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La Educación Silenciosa

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Reconozco que es muy delicado dar consejos sobre educación, habiendo hoy en día saturación de planteamientos teóricos generales y  que además no se adaptan del todo a la infinita variedad de familias, de padres, de niños,… de personas.

Últimamente me estoy dando cuenta de algo. Y es de que los padres y educadores actuales se exceden en dar consejos, guías, pautas,… a sus alumnos y niños, en el afán de que aprendan no solo más, sino fundamentalmente, mejor.

Pero parémonos un momento a observar a esos padres que están casi constantemente repitiendo sin cesar: “di buenos días, pórtate bien, pídelo por favor, da las gracias,…”, no tendrán tiempo de cierta tranquilidad y espontaneidad,… y el niño tampoco. Hay niños en cuyos oídos resuena constantemente la retahíla del padre o de la madre, o de ambos a la vez.

Nuestra palabra, la de los adultos, padres y educadores, no tiene tanto valor como le damos: no es tanto lo que le decimos al niño lo que más influencia va dejando en él, sino lo que HACEMOS delante de ellos y CÓMO lo hacemos. No son solo las normas, órdenes, prohibiciones o consejos lo que más les formará, sino vuestra manera de vivir, vuestras preocupaciones, vuestras respuestas emocionales, vuestros amigos, vuestro entorno, vuestro humor, vuestra sonrisa, el tiempo que le dedicáis al móvil estando con ellos, la música que escucháis, los programas de TV que veis, vuestras lecturas (cuántos padres desean que sus hijos sean lectores, les compran multitud de cuentos,… pero ellos no tienen nunca un libro entre sus manos).

Sin necesidad de dirigirse constantemente a él, sin emitir grandes principios teóricos, pero estando a su lado, se le enseña y él/ella aprende lo esencial de lo que debe saber. Y si los hechos están en contradicción con las palabras, son los hechos lo que más les impresiona, y lo que deja una huella más profunda.

Así que no es necesario estar todo el tiempo diciendo cómo tiene que hacer, sino también saber mostrarnos en silencio con un comportamiento equilibrado, coherente y consecuente. Por tanto, practica una buena Educación Silenciosa.

¿Sí?                Un abrazo, Asun 😉

Le dijeron que…

desmotivadoEn el colegio le dijeron que no valía, que era torpe, que no se le daba bien resolver problemas, que sus compañeros lo hacían mejor que él… Después, pasó por el instituto con más pena que gloria y ya ni se le ocurrió ir a la universidad. ¿Para qué?. Su sentimiento era de incompetencia total. Sus padres se convencieron de que su hijo no servía para los estudios, porque incluso los profesores se lo decían una y otra vez.

Ya de mayor y en un alarde de esfuerzo e incredulidad por su parte, descubrió que siempre se le había dado bien ensamblar piezas, y lo mismo montaba un mueble que un circuito eléctrico, aunque nunca se lo habían reconocido ni su familia ni los profesores. Por eso hacía arreglos y montajes tímidamente, porque le costaba creer que era capaz de hacer algo bien por sí mismo.

Este estado emocional arrastrado desde que tenía uso de razón, también le dificultaba las relaciones sociales y salir con chicas, porque las frasesno vales, no te sale, no vas a poder aparecían en su mente magnificadas en cuanto intentaba dar un paso y abrirse camino hacia su autoestima.

Así que  necesitó una larga terapia para deshacerse de la huella de negatividad que había quedado grabada a fuego en su cerebro. Con el tiempo, sus habilidades le permitieron encontrar un trabajo en un taller y ganarse la vida. Pero siempre vivió acompañado de ese lastre que unos adultos bienintencionados le fueron marcando desde su niñez.

¿Ficción o realidad? conozco muchos casos similares.

La educación, la buena educación es algo tan complejo que debiera ser necesaria una amplia formación, con firmes prácticas incluidas, para dedicarse a este oficio. Y si no vales, a otra cosa. Asimismo, ya que los niños no llegan a este mundo con manual de instrucciones, debiera ser precisa una intensa formación a los padres para moldear y modelar bien ese precioso ser humano que tenemos entre manos.

