Psicología, Educación, Salud y Vida

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Con gran emoción…

Acabada por este curso la primera escuela de padres y madres en el colegio Montessori de Logroño, me gusta recordar algunos elementos-clave en la educación que seguro que son de utilidad para todas las personas que lo lean. 

 ◦ Las mejoras en educación no se componen de grandes proyectos sino de pequeños detalles, que son los que conforman nuestras relaciones.

 ◦ No olvidéis mirarles cuando les habléis, transmitir los mensajes claros, tener en cuenta el lenguaje verbal, corporal y gestual.

 ◦ Insistid en fortalecer el vínculo, que es la base de la relación emocional-comunicativa. No temáis decirles a menudo que les queréis, pero no sólo con palabras, sino acompañadlo con vuestra actitud. El amor es la base del desarrollo equilibrado.

 ◦ Habladles de las emociones, de cómo se sienten, de cómo os sentís vosotros, tratando de ampliar el vocabulario emocional en vuestra comunicación con ellos y con otros adultos.

 ◦ No os anticipéis a sus respuestas, dejadles elaborarlas por ellos mismos y que vayan formando su criterio propio y opinión, respetándoles, aunque no coincida siempre con el vuestro.

 ◦ ¡Jugad con ellos! El juego, (no siempre es necesario un juguete) es una inmensa fuente de aprendizaje. Es bueno que jueguen solos y con otros peques, pero también es necesario que jueguen con vosotros. Los lazos emocionales y afectivos se refuerzan y consolidan a través del juego.

 ◦ Cuando estéis con ellos, no estéis a medias, sino al 100%. Dejad el móvil en otro lugar y sin voz. Ya vimos que no es tan importante mucha cantidad de tiempo sino la calidad del mismo. 

 ◦ No os dejéis manipular cuando quieren salirse con la suya a costa de vuestra paciencia. Estableced unas normas y límites en función de su edad. A medida que se van haciendo mayores, deben saber que hay cosas que no se pueden hacer, que la conducta tiene consecuencias y que los papás están de acuerdo con esas pautas. No hay nada peor que la falta de coherencia y consistencia educativa en la pareja, porque a los niños se les desorienta y no saben para dónde tirar. Por supuesto, consensuadlas con ellos en la medida de lo posible. Tampoco es necesario que haya normas para todo, sino para aquellos aspectos en los que es importante su colaboración, responsabilidad y mantenimiento de unos hábitos de convivencia saludables.

 ◦ Para censurar o corregir una conducta no hace falta dar gritos ni mostrar una expresión iracunda: eso no enseña, sólo atemoriza. El amor y la firmeza no están reñidos. Pueden saber que estamos enfadados por algo (y mostrarlo en un tono de voz normal), pero que eso no tiene que ver con su persona, sino con su comportamiento. Acordaos de corregir en base al verbo “hacer” y no en base a su persona, al “ser”. 

 ◦ Dejadles mancharse, jugar con barro, revolcarse en la hierba, observar lo que les llame la atención,… ello les proporciona la más rica experimentación y desarrollo de los sentidos en su amplia expresión. Las sinapsis o conexiones neuronales que forman las redes cerebrales son inmensas (solo como curiosidad, un bebé al nacer tiene un promedio de 100.000 millones de neuronas cerebrales, con pocas conexiones. Se multiplican a medida que crece mediante la estimulación ambiental, sensorial, emocional,… de modo que a los cuatro años puede llegar a ¡1000 billones de conexiones neuronales!)… así que cuantas más oportunidades les demos de descubrir por ellos mismos el entorno y el mundo, mucho mejor. No necesitan que el adulto estemos encima dirigiéndoles constantemente el aprendizaje.

 ◦ ¡Haced ejercicio y gimnasia juntos! Saltad, corred, bailad, moved el cuerpo… Libera tensiones y es divertido y saludable. También de este modo se fortalece el vínculo y los lazos emocionales. Ya conocemos el aforismo del poeta romano Juvenal: “mens sana in corpore sano”. 

