Psicología, Educación, Salud y Vida

Entradas etiquetadas como ‘evolución’

Sentir… Sentir… Sentir…

image

La inteligencia emocional también es sentir y tener conciencia de tu sentimiento, para disfrutarlo y conservarlo, o despedirlo y modificarlo.

Sentir que amas, sentir que te aman, sentir lo capaz que eres de hacer felices a los demás con pequeñas cosas, sentir lo feliz que te hacen a tí otras pequeñas-grandes minucias,… sentir cómo te emocionas cuando vas a ver a tu madre, o disfrutas de tus hijos, o preparas esos regalos para los amigos, o te tomas un café a solas contigo misma y tu complicidad.

Sentir y saborear que en el año que está a punto de acabar, el mundo me ha puesto en bandeja el conocimiento de nuevos y bellos lugares, así como de personas que ya serán no sólo insustituibles, sino necesarias en mi vida…

Sentir que mi paso por el mundo no es fortuito, que todos tenemos una misión, y que en cuanto notas que estás haciendo algo en esa línea, se te llena el alma, y esta plenitud puede ser a la vez un vacío, porque lo vivencias como un hueco en la pared abdominal que, en realidad, no es un hueco, sino un gran llenazo en forma de energía.

Sentir que vives, que respiras, que lloras, que amas, que ganas, que pierdes, que deseas, que evolucionas, que sueñas,…. sentir, sentir, sentir,…. Preciosa palabra.
#Reflexionesdefindeaño

Un abrazo, con mis mejores deseos para 2014. Asun  😉 

Anuncios

El punto ciego

ventana ciega

El padre del concepto de Inteligencia Emocional, Daniel Goleman, nos explica con multitud de ejemplos y situaciones, la habilidad que tenemos los seres humanos para autoengañarnos, con la finalidad de protegernos emocionalmente del dolor que nos produce el fracaso y la ansiedad derivada de ello.

¿En qué consiste esto? Muy sencillo, el cerebro selecciona la información a través de un filtro que nos ayuda a disminuir las percepciones negativas.  Así, se bloquea la atención y se minimiza el impacto de las decepciones.

Los puntos ciegos que cada uno desarrollamos, tienen mucho que ver con la atención que prestamos a los acontecimientos que nos rodean. Ya lo dice la sabiduría popular… ojos que no ven, corazón que no siente.

Pequeñas mentiras aceptadas, dobles mensajes, ocultar nuestros verdaderos sentimientos, verdades a medias,… son “puntos ciegos” de nuestra conducta y nuestras vidas. A veces, cumplen cierta función social; en otras ocasiones, esconden todo un mundo emocional contradictorio que no queremos que se vea y, sin embargo, se ve mucho.  Por ejemplo, la discordancia entre lo que decimos y defendemos, y nuestra conducta.

Si observamos a muchos de nuestros políticos, es fácilmente deducible que gran parte de ellos tienen muchos “puntos ciegos”, pero no desde el inconsciente de la autoprotección emocional, sino desde el consciente de manipular la información y engañar y confundir a la opinión pública. Los puntos ciegos tienen muchos matices.

Pero todos queremos evitar la ansiedad, que se lleva parcelas de nuestra consciencia y nos crea esa especie de neblina mental que llamamos “puntos ciegos”.  Y estos son los causantes de muchos estados mentales insanos. Así que debemos tratar de buscar una visión más profunda que nos lleve a comprender y a ser honestos,  sin faltar a la verdad.

Cuestiónate, cuando das una opinión, si eso es realmente lo que piensas  y sientes o si, por el contrario, estás usando muchos puntos ciegos para defenderte de sufrimientos mayores y más profundos.

Para entenderlo mejor, una persona normal que denuncia algún tipo de abuso públicamente, deja al descubierto los “puntos ciegos” de los demás, que prefieren mantenerse en silencio escondiendo la cabeza o mirando para otro lado.

Cuando sientas y percibas verdades ocultas que afectan a otro ser humano, no formes parte de la conspiración del silencio manteniéndote callado ante hechos turbadores. Agita la monotonía, combate la mentira colectiva.  Cuestiónate si lo que dices y haces es lo que piensas y deseas hacer. Solo a través de la reflexión y la autocrítica, podemos avanzar. Solo así   podremos mejorar y evolucionar personal y socialmente.