Se puede enseñar, reprender, responsabilizar y redirigir de muchas maneras. Así que cuidado con lo que decimos y cómo lo decimos.

Y si no lo sabes, preguntas, o acudes a escuelas de padres y madres, o te formas, o te interesas, o tratas de cambiar algo. Porque como dijo el sabio Einstein… si buscas resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo. Es de cajón, pero se nos suele olvidar.

Ánimo y un abrazo, Asun 😉

Érase una vez una niña que iba a un colegio de nuestro país…

Elisa, en la etapa de educación infantil, aprendió a leer antes que los demás y se mostraba entusiasmada ante cualquier nueva oportunidad de aprender y descubrir que la vida le ponía a su alcance, … pero la profesora le decía a menudo que no quisiera ir por delante, porque tenía que hacer las tareas, los trabajos y las actividades al mismo tiempo que sus compañeros. Comentarios similares a este, seguían teniendo lugar en el colegio en distintas situaciones.

La niña pasó, en el transcurrir de los meses, de una actitud abierta a otra de tristeza, ensimismamiento y falta de atención. Parecía que siempre estaba en las nubes, cuyas formas y movimientos, por cierto, le gustaba mucho observar.
En el medio familiar no entendían lo que pasaba, puesto que la niña era alegre y además ¡muy lista! Y se preguntaban el por qué de su cambio de actitud.
A Elisa, desde bien pequeñita, le apasionaba la música y, además, mostraba aptitudes para ello, así que sus padres decidieron matricularla en el conservatorio de la ciudad para tomar clases de violín, disciplina en la que pronto destacó sobre el resto de sus compañeros. Aún no había cumplido 9 años.
Estando en 4° de primaria, sus padres solicitaron una entrevista con el orientador, ya que veían que su hija era muy muy lista, pero mostraba distracción y poco interés por las actividades del colegio. El orientador no había recibido nunca una demanda sobre esta niña. Así que comenzó a realizarle las correspondientes evaluaciones, viéndose claramente que Elisa poseía altas capacidades y un talento muy especial para la música.
Los padres estaban recelosos de “catalogarla”, pues tenían miedo de que se produjeran rencillas con otros niños y dificultades en la respuesta educativa del colegio. Aún así, accedieron a ello.
Entre otras medidas, el orientador recomendó diferentes adaptaciones para todas las áreas y, de forma específica, para música, dando sugerencias, consejos y pautas (recogidas dentro de la correspondiente adaptación curricular individual) para que Elisa se sintiera bien emocionalmente y tuviera oportunidades de aprender a su ritmo, mostrar sus aprendizajes y desarrollarse de forma equilibrada y armónica según sus características y necesidades.
Un día, al salir de la clase de música, el orientador se cruzó con ella y percibió un gesto de disgusto en su cara, así que aprovechó para invitarla a hablar un poco con él. La niña le contó que en clase le pidió a la profesora si podía tocar una pieza de Mozart que le salía muy bien en el conservatorio,…¡estaba entusiasmada con sus progresos con el violín!… pero la profe le dijo que no, que no quisiera correr tanto y que, en todo caso, ya la tocaría a final de curso.
El orientador, indignado por la actitud de la profesora y por el nulo caso que había hecho a sus recomendaciones, fue a hablar con ella, le recordó que era una niña con necesidades educativas especiales y, ante su sorpresa, le dijo que Elisa podía tener altas capacidades y ser muy buena para la música y que para eso estaban sus padres, para ayudarla y llevarla al conservatorio, pero que en su clase, no podía permitir que fuera por delante de los demás.
Y bueno, así se sigue entendiendo la educación, el talento, las adaptaciones curriculares, la personalización de la enseñanza, las competencias emocionales, etc, etc, etc,… en muchos colegios de nuestros país.
Sacad vuestras propias conclusiones. Y si tenéis algo que ver con la educación, por favor, nunca lo hagáis así de mal. En estos casos, debiera ser obligatorio evaluar al profesorado y si no está preparado,… poder adoptar medidas.

La educación no es una broma, ni la docencia solo un medio de ganar el sueldo. La responsabilidad de los adultos es infinita. Y cambiar lo que no se hace bien, es de sabios.
Un abrazo y hasta otro día 😉

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