Cuidad su alimentación. El ser humano en gran medida somos lo que comemos. Insertar las frutas y verduras como algo que es bueno y no por obligación. Minimizad los alimentos procesados y las chuches. 

 ◦ Sed flexibles. Hay acciones que podemos y debemos revisar, y un mismo comportamiento ante diferentes situaciones, puede tener una lectura distinta. El sentido común y nuestras crecientes competencias emocionales nos ayudarán a ello.

 ◦ Practicad la empatía con los adultos y niños. Es más fácil saber cómo se siente el otro si te acostumbras a ponerte en su lugar. Y antes de censurar y recriminar, recuerda pensar si te gustaría que te llamaran la atención de ese modo. 

 ◦ Hacedles responsables y autónomos. Cuanto más, mejor. No hagáis por ellos lo que ya pueden hacer por sí solos. Aunque les salga mal. Dadles tiempo y tened paciencia. Ya irán mejorando. Es la forma de aprender. 

… Y bueno… 

 ◦ Enseñadles con emoción la fantástica naturaleza, describidles las estaciones y su magia, mostrarles las flores, plantas y árboles. Que aprendan a distinguir un peral de un manzano y una acelga de una borraja. Con tanta tecnología y casi sin darnos cuenta, estamos dejando atrás lo más relevante para el ser humano: el medio natural que es nuestro sustento primigenio y real. No es suficiente que tengáis un parque al lado o jardín en casa (aunque es beneficioso). Salid al campo, al monte, al mar, y a huertas de vez en cuando.

 ◦ Mostradles con respeto (para que aprendan a respetarlos) los animales, insectos y pájaros en los parques, y que observen sus sonidos y su forma de comunicación. Emocionaros vosotros también para que ellos lo hagan por doble fuente de aprendizaje (la propia naturaleza y vosotros).

 ◦ Y no perdáis de vista la cultura, las artes, el cine, la música, la expresión corporal, la lectura,… id con ellos a museos y exposiciones. Y que os vean con un libro con frecuencia, no sólo el cuento que les leéis a ellos, sino disfrutando de la lectura por vosotros mismos. Transmitidles el amor por otras culturas, lugares, pueblos y países. Viajad con ellos, pero como viajeros y no como simples turistas. 

En fin, aunque solo consigamos un pequeño porcentaje de todas las mejoras posibles, no dudéis de que estáis en buen camino. Solo con que os cuestionéis vuestra forma de educar y tratéis de mejorar en lo que podáis , ya es un paso de gigante.

…. De todo esto y de más, trata cuando hablamos de la inteligencia emocional y de educar con competencias emocionales… Continuará…

Un abrazo.   Asun 😉

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¿Qué matices eliges?…

  
Pienso que existe una fina línea entre lo que marcan algunas definiciones psicológicas de las personas y de los niños, así como un importante grado de subjetividad en dichos conceptos, valoraciones o interpretaciones. 

Muchas veces me pregunto cuál es el punto, matiz o grado que hace que alguien sea considerado normal o talentoso, sano o enfermo, equilibrado o inestable,… 

En mi etapa profesional y laboral, en múltiples ocasiones, ante un mismo niño las valoraciones psicológicas y psiquiátricas son diametralmente opuestas. Mismo niño, mismos padres, misma narración de síntomas y hechos = diagnósticos diferentes. Fundamentalmente dependiendo del factor “contexto” y de la visión parcelada o, por el contrario, holística de ese niño y su situación.

Otro caso similar: mismo niño, mismas manifestaciones de sus evidentes habilidades para la pintura… delante de un profesor/a sensible o con falta de recursos para hacer bien lo que debiera hacer de maravilla (enseñar bien, descubriendo lo que cada niño/a lleva dentro y mostrando el camino del aprendizaje) … obtenemos como consecuencia una inhibición de sus aptitudes (enterrando para siempre esas habilidades) o un refuerzo motivador que puede que le ayude a ser el artista que lleva dentro. 

