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Padres… ¿Es que no os dais cuenta cuando hacéis algo así?…

Esta mañana, a eso de las 11, entro a un bar a tomar un café con hielo, me siento en una mesa y, como me encanta observar, me encuentro con la siguiente situación:

Entre otras personas (no muchas) en la barra hay una mamá, tomando una cerveza (claro, hace mucho calor)… con un niño, su hijo, de unos 6 años, alrededor de ella. El niño toma una Coca-Cola. Mamá habla con dos chicos (a los que debe conocer porque hablan amigablemente) de unas terceras personas.

Y, con el niño delante, sin tener en cuenta si está o deja de estar, comenta su mamá, con esta riqueza de vocabulario: “Es que son dos mongolitos. Son subnormales. Qué se han pensado”… y los otros le ríen la gracia. Y en el bar se forma un corrillo alrededor de ella aportando cada cual su chascarrillo descalificador hacia los que no están. Y el niño con la antena puesta. Aprendiendo sin parar.

Y ella sin acordarse del montón de veces que ha oído en el cole que los niños aprenden básicamente por imitación y por modelos.

Es una mamá que conozco y sé que es de las que tiene costumbre de ir al cole a quejarse a los profes de cómo tratan a su hijo y, ante cualquier situación, la culpa la tienen los demás. Ella se jacta de lo bien que educa a su pequeño, porque le lleva a muchas actividades extra escolares y le da todo lo que pide.

Y yo me pregunto en ese momento sobre la gran confusión educativa que existe y la falta de modelos familiares y sociales estables y coherentes que ayuden mínimamente a nuestros pequeños a desarrollarse equilibrada y armónicamente en el respeto y la responsabilidad. Y me dan pena los niños. En muchos casos, lo tienen muy difícil.

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Tú no eres así… evolucionas

Pienso que, a lo largo de la vida, todos pasamos por diferentes etapas, manifestamos distintas tendencias y, muchas veces, echas la vista atrás y te hace gracia ver cómo eras y te mostrabas hace unos años a cómo eres y te manifiestas ahora.

También tengo claro que nuestra evolución es constante, hasta nuestro último aliento, y que cada cual somos los únicos responsables de nuestras vidas. Así que no le pidas cuentas a nadie y mira un poco hacia tu interior. Tu conducta la gestionas tú. Y tus reacciones y estilo comunicativo sólo depende de tí. No eches culpa a otros de tus actos.

Eso es inteligencia emocional y responsabilidad personal. ¿Si?

¡Lo mejor no cuesta dinero!

A estas alturas de la película y de los nuevos hábitos sociales basados en imágenes vacíos de contenido, cada vez tengo más claro la necesidad de adoptar un estilo de vida basado en valores internos. Es decir, encontrar dentro de nosotros motivos que vayan mucho más allá que el postureo y la acumulación de objetos.

Quizá aún somos capaces de descubrir cosas nuevas, quizá aprendamos a conocer quienes somos, quizá encontremos sentido a esa frase que tanto oímos de “mirar al interior”. Cada día es más necesario grabar en la frente la necesidad de SER en lugar de TENER.

Nos encanta ir de compras y adquirir lo último en tecnología. Si no, no somos cool. Pero si miramos un poco hacia atrás, enseguida vemos que los mejores momentos de nuestra vida no llevaban un precio marcado ni estaban motivados por una moda o tendencia.

En esta línea de prioridades sociales, a los niños les transmitimos demasiado el valor del objeto y menos otras situaciones que les darían mayor equilibrio y madurez personal: llevarles al campo, valorar las maravillas de la naturaleza, y hacerles sentir ahí bienestar, amor, respeto y libertad. Admirar a los árboles cuando les vemos mover las hojas, a los ríos cuando fluyen, a las olas cuando bañan la arena de la playa… así también les inculcaremos la necesidad de buscar soluciones a los problemas ecológicos que sufre el planeta. La tierra es nuestra casa y como no lo aprendan y obren en consecuencia desde bien pequeños, mucho me temo que “nuestra casa” pueda cerrarnos sus puertas.

Todo ello dando ejemplo (somos modelos para los demás y, por supuesto, para los niños), y con una buena carga de competencias emocionales. La teoría si no va acompañada de una buena actitud y una buena práctica, de nada vale.

Un abrazo y hasta otro día 😉

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