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¡No me vale la Inteligencia Emocional!

emociones

  • No me vale que todos hablemos de ella,…
  • No me vale que todos digamos… hay que , hay que…
  • No me vale que tratemos la Inteligencia Emocional como algo exterior a nosotros que se puede enseñar del mismo modo que las Matemáticas o cualquier materia de aprendizaje,…
  • No me valen los profes que dicen que practican la Inteligencia Emocional con sus alumnos y tratar con ellos es realmente difícil,…
  • No me valen los papás que dicen educar con Competencias Emocionales y son incapaces de ponerse de acuerdo en la pareja o tratan de que sus hijos cambien el comportamiento a través de amenazas, castigos y gritos,…
  • No me vale la palabrería, sino las acciones válidas, aunque estén desprovistas de conceptos teóricos,….

Me vale….

  • Cuando uno práctica la humildad,…
  • Es capaz de entender la empatía,…
  • Sabe escuchar en vez de avasallar hablando,…
  • Trata a los niños con el debido respeto y consideración,…
  • Se cuestiona cada día su cambio personal en pos de la mejora de su entorno inmediato,…
  • Intenta constantemente que su huella en el paso por el mundo sea la mejor posible,… y muchas cosas más, en esta línea,… me valen.

Lo demás, como digo, palabrería y echar balones fuera. Se habla mucho y se hace algo menos.

Empieza por cuestionarte a ti mismo y entonces hablaremos de Inteligencia Emocional.¿Si? Un abrazo 😉

¡No seas dependiente de los demás!

cómo-superar-la-dependencia-emocional

Somos padres (y si no lo eres, ponte en ese rol por un momento). Y parece que nuestra vida gira en torno a nuestros hijos. Pero no debe ser así. A ver,  vamos a pensar en voz alta …

– La necesidad de apego es algo consustancial al ser humano. Y más allá de ser alimentado, el niño y la niña necesitan esa seguridad para poder alejarse de sus progenitores e ir a explorar el mundo que les rodea. Pero no solo el niño necesita el apego, ya que el cerebro de los padres también se modifica en función de esta necesidad. Así que el punto de partida es una doble y gran dependencia… y todos necesitamos ir en pos de un mayor grado de autonomía e independencia, cosa que no se hace de la noche a la mañana, sino que necesita un proceso educativo, veamos,…

– En la infancia marcamos a los niños pautas educativas, normas, responsabilidades,… a partir de la adolescencia necesitaremos desprendernos del rol sobreprotector para que ellos y ellas ganen en autonomía e intimidad. Pero esta fina línea entre la sobreprotección y la incipiente libertad, no siempre se dibuja bien, y se cae en la DEPENDENCIA y en los consiguientes problemas de relación social y autonomía,… Conozco bastantes familias que no dejan salir a sus hijos de excursión por temor a que les pase algo, o que tienen que volver a casa una hora antes de lo que lo hace su grupo de amigos. También existen mamás y papás que llenan con la presencia de los hijos, sus vacíos emocionales en sus matrimonios. La dependencia también puede ser a la inversa: esos hijos que son los que marcan muchas solapadas pautas a sus padres con mensajes del tipo: me aburro, ahora vamos a hacer esto, ahora no quiero esto otro, bailando los padres al son de la música que marca el pequeño…

Asímismo existe otra fuerte dependencia marcada por los padres y sus frustraciones (que necesitan que los hijos hagan muchas cosas de las que ellos no pudieron o no fueron capaces): esa dependencia que genera en los adultos un gran sentimiento de angustia porque los hijos tienen que vivir su propia vida, y también es dependencia cuando los padres les marcan sus estudios o profesiones porque es lo que marca la tradición familiar (tienes que ser médico, como tu padre y tu abuelo), o el deseo de lo que ellos no pudieron ser cuando estaban en edad de decidir (tienes que ser abogado, a mí me hubiera encantado y no tuve la oportunidad, ahora que tú la tienes, no la desperdicies),…

Así que es necesario romper esta dependencia patológica que solo sirve para volver tóxicas las relaciones cuando los hijos ya son mayores. Por tanto, necesitamos entender que desde pequeños pueden y deben cometer sus errores, acompañándoles en sus tomas de decisiones,  aunque se confundan. Ayudarles, pero permitirles que se frustren, se aprende mucho de ello. Necesitamos permitirles que se independicen, no por ello van a querernos menos.

Necesitamos ponernos límites como adultos para que nuestros temores no contaminen las relaciones con nuestros hijos.

Necesitamos hablar de sentimientos, de emociones, compartir el mundo del alma y del corazón,… y romper esas pautas que aprendimos de nuestros progenitores y que no nos han ayudado mucho. No eduques así solo porque así te educaron a ti y, al fin y al cabo, no estás tan mal. Claro que podemos mejorar y cuanto más sabemos, mayor responsabilidad tenemos.

Un abrazo, Asun 😉

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