¡Cuánto puede cambiar la vida de una persona según quién le acompañe en el sendero de su vida en los años escolares! 

Así que nada es del todo blanco o negro. Las personas tenemos matices. La vida tiene matices. Intenta usar esa paleta con amplios colores para que los colores tuyos y los de la personas que te rodean sean ricos en matices, variados en tonalidades y con un amplio horizonte. 
Tú ya me entiendes,… ¿verdad? 

Un abrazo y mucho ánimo 😉 Asun 
 

¡No seas dependiente de los demás!

cómo-superar-la-dependencia-emocional

Somos padres (y si no lo eres, ponte en ese rol por un momento). Y parece que nuestra vida gira en torno a nuestros hijos. Pero no debe ser así. A ver,  vamos a pensar en voz alta …

– La necesidad de apego es algo consustancial al ser humano. Y más allá de ser alimentado, el niño y la niña necesitan esa seguridad para poder alejarse de sus progenitores e ir a explorar el mundo que les rodea. Pero no solo el niño necesita el apego, ya que el cerebro de los padres también se modifica en función de esta necesidad. Así que el punto de partida es una doble y gran dependencia… y todos necesitamos ir en pos de un mayor grado de autonomía e independencia, cosa que no se hace de la noche a la mañana, sino que necesita un proceso educativo, veamos,…

– En la infancia marcamos a los niños pautas educativas, normas, responsabilidades,… a partir de la adolescencia necesitaremos desprendernos del rol sobreprotector para que ellos y ellas ganen en autonomía e intimidad. Pero esta fina línea entre la sobreprotección y la incipiente libertad, no siempre se dibuja bien, y se cae en la DEPENDENCIA y en los consiguientes problemas de relación social y autonomía,… Conozco bastantes familias que no dejan salir a sus hijos de excursión por temor a que les pase algo, o que tienen que volver a casa una hora antes de lo que lo hace su grupo de amigos. También existen mamás y papás que llenan con la presencia de los hijos, sus vacíos emocionales en sus matrimonios. La dependencia también puede ser a la inversa: esos hijos que son los que marcan muchas solapadas pautas a sus padres con mensajes del tipo: me aburro, ahora vamos a hacer esto, ahora no quiero esto otro, bailando los padres al son de la música que marca el pequeño…

Asímismo existe otra fuerte dependencia marcada por los padres y sus frustraciones (que necesitan que los hijos hagan muchas cosas de las que ellos no pudieron o no fueron capaces): esa dependencia que genera en los adultos un gran sentimiento de angustia porque los hijos tienen que vivir su propia vida, y también es dependencia cuando los padres les marcan sus estudios o profesiones porque es lo que marca la tradición familiar (tienes que ser médico, como tu padre y tu abuelo), o el deseo de lo que ellos no pudieron ser cuando estaban en edad de decidir (tienes que ser abogado, a mí me hubiera encantado y no tuve la oportunidad, ahora que tú la tienes, no la desperdicies),…

Así que es necesario romper esta dependencia patológica que solo sirve para volver tóxicas las relaciones cuando los hijos ya son mayores. Por tanto, necesitamos entender que desde pequeños pueden y deben cometer sus errores, acompañándoles en sus tomas de decisiones,  aunque se confundan. Ayudarles, pero permitirles que se frustren, se aprende mucho de ello. Necesitamos permitirles que se independicen, no por ello van a querernos menos.

Necesitamos ponernos límites como adultos para que nuestros temores no contaminen las relaciones con nuestros hijos.

Necesitamos hablar de sentimientos, de emociones, compartir el mundo del alma y del corazón,… y romper esas pautas que aprendimos de nuestros progenitores y que no nos han ayudado mucho. No eduques así solo porque así te educaron a ti y, al fin y al cabo, no estás tan mal. Claro que podemos mejorar y cuanto más sabemos, mayor responsabilidad tenemos.

Un abrazo, Asun 😉

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