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¿Por qué hay muy pocos niños franceses hiperactivos?

TDHA2Hace unos días cayó en mis manos esta información, procedente de un medio de comunicación chileno, cuyo contenido comparto totalmente. La cursiva  es el escrito original; el resto, mis apreciaciones.

Mientras en Estados Unidos alrededor del 9% de los escolares han sido diagnosticados con Trastorno de Déficit Atencional con Hiperactividad (TDAH) en España estas cifras rondan por encima del 5%, y… en Francia apenas un 0,5%. ¿Cuál es el motivo?

La terapeuta familiar estadounidense y doctora en psicología, Marilyn Wedge, explicó en el portal especializado Psychology Today, que en Norteamérica “los psiquiatras consideran al TDAH como un trastorno biológico con causas biológicas, por lo que el tratamiento elegido es también biológico: medicamentos psicoestimulantes como Ritalin y Adderall”. En cambio, “los psiquiatras franceses  ven el TDAH como una condición médica que tiene causas psico-sociales y situacionales”: esto quiere decir que, en lugar de tratar los problemas de comportamiento con medicamentos, los profesionales de ese país  se centran en el contexto social del niño. De este modo, el problema se trata con psicoterapia o terapia familiar. “Esta es una manera de ver las cosas muy diferente a la tendencia estadounidense (que se acerca mucho a la española) de atribuir todos los síntomas a una disfunción biológica, como un desequilibrio químico en el cerebro del niño”.

Además, la profesional explica que, por lo general, en Francia no se utiliza el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM). La Federación Francesa de Psiquiatría ha desarrollado un sistema de clasificación alternativo llamado CFTMEA (Classification Française des Troubles Mentaux de L’Enfant et de L’Adolescent), cuyo enfoque es identificar y abordar las causas subyacentes de los síntomas psicosociales de los niños”. Asimismo, toma en cuenta factores como la alimentación, pues algunos colorantes artificiales y conservantes pueden afectar la conducta de los menores.

“En la medida en que los médicos franceses tienen éxito en encontrar y reparar lo que ha ido mal en el contexto social del niño, menos pequeños son calificados con el transtorno de TDAH. Por otra parte, la definición de TDAH no es tan amplia como en el sistema americano, que, a mi juicio, tiende a ‘patologizar’ gran parte de lo que es el comportamiento normal de la infancia. El DSM no considera específicamente las causas subyacentes. Por lo tanto, lleva a los médicos a dar el diagnóstico de TDAH a un número mucho mayor de niños sintomáticos, alentando al mismo tiempo a tratar a los niños con los productos farmacéuticos”.

 “En los EEUU (y en España también), el enfoque estricto sobre el tratamiento farmacéutico del TDAH, anima a los médicos a pasar por alto la influencia de factores dietéticos sobre el comportamiento de los niños”. Además, en Francia también influye el estilo de crianza de los padres, que se caracteriza por establecer límites más claros. Es difícil que en una familia francesa, un niño “picotee” entre comidas, ya que la mayoría ha aprendido que las comidas son cada 4 horas y que deben esperar pacientemente si les da hambre a una hora que no corresponde.

Como psicóloga educativa que trabajo con niños, tiene perfecto sentido para mí que los niños franceses apenas necesiten medicamentos para controlar su comportamiento, porque aprenden temprano autocontrol en sus vidas. En la mayoría de los casos, los niños crecen en familias en las que normalmente las reglas son bien entendidas, y existe una jerarquía familiar clara.

 Podemos deducir que si a un niño que tiene problemas de conducta, exceso de movimiento y falta de atención, antes de diagnosticarle como TDHA (que, en cierta forma, es como echar balones fuera y esperar que la todopoderosa industria farmacéutica solucione el problema), debemos cuestionarnos cómo es su contexto emocional, familiar y social, para analizar las causas que pueden estar en la raíz de ese comportamiento. En cualquier caso, el tratamiento (con medicación o no) SIEMPRE debe contar con un apoyo terapéutico a través del cual se ayude al niño a regular sus estados emocionales y reacciones. Por supuesto, la familia, en todos los casos, debe colaborar en el proceso y, si es necesario, recibir asimismo terapia para armonizar sus patrones educativos.

 Siempre que se puede, soy partidaria de evitar los tratamientos medicamentosos (si ello es posible). Suelen tener efectos secundarios (con daños asociados a la salud) y se enseña a los niños y a las personas a depender de ellos, poniendo su capacidad de auto-mejora en manos de otros: médicos, medicinas, psiquiatras,…

 No es necesario dar siempre un pez,… mejor, enséñale a pescar.

Un abrazo, Asun 😉

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Sobre la vida y la muerte…

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Hoy, la noticia de que ha muerto una persona todavía joven (65 años), recién jubilada, con planes, cuya desaparición no era esperada, me ha hecho reflexionar sobre algunas cuestiones de la vida y la muerte.

Tuve la ocasión de trabajar con ella un breve periodo de tiempo en el inicio de este curso. Nuestras relaciones fueron normales, podíamos coincidir o discrepar en temas de trabajo, buscábamos el acuerdo,  tomamos algún café juntas, abrimos algunas parcelas de nuestros corazones y nos contábamos cosas sobre nuestras vidas personales, tratando ambas de hacer más verdad lo que compartíamos por el mero hecho de contárselo a alguien.

Pero me sorprendo de forma inmediata haciendo un análisis sobre el valor moral de mi relación con ella, porque necesito pensar y creer que nuestra coincidencia vital, fue, por mi parte, lo mejor que yo misma podía esperar de mí.

Quiero decir que pienso y defiendo que el ser humano estamos abocados a pasarnos cuentas a nosotros mismos sobre nuestros actos y que cuando alguien cercano muere, aparte del inevitable dolor, el primer pensamiento que cruza por nuestras mentes es si lo pudimos hacer mejor en algún momento.

Evidentemente, como seres humanos, nuestras acciones están destinadas a sufrir fluctuaciones de todo tipo pero, en general, deben guiarnos unos principios y ética personal que no solo estarán en nuestras vidas como una filosofía a seguir, sino como un COMPORTAMIENTO EN EL DÍA A DÍA. Porque es aquí donde nos dejamos ver, donde hacemos feliz o menos al de al lado, donde aprendemos a enriquecernos o a empobrecernos como personas,…

La vida pasa,… y más rápido de lo que nos gustaría a todos,… pero en el camino hay tantos y tanto matices que podemos y debemos cuestionarnos,… porque son los que, en definitiva, nos llevarán a que nuestro autojuicio, en el final de nuestros días, sea favorable a nuestros actos y pasemos el umbral de esta vida con la “cabeza alta” y con un sentimiento de orgullo de que sí, lo he hecho bien, o al menos me lo he cuestionado y he tratado de corregir siempre que he podido, …

Yo, a veces, me sorprendo pensando si la “onda expansiva” que está creando mi vida sobre la tierra y el cosmos es la que me gusta, si cuando yo no esté físicamente he podido dejar una huella de mejora en personas y lugares,…  y si me respondo que SÍ, es que voy por buen camino.

SIEMPRE que a alguien que está cercano a la muerte se le pregunta qué cambiaría de su vida si pudiera, la respuesta NUNCA es hacia mejora laboral, de ocio, de posesiones,… siempre la respuesta tiene que ver con la mejora en las relaciones con el RESTO DE SERES HUMANOS.

Aquello de… hazlo con él/ella como si fuera la última vez que le vas a ver, creo que es un buen autoconsejo para todos.

Ahora que estamos a tiempo, vamos a cuestionárnoslo.  Merece la pena 😉

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