Como siempre, la virtud se encuentra en algún punto entre ambos extremos, pero no te permitas que tu vida esté plagada de mentiras vitales, cíñete a decir las verdades más simples, por difícil que parezca, eligiendo siempre un buen modo de decirlo y hacerlo… en esa dirección está el sendero que conduce al equilibrio individual y a la sabiduría.

¡Estamos en constante evolución, pero vigila que sea hacia mejor!   Un abrazo, Asun 😉

Y… ¿Quién reconoce a los docentes?

education

 Cierto es que la educación está bastante desprestigiada y que hay muchísimos aspectos a mejorar. Ya he comentado otros días que nuestro actual modelo educativo está obsoleto…, que los contenidos que se enseñan para nada responden a las necesidades de la sociedad actual…, que el aprendizaje está demasiado compartimentado en áreas y parcelas…, que gran parte del profesorado y muchos centros desconocen qué es trabajar los talentos, o cómo los niños tienen diversas inteligencias (múltiples) que interactúan entre sí…, y que no se cuestionan que las emociones son el filtro indiscutible por el que pasa todo aprendizaje…

Sin embargo, esto no justifica la falta de reconocimiento social que tiene esta magnífica profesión, no solo en lo económico (recortes constantes, bajadas de sueldos, eliminación de paga extra, …) sino, fundamentalmente, en el aspecto emocional.

Siendo una de las profesiones con mayor grado de compromiso, el profesorado debiera estar más y mejor cuidado por parte del entramado social. Porque en manos de los docentes está una importante parte de la responsabilidad de cómo será la sociedad venidera. No suelo ver en prensa, ni en programas de difusión, la valoración de este colectivo. Al contrario, se critica porque tienen muchas vacaciones, trabajan poco, son unos privilegiados de la sociedad,…

Quizá, en este momento, un sueldo de maestro o de funcionario docente sea un privilegio pero, hace cuatro días, cuando muchos se llenaban rápidamente los bolsillos, principalmente con el ladrillo, éramos los pobrecillos que apenas teníamos opción de evolucionar económicamente porque había lo que había, sin expectativa de más, por aquello de la dedicación exclusiva.

Hay muchos organismos, gabinetes, empresas, que realizan constantemente evaluaciones sobre cómo se siente el profesorado. A día de hoy, más del 85% cree que su reconocimiento social es peor que el de hace unos años o décadas, y más del 70% de los docentes cree que la cantidad de cambios legislativos incide de forma negativa en el prestigio del colectivo. Por no hablar de la desconsideración de muchas familias, que (aunque en contadas ocasiones sea con razón, la gran mayoría lo es sin ella), ningunean al profesor delante de sus hijos y de cualquier persona, solo porque no les ha gustado un determinado proceder con relación a sus vástagos.

Y, ¡qué queréis que os diga!, en mis primeras reuniones de septiembre con diferentes grupos de profesores, también estoy viendo mucho entusiasmo, ganas de hacer las cosas cada vez mejor, interés por hacer agrupamientos que tengan sentido, apertura hacia algunas propuestas novedosas,  alegría por haber empezado el curso y reencontrarse con los compañeros y con los niños,… y otros muchos matices positivos que me llevan a pensar que, en educación, hay mucho potencial para mejorar y que las cosas cambien.

Pero las familias, los ayuntamientos, los diferentes grupos sociales, los organismos, los políticos,… debieran contribuir a una mejora de nuestra imagen y decir, de vez en cuando, lo bien que se hacen las cosas.

 El ser humano funcionamos por refuerzos,… si tu entorno ignora lo que haces bien, quizá lo repitas…, pero si tu entorno te dice lo bien que haces lo que haces bien, seguro que tiendes a repetirlo y con mayor entusiasmo todavía. ¿Estamos?

Así que también es necesario el reconocimiento social del profesorado como elemento de mejora en la tarea docente. Y cada cual podemos contribuir desde nuestra parcela vital.

¡Feliz curso! No solo a los docentes, sino a familias y a todo el entramado social. La educación está en manos de todos. Sin duda.

Un abrazo, Asun 😉

Nube de etiquetas