Psicología, Educación, Salud y Vida

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Padres… ¿Es que no os dais cuenta cuando hacéis algo así?…

Esta mañana, a eso de las 11, entro a un bar a tomar un café con hielo, me siento en una mesa y, como me encanta observar, me encuentro con la siguiente situación:

Entre otras personas (no muchas) en la barra hay una mamá, tomando una cerveza (claro, hace mucho calor)… con un niño, su hijo, de unos 6 años, alrededor de ella. El niño toma una Coca-Cola. Mamá habla con dos chicos (a los que debe conocer porque hablan amigablemente) de unas terceras personas.

Y, con el niño delante, sin tener en cuenta si está o deja de estar, comenta su mamá, con esta riqueza de vocabulario: “Es que son dos mongolitos. Son subnormales. Qué se han pensado”… y los otros le ríen la gracia. Y en el bar se forma un corrillo alrededor de ella aportando cada cual su chascarrillo descalificador hacia los que no están. Y el niño con la antena puesta. Aprendiendo sin parar.

Y ella sin acordarse del montón de veces que ha oído en el cole que los niños aprenden básicamente por imitación y por modelos.

Es una mamá que conozco y sé que es de las que tiene costumbre de ir al cole a quejarse a los profes de cómo tratan a su hijo y, ante cualquier situación, la culpa la tienen los demás. Ella se jacta de lo bien que educa a su pequeño, porque le lleva a muchas actividades extra escolares y le da todo lo que pide.

Y yo me pregunto en ese momento sobre la gran confusión educativa que existe y la falta de modelos familiares y sociales estables y coherentes que ayuden mínimamente a nuestros pequeños a desarrollarse equilibrada y armónicamente en el respeto y la responsabilidad. Y me dan pena los niños. En muchos casos, lo tienen muy difícil.

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¿Cómo está tu cubo?

En mi charla sobre la felicidad utilizo la metáfora del cubo y el cucharón porque es de lo más ilustrativa.
Ser amable y generoso es fundamental para ser feliz; además, mejora nuestro rendimiento. Sólo depende de la voluntad de querer serlo, y las consecuencias en la satisfacción con nuestra vida pueden ser muy grandes.
Según diferentes investigaciones, son más felices las personas amables y generosas. De esto no hay duda.

Hay opuestos a la amabilidad, identificados en lo que el Dalai Lama denomina ‘ladrones de la felicidad’ y son las personas con hostilidad, irritabilidad, hosquedad y antipatía. Estas actitudes generan unos efectos en uno mismo y en los demás, incompatibles con el bienestar y la felicidad.
Donald Clifton es considerado por la American Psycological Association el “padre” de las fortalezas psicológicas y el “abuelo” de la Psicología Positiva. Fue presidente de Gallup y creó el buscador de fortalezas Clifton. Junto con su nieto Tom Rath, escribió un maravilloso libro: “Cómo potenciar tus emociones positivas. ¿Está lleno tu cubo?”
En el libro, Clifton y Rath recogen la teoría del cucharón y el cubo que se puede resumir así:
“Cada uno de nosotros posee su propio cubo. El cubo se llena o vacía permanentemente en función de lo que otros nos dicen o nos hacen. Cuando nuestro cubo está lleno, nos sentimos bien; cuando está vacío, fatal.
Cada uno de nosotros dispone también de un cucharón. Cuando empleamos nuestro cucharón para llenar los cubos de los demás -siempre que hacemos o decimos algo que potencie sus emociones positivas- también estamos llenando nuestro propio cubo. Pero cuando utilizamos nuestro cucharón para vaciar los cubos de los demás- siempre que hacemos o decimos algo que merme sus emociones positivas- nos vaciamos nosotros mismos.
Igual que las copas llenas a rebosar, un cubo lleno nos proporciona una perspectiva positiva y energías renovadas. Cada gota del cubo fortalece y refuerza nuestro optimismo. Sin embargo, un cubo vacío enturbia nuestra mirada, socava nuestra energía y debilita nuestra voluntad. Por eso, cuando alguien se dedica a vaciar nuestro cubo, nos duele.
De esta manera, cada día nos encontramos ante una disyuntiva: podemos llenar los cubos de los demás o podemos vaciarlos. Se trata de una elección fundamental, capaz de afectar profundamente a nuestras relaciones, nuestra capacidad de trabajo, nuestra salud y nuestra felicidad”.
Ser amable nada nos cuesta y genera ondas expansivas positivas que fomentan la colaboración y la confianza.
En cualquier entorno del ser humano, la amabilidad o su ausencia se contagian, contribuyendo al aumento o disminución de nuestra felicidad y de la de los demás.

Como casi siempre, la decisión está en nuestras manos. Pongámonos a ello. 😉

¡Brilla en verano!

Tiempo de verano, de soltarse la melena y dejarse muchos de los condicionamientos que nos autoimponemos. El cuerpo más desnudo, la mente más libre. Esto es bueno, saludable y necesario. Pero cuidado con que esa libertad afecte solo al cuerpo. La mente también lo necesita, sin dejarte llevar solo por los consejos de las revistas, sino cuestionándote tu integridad lejos de falsas fachadas. 

La belleza es más auténtica cuando surge de dentro. Por muchos potingues que nos echemos  y apaños que nos hagamos, si no hay esa esencia dentro, poco vamos a brillar.  

Así que resplandece con luz propia, porque esta luz nunca se apaga. ¡No lo olvides! 

Un abrazo y feliz verano 😘

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