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¿Sueños o realidades?…

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Cuando oímos y leemos una y otra vez que todos debemos perseguir nuestros sueños, me da qué pensar. Es como si diéramos por sentado que somos infelices y que no hacemos aquello que, en realidad, deseamos.

Y yo me cuestiono en paralelo la importancia de sentirte bien y ser feliz con lo que tienes y lo que eres. Muchas veces esos sueños están muy lejos y es difícil alcanzarlos. Así que muchas personas se encuentran habitualmente frustradas porque nunca logran aquello que dicen desear.

Pero si le damos la vuelta a nuestras percepciones y aprendemos a estar bien con nuestra realidad, hemos ganado la primera batalla en la lucha con nuestros malestares: esa batalla se llama ACEPTACIÓN, que es como hacer las paces con tu realidad. Porque solo desde aquí podemos dar el siguiente paso y caminar en busca de mejoras o ir en pos de rebelarnos contra las circunstancias poco halagüeñas o poco satisfactorias para nosotros.

A veces, no tenemos la vida que deseamos llevar, pero es preferible buscar cambios cercanos, pequeños y asequibles y no llenarnos la cabeza de objetivos difíciles o lejanos de alcanzar. Además, estoy segura de que las personas que se ponen grandes metas y las consiguen, y dicen que han alcanzado su sueño,… después necesitarán otro aún mayor, porque la condición del ser humano también es la búsqueda de algo diferente y, cuando lo logremos, iremos en pos de otra cosa.

No han de ser necesariamente grandes logros… muchas veces algo tan sencillo como sentirte bien con tus rutinas y encontrar tranquilidad de espíritu ya es una gran meta. Es más, debiera ser el punto de partida de otros sueños y otras metas.

Hay personas cuyos sueños pasan por grandes proyectos viajeros y otras que no necesitan nada de esto y son felices en sus pueblos o apenas han salido de su comunidad o de su país.

Así que eso de los sueños “a lo grande” (¡persigue tus sueños!) llena muchas páginas de revista y prensa que suelen obviar lo sencillo, conocido y placentero sin necesidad de sesudas y complicadas búsquedas como seres humanos. Ya sabemos que el camino mental lo decidimos cada cual con nuestra forma de pensar y actuar. Y esa forma de pensar crea una reacción física y emocional que nos produce placer, displacer, realización, frustración,…

Por supuesto, hay que cuestionarse algunas inercias autoimpuestas que nos impiden evolucionar y hacer cosas diferentes. Y cierto es que no hay que dejar de hacer aquello que te apetece y que nunca te atreves por el “qué dirán” o por una falsa moralidad social. Esto te generaría frustración y un persistente sentimiento de insatisfacción personal.

Competencias emocionales, inteligencia intrapersonal, percepción positiva de la vida, resiliencia,… son para mí palabras clave en conseguir la mayor y mejor meta de todas: el bienestar y equilibrio emocional.

¡Esto sí que es un gran sueño!  Hasta otro rato 😉

 

 

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¡Lo mejor no cuesta dinero!

A estas alturas de la película y de los nuevos hábitos sociales basados en imágenes vacíos de contenido, cada vez tengo más claro la necesidad de adoptar un estilo de vida basado en valores internos. Es decir, encontrar dentro de nosotros motivos que vayan mucho más allá que el postureo y la acumulación de objetos.

Quizá aún somos capaces de descubrir cosas nuevas, quizá aprendamos a conocer quienes somos, quizá encontremos sentido a esa frase que tanto oímos de “mirar al interior”. Cada día es más necesario grabar en la frente la necesidad de SER en lugar de TENER.

Nos encanta ir de compras y adquirir lo último en tecnología. Si no, no somos cool. Pero si miramos un poco hacia atrás, enseguida vemos que los mejores momentos de nuestra vida no llevaban un precio marcado ni estaban motivados por una moda o tendencia.

En esta línea de prioridades sociales, a los niños les transmitimos demasiado el valor del objeto y menos otras situaciones que les darían mayor equilibrio y madurez personal: llevarles al campo, valorar las maravillas de la naturaleza, y hacerles sentir ahí bienestar, amor, respeto y libertad. Admirar a los árboles cuando les vemos mover las hojas, a los ríos cuando fluyen, a las olas cuando bañan la arena de la playa… así también les inculcaremos la necesidad de buscar soluciones a los problemas ecológicos que sufre el planeta. La tierra es nuestra casa y como no lo aprendan y obren en consecuencia desde bien pequeños, mucho me temo que “nuestra casa” pueda cerrarnos sus puertas.

Todo ello dando ejemplo (somos modelos para los demás y, por supuesto, para los niños), y con una buena carga de competencias emocionales. La teoría si no va acompañada de una buena actitud y una buena práctica, de nada vale.

Un abrazo y hasta otro día 😉

Me gustan los abrazos de mis amigas

Me gustan los abrazos de Olga y Marili. Tengo una gran cuadrilla de amigas, pero no las veo con demasiada frecuencia a pesar de que vivimos en poblaciones cercanas. Cada una va a su vida, algunas se reúnen con otras más a menudo,… depende de la situación personal de cada una. Yo las veo en fechas puntuales o eventos específicos. Más o menos con una frecuencia trimestral.

Tengo que decir que me gusta observar los abrazos y leer el tipo de saludo con el que me obsequian las personas. Con Olga y Marili establecí unos lazos aún más potentes a raíz de unos viajes que compartimos hace poquitos años por países tan maravillosos como Costa Rica, Etiopía o Grecia. También coincidimos con intensidad en un taller que hicimos hace un par de inviernos para practicar la respiración consciente, relajación, meditación y para desnudar un poco nuestras almas.

Yo soy mayor que ellas, a Olga le llevo cerca de 15 años y a Marili unos 10. Pero esto no importa ni se nota cuando hay algo muy profundo en los sentimientos recíprocos. Saben que estoy aquí y sé que están ahí.

Y bueno, estos días hemos coincidido en Levante. Ellas estaban en Denia y yo en Oliva. Y quedamos un día a cenar con otros amigos comunes. Cuando nos vimos, primero con Marili, su abrazo estaba cargado de energía, sinceridad y amistad incondicional y eterna. Cuando me vi con Olga me dio un abrazo tan bonito y con una sonrisa abierta y amplia que no necesito mas palabras para describirlo. Simplemente lo sentí. Y lo sentí tanto y tan bien que dejó en mi una imborrable huella y es lo que me ha llevado a escribir este post. No son las únicas amigas o amigos que me hacen sentir así, hay unos cuantos más, pero hoy me ha tocado hablar de ellas porque la situación que describo es reciente.

Así entiendo yo la amistad. Aunque os lo he explicado, en realidad, no hacen falta palabras. Creo que muchos me entendéis y sentís parecido. ¿A que si?

Un abrazo profundo 😉

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