay un componente emocional increíble, se aprende de forma global, y fundamentalmente cuando aman lo que ven, y el adulto les muestra amor, sorpresa, disfrute y respeto en su actitud.

 ¿Qué suele haber?… Matemáticas por aquí, Lenguaje por allá, Naturaleza el jueves, Comunicación en la asamblea,… todos bien sentaditos y formales, siguiendo las normas y rutinas que marca el profe de turno o el currículo establecido, limitando tremendamente la capacidad natural de los niños de descubrir, sentir escalofríos de emoción, compartir esas sensaciones y experiencias con otros niños y otras personas,… porque esas imágenes y situaciones naturales y vitales despiertan en los peques los más ricos resortes sobre el deseo de conocer y aprender. Así, la atención es plena. La memoria hace su trabajo de forma fluida. La inteligencia trabaja de forma múltiple.

La mayoría de nuestros coles y centros educativos necesitan abrirse a la vida, fluir con ella, tener su huerto, su cocina, su lugar y libertad organizada para la expresividad corporal y emocional, su taller de carpintería, de costura,… Generalmente todo es demasiado previsible, en exceso pautado, muchas horas de silla y mesa,… y hay mucho aburrimiento. Muchas dificultades de aprendizaje y diagnósticos de TDA o TDHA y otras etiquetas, son porque se hace mal y porque no les estamos dando las respuestas adecuadas ni marcando los caminos que ellos necesitan,  porque muchos adultos han dejado atrás esa capacidad de sorpresa, de encantamiento, de fantasía, de disfrutar por nada y por todo, porque sí. Y es importante recuperar todo esto porque, si no, los adultos de mañana se parecerán cada vez más a las máquinas con las que convivimos y se habrán perdido cosas importantísimas. albaricoque

Sin ir muy lejos, podemos hacer una prueba, ahora que se evalúa todo… pregunta a algún joven o adulto si distingue por las hojas un manzano de un peral, y en qué tiempo y de qué forma salen los espárragos,… Si no se saben estas y otras cosas similares, qué queréis que os diga, estas lagunas formativas tan elementales son para suspender a cualquier sistema educativo y a los adultos, porque cada día nos alejamos más de nuestro sustento vital, que es la Naturaleza y la Tierra.

Tecnología, ordenadores, tablets, sí, ¡por supuesto! pero, por favor, por delante de ello está el mundo natural que nos rodea con tantísima riqueza y… fluyendo a la vez, la capacidad innata de descubrir y aprender de los niños. Así que urge dejar de mirar para otro lado. Es mucha responsabilidad la que tenemos.

Los adultos necesitamos ascender a la simpleza y grandeza de la mente, mirar con ojos de niño, con alma de niño…

Pongámonos a ello. Todo puede y debe mejorar. Un abrazo, Asun 😉

En educación sobra este tipo de gente …

IMG_1931Cada día me sorprendo más por la actitud de algunas personas que están al frente de equipos educativos, en los equipos directivos de los coles, guarderías, o centros de formación.

Ya he dicho en otras ocasiones que, para mí, la educación es de las tareas más difíciles y comprometidas que tenemos en la sociedad actual. Máxime cuando estamos viviendo unos años de auténtica catástrofe de valores, de falta de conocimiento y reconocimiento del ser humano, donde lo que vales se mide casi exclusivamente por lo que tienes o el puesto que desempeñas, sin mirar para nada las cualidades humanas, organizativas, relacionales, empáticas,… de muchas personas que están al frente de puestos de tremenda responsabilidad social. Por ejemplo, directores de centros educativos.

Hace bien poco he oído de alguien en uno de estos cargos quees igual se haga como se haga, total, la administración ni nos tiene en cuenta, ni nos valora para nada, ni hacen seguimiento de nuestro trabajo, ni les importamos un carajo,… más bien, la consejería y los jefes son nuestro “enemigo”; ya me gustaría a mí verles al pie del cañón, yo no puedo hacer nada por unir los dos bandos de docentes que hay en mi centro y que casi ni se miran a la cara,… y frases similares que denotan cero grado de sensibilidad y escaso interés por la tarea que tienen entre manos, perdiendo totalmente de vista que su trabajo es con NIÑOS, con PERSONAS, con los adultos del mañana. Quizá no ha pasado por sus cabezas la enorme responsabilidad social que supone liderar un equipo humano en el que los destinatarios finales son los niños y sus familias.

Y yo me quedo pensando si estoy en otro mundo, o este mundo está de esta forma nefasta en la que todo vale, en la que algunas personas están en puestos de gran compromiso educativo igual que podrían estar en una cadena de montaje, sin más.

Así que creo que las personas que trabajan en un centro con niños y niñas en edad escolar debieran ser SUPERVISADOS minuciosamente por parte de profesionales debidamente formados, y habiendo demostrado previamente, a su vez, su calidad ética y visión de la educación como elemento previo sin el cual no es viable dedicarse a estar con niños en la misión de enseñar. Y parto de que la gran mayoría lo hacen bien, hasta muy bien, pero aún quedan muchas excepciones en el sentido contrario.

Superar unos exámenes de una oposición no debiera ser suficiente, porque ahí para nada se demuestra la validez para educar, sino solo el grado de conocimientos académicos adquiridos, que, hoy de en día, cada vez sirve de menos en las aulas, porque la red nos ofrece esos conocimientos, pero no nos ofrece la forma de relacionarnos, la forma de gestionar un aula, la sensibilidad, la comprensión,…

¿Unas ideas para empezar…?

  1. Supervisión de calidad del modo de hacer los docentes en las aulas. No tanto a nivel administrativo, ni de programación, (eso ya se hace) sino en una dimensión absolutamente de inteligencia emocional, relaciones sociales, solución de conflictos, cuidado y atención emocional de los niños, responsabilidad social…
  2. No pasar por alto el mal hacer de algunos que muchos conocen pero que todos miran para otro lado. Debiera haber cauces de “llamadas de atención” para que el personal no pueda campar a sus anchas. No debiera ser admitible que algún profe no se hable con los padres de algún niño,… porque no me entiendo con ellos y no quiero saber nada. No debiera ser admitible que el tutor/a lleve a dirección a niños de 4,5,6,7,… años que han reñido porque no sabe ese docente cómo gestionar el asunto,…
  3. Incorporación, en los exámenes de oposición, de unas prácticas, “in situ” (de hecho, existen) cuya evaluación tenga que ver con las habilidades reales que ese profesor necesita para gestionar un grupo humano de niños.

Para mí, la educación, es Educar en el Arte de Ser (no en el de saber), siendo fundamental que los docentes entiendan qué es el Ser para que lo puedan transmitir y establecer prioridades educativas.

¿Quieres saber más? en mi charla, #EducarEnElArteDeSer lo explico pormenorizadamente, siendo sencillo empezar a cambiar el chip y ponerse a la tarea. Y merece la pena. Un abrazo, Asun 😉

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