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Evaluación y abrazos…

abrazo.madre.hijaEsta mañana tenía prevista una “evaluación” a una niña de 11 años porque, según la demanda de una profesora, tiene problemas que afectan a su estado emocional.

Quiero aclarar que, en mi calidad de psicóloga-orientadora, aunque gran parte de mi arsenal laboral está formado por test psicopedagógicos de todo tipo, cuestionarios, pruebas, escalas de observación y diagnóstico,… hace tiempo que, en muchísimos casos, voy dejándolas a un lado y cierto es que cada vez las utilizo menos. Esto lo hago así porque prefiero dejarme guiar por la escucha activa, por la empatía, por analizar el lenguaje corporal,… y por saber mirar dentro de los ojos de los niños, cuyas miradas me conducen directamente a su corazón.

Así que la he traído conmigo y, de forma diferente a la que evalúo otras veces, he eliminado la mesa como obstáculo que nos impedía que nuestras mentes y almas se acercaran un poco más. Yo tenía la información previa de que está pasando un mal momento en el ámbito familiar y que necesita mucho afecto y apoyo. Transcurrido el primer tanteo cognitivo por su parte  (¿quién es esta profe?, ¿qué querrá de mí?, ¿qué me va a preguntar?…), nos hemos sentado en sendas sillas bien cerquita y hemos comenzado a hablar. A medida que la niña iba desentrañando su nudo emocional, lloraba, primero suavemente, después fuertemente, ha sentido que podía confiar en mí y podía llorar sin necesidad de palabras,… nos hemos agarrado las manos, y yo también sentía que le transmitía cierta seguridad y se liberaba levemente del dolor. Ella hablaba, me contaba lo que le pasa, lo que le duele, lo que no entiende,… yo le acompañaba en sus sentimientos, le hacía entender que la comprendía, había empatía a flor de piel, le daba esperanzas sobre el conflicto que tiene, le marcaba formas de abordarlo y de confiar en que todo podía mejorar, trataba de darle un poco de luz en el túnel en el que está inmersa. De tener las manos agarradas, hemos pasado a un gran e intenso abrazo, en silencio, que ha durado unos buenos minutos. La niña lo necesitaba. Al final, se ha sentido reconfortada, ha sido capaz de sonreír, y he visto más brillo y un poco más de luz en sus ojos.

Y así ha transcurrido la evaluación. Sin necesidad de test, mesas por medio, tomar notas, sacar estadísticas ni conclusiones numéricas,… etc. Sólo dos seres humanos. Compartiendo, comprendiendo y reconfortando. De corazón a corazón. Llano, simple y necesario. Una de mis últimas intervenciones de la que más satisfecha me siento. Esto sí que es obtener buenos resultados. Poco a poco lograremos más, muchos más, hasta que el dolor se convierta en aceptación, comprensión, aprendizaje y evolución.  Nos volveremos a ver. Seguro.

La Inteligencia Emocional al servicio de la Educación. Como debe ser. Un abrazo, Asun 😉

A vueltas con las Habilidades Sociales…

genteAunque este tema ya lo hemos visto algún otro día, me gusta insistir en aquello que considero válido para todos, así que voy a seguir recordando que las habilidades sociales o de comunicación son fundamentales en la vida diaria, necesitando el desarrollo y adecuado manejo de las mismas para ser socialmente competentes, autónomos e independientes.  El desarrollo de las habilidades sociales nos lleva a pensar por nosotros mismos, tomar decisiones y solucionar problemas desde una reflexión personal en consonancia con nuestros intereses y necesidades.

En un curso de coaching me solicitaron un ejercicio que debía consistir en elegir con qué habilidad social me sentía más identificada. Lo que sigue fue mi sencillo análisis.

Con relación a la ASERTIVIDAD, (capacidad que permite a todo ser humano ser hábil al momento de comunicar sus ideas, de tomar una decisión y de relacionarse con el resto de las personas), la misma nos permite sentirnos bien con nosotros mismos y con los demás, siempre y cuando la asertividad sea auténtica  (con coherencia entre lo que se dice y lo que se hace), esté diferenciada para cada persona (porque cada ser humano es único) y entendamos que la empatía (ponernos en el lugar del otro) es fundamental en el proceso.

Aunque una persona no sea inicialmente asertiva, como cualquier otra habilidad del ser humano, es susceptible de aprenderse, entrenarse y mejorarse, a través de las técnicas de entrenamiento asertivo y habilidades sociales  o de comunicación. Solo es cuestión de desearlo y ponerse a la tarea.

Con relación a la ESCUCHA ACTIVA, la práctica de la misma nos permite mejorar la comunicación, a través de una actitud positiva hacia la escucha, con atención y cuidado, comprendiendo lo que nos dice nuestro interlocutor, y estando psicológicamente presentes hacia la otra persona, sin juicios ni valoraciones. Así, se crea un clima favorable que facilita la apertura y la cooperación.  Tan importante es saber transmitir información como saber escuchar para recoger lo que quiere decirnos la otra persona.

La EMPATÍA nos permite comprender emocionalmente a las personas que tenemos a nuestro alrededor, poniéndonos en su lugar, entendiendo lo que el otro siente,  piensa y busca. Me pongo en su lugar tratando de leer sus emociones, sin necesidad de implicarnos afectivamente ni enjuiciar la situación. La empatía nada tiene que ver con la simpatía como concepto.

OPINIÓN PERSONAL

Una vez hecho este breve análisis de las habilidades de comunicación más comunes y conocidas, considero que me siento identificada con todas ellas, puesto que las mismas no son excluyentes, sino que se complementan a la perfección, siendo difícil encontrar personas asertivas, pero que no sean capaces de presentar conductas de escucha activa o empatía. La misma definición de asertividad, lleva implícita la empatía y la escucha activa.

Efectivamente la persona empática es capaz de escuchar activamente a los otros, comprenderles y comunicarse eficazmente, dejando a su alrededor un halo de energía positiva que hace deseable estar con ellos.

Así que aunque no me parece adecuada la disyuntiva de tener que elegir entre estas opciones de habilidades de comunicación, si tuviera que hacerlo, y citar aquella con la que me sienta más identificada, me quedaría con la ASERTIVIDAD, pero dando por hecho, como digo, que la misma conlleva la empatía y la escucha activa, al menos en mi vida. Mis estudios, experiencias vitales y sentido común, así me lo han hecho ver.

Como ejemplo que corrobora lo que digo, en mi profesión de Psicóloga y orientadora educativa, me pongo a disposición de los otros, soy asertiva, practico necesariamente la escucha activa y necesito un grado de empatía elevado, considerando que es una cualidad que he desarrollado bien a lo largo de mi vida. Mis relaciones en el medio laboral y social en general, así lo confirman. Aunque bien es cierto que siempre hay espacio para mejorar y para más aprendizajes. Nuestra mente maravillosa nos permite cambios, evolución y mejora en cada momento de nuestra vida.

Una vez hecha esta reflexión personal…. ¿cómo andas tú de estas tres habilidades? 😉

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