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Los servicios de salud mental a revisión…

cabeza-corazonEstoy sorprendida por el uso que se hace, EN ALGUNOS SENTIDOS Y EN ALGUNOS CASOS, de la psiquiatría en España. Entiendo y comparto la necesidad de que las personas con una patología mental necesiten ser tratadas con medicación, pero lo que me asusta es que muchísimas de ellas solo reciben tratamiento farmacológico y apenas terapéutico cuando, en múltiples ocasiones, en la base de muchos síntomas y manifestaciones existe un dolor emocional, una petición desgarradora de ayuda, una necesidad de una mirada cálida y comprensiva, un interlocutor que te hable, empatice, comparta y entienda,… no sólo que te dé unas pastillas.

Alrededor de mi he conocido y conozco jóvenes y no tan jóvenes con vivencias desgarradoras en la infancia y en otros momentos de su vida, las cuales han dejado grandes y graves secuelas, desde esquizofrenias, pasando por trastornos de inestabilidad emocional, trastornos bipolares, depresiones, psicosis,…. Aparte de sus historias personales, la sociedad tampoco les ponemos en bandeja alternativas realmente eficaces y humanitarias para su mejora y curación. Cierto es que, en muchos casos límites, esas enfermedades, por desgracia, probablemente les acompañen durante toda su vida pero, en otros, cuando la sintomatología es leve o la persona y el entorno ponen de su parte, estoy segura de que puede producirse la curación, porque lo he visto y así lo corroboran muchos y variados estudios y profesionales de la psiquiatría y la psicología.

Sin embargo, cuando un psiquiatra o psicólogo de  la sanidad pública tienen que atender a un paciente cada 15 minutos, difícilmente puede llegarse mucho más allá de la receta de los fármacos correspondientes, los cuales, puede que contribuya a cierta estabilización o encubrimiento de sus síntomas, pero son tantos y de tal calibre los efectos secundarios que provocan, que se nos ponen los pelos de punta tan solo con leer los prospectos. También es difícil que una persona acuda a una consulta de la psiquiatría pública sin salir con un distintivo que lo marque de por vida, porque según los criterios del DMS-V (el manual que establece qué es un trastorno mental y qué no) es complicado acudir a una visita de salud mental y que los test que te administren y las entrevistas que te realicen, no te haga merecedor de un diagnóstico acusador y limitador para toda la vida. Y no olvidemos que  muchos de los profesionales que revisan y actualizan los  DMS son muy amigos de la industria farmacéutica.

Se PONEN etiquetas que nadie explica. El propio paciente lee su informe e investiga por internet. Esto crea aún más inestabilidad e inseguridad emocional, llegando a dudar de todo y de todos.

Así que con tanta sobredosis de pastillas y tan escasos tratamientos terapéuticos, vamos camino de ser una sociedad adicta a los fármacos. De hecho, ya lo somos. La industria farmacéutica es de los negocios más potentes del mundo, se comportan como auténticas mafias, y están ganando la partida a otras necesidades y posibilidades de mejoría y curación en el ser humano.

Con lo que hay, muchos se quedan en la cama esperando que el tiempo y la vida pasen por encima de ellos, otros se refugian en el alcohol y las drogas, perdiendo así aún más su capacidad de recuperación, y otros van dando bandazos a merced del viento que les mueve cada día.

Y yo me pregunto….

¿Dónde están esos grupos terapéuticos GRATUITOS y con encuentros FRECUENTES en los que los pacientes puedan estar con otras personas e intercambiar inquietudes y dudas vitales, dirigidos por un terapeuta? Sé que existen en algunas comunidades y hospitales, pero debiera estar generalizado a todo el país y a todos los ámbitos de intervención psicológica y psiquiátrica.

¿Qué hacemos cuando en la unidad de psiquiatría del hospital le dan el alta y la familia de esa persona no tiene recursos económicos para pagarse un psiquiatra particular y muchos menos un psicólogo o acudir a un centro terapéutico?

¿Qué hacemos cuando el paciente, por las circunstancias que sean, no tiene oportunidad de compartir su situación con otros familiares y amigos?…

¿Qué hace esa persona que tiene un diagnóstico, con sus funciones cognitivas en su sitio, y no recibe un brazo o un hombro en el que apoyarse?. Yo os lo digo: o autoaislarse y sufrir, demandando quedamente una ayuda que muchos de alrededor no saben ver; o buscar a otras personas parecidas a ellos y comprar conjuntamente las droguitas y el alcohol que necesiten para evadirse absolutamente del mundo, del injusto mundo. He visto y veo ambos polos de un mismo estado.

Esto debiera de ser un problema social y sanitario, sin duda, siendo vergonzoso que miremos para otro lado como si esas situaciones no fueran con nosotros.  

Los servicios y programas debieran estar más organizados y generalizados. Los tratamientos debieran ser holísticos, trabajando no solo la mente de la persona, sino tratarlo como un todo en interacción con su entorno, ya que hay sinergia entre todas las partes del ser humano.

Lo que no podemos permitir es que muchas personas no reciban todas las orientaciones y ayudas, tanto individuales como grupales que necesitan para salir del hoyo en el que están inmersos y del que, en muchísimos casos, pueden y deben salir. No os quepa duda de que es responsabilidad de todos.

Porque cuanto más capacitemos al ser humano de forma activa en su autonomía, gestión de problemas, … menos importante serán la psiquiatría y la psicología,… y no quiero quitar el trabajo de nadie, solo ayudar a pensar que cada cual tenemos muchos más recursos mentales y psicológicos de los que, muchas veces, se nos quiere hacer ver.  El modelo social y sanitario debieran potenciar esto. Si no, echemos un vistazo al ser humano dentro de 30 años… Un preocupante porcentaje, adictos a las pastillas.

Y que conste que creo en la psiquiatría, en la farmacología y en la psicología (¡yo misma lo soy!), pero bien utilizadas.

Pues eso, reflexionemos, porque no es bueno dar todo por válido. No todo lo que nos dicen es cierto y no todo lo que hacen las políticas sanitarias está bien. Ni mucho menos. No perdamos la capacidad de pensar, hacer crítica constructiva y contribuir con ello a algún pequeño cambio, por leve que sea, será muy importante.

Un abrazo, Asun 😉

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