Psicología, Educación, Salud y Vida

Entradas etiquetadas como ‘familias’

Érase una vez una niña que iba a un colegio de nuestro país…

Elisa, en la etapa de educación infantil, aprendió a leer antes que los demás y se mostraba entusiasmada ante cualquier nueva oportunidad de aprender y descubrir que la vida le ponía a su alcance, … pero la profesora le decía a menudo que no quisiera ir por delante, porque tenía que hacer las tareas, los trabajos y las actividades al mismo tiempo que sus compañeros. Comentarios similares a este, seguían teniendo lugar en el colegio en distintas situaciones.

La niña pasó, en el transcurrir de los meses, de una actitud abierta a otra de tristeza, ensimismamiento y falta de atención. Parecía que siempre estaba en las nubes, cuyas formas y movimientos, por cierto, le gustaba mucho observar.
En el medio familiar no entendían lo que pasaba, puesto que la niña era alegre y además ¡muy lista! Y se preguntaban el por qué de su cambio de actitud.
A Elisa, desde bien pequeñita, le apasionaba la música y, además, mostraba aptitudes para ello, así que sus padres decidieron matricularla en el conservatorio de la ciudad para tomar clases de violín, disciplina en la que pronto destacó sobre el resto de sus compañeros. Aún no había cumplido 9 años.
Estando en 4° de primaria, sus padres solicitaron una entrevista con el orientador, ya que veían que su hija era muy muy lista, pero mostraba distracción y poco interés por las actividades del colegio. El orientador no había recibido nunca una demanda sobre esta niña. Así que comenzó a realizarle las correspondientes evaluaciones, viéndose claramente que Elisa poseía altas capacidades y un talento muy especial para la música.
Los padres estaban recelosos de “catalogarla”, pues tenían miedo de que se produjeran rencillas con otros niños y dificultades en la respuesta educativa del colegio. Aún así, accedieron a ello.
Entre otras medidas, el orientador recomendó diferentes adaptaciones para todas las áreas y, de forma específica, para música, dando sugerencias, consejos y pautas (recogidas dentro de la correspondiente adaptación curricular individual) para que Elisa se sintiera bien emocionalmente y tuviera oportunidades de aprender a su ritmo, mostrar sus aprendizajes y desarrollarse de forma equilibrada y armónica según sus características y necesidades.
Un día, al salir de la clase de música, el orientador se cruzó con ella y percibió un gesto de disgusto en su cara, así que aprovechó para invitarla a hablar un poco con él. La niña le contó que en clase le pidió a la profesora si podía tocar una pieza de Mozart que le salía muy bien en el conservatorio,…¡estaba entusiasmada con sus progresos con el violín!… pero la profe le dijo que no, que no quisiera correr tanto y que, en todo caso, ya la tocaría a final de curso.
El orientador, indignado por la actitud de la profesora y por el nulo caso que había hecho a sus recomendaciones, fue a hablar con ella, le recordó que era una niña con necesidades educativas especiales y, ante su sorpresa, le dijo que Elisa podía tener altas capacidades y ser muy buena para la música y que para eso estaban sus padres, para ayudarla y llevarla al conservatorio, pero que en su clase, no podía permitir que fuera por delante de los demás.
Y bueno, así se sigue entendiendo la educación, el talento, las adaptaciones curriculares, la personalización de la enseñanza, las competencias emocionales, etc, etc, etc,… en muchos colegios de nuestros país.
Sacad vuestras propias conclusiones. Y si tenéis algo que ver con la educación, por favor, nunca lo hagáis así de mal. En estos casos, debiera ser obligatorio evaluar al profesorado y si no está preparado,… poder adoptar medidas.

La educación no es una broma, ni la docencia solo un medio de ganar el sueldo. La responsabilidad de los adultos es infinita. Y cambiar lo que no se hace bien, es de sabios.
Un abrazo y hasta otro día 😉

Con gran emoción…

Acabada por este curso la primera escuela de padres y madres en el colegio Montessori de Logroño, me gusta recordar algunos elementos-clave en la educación que seguro que son de utilidad para todas las personas que lo lean. 

 ◦ Las mejoras en educación no se componen de grandes proyectos sino de pequeños detalles, que son los que conforman nuestras relaciones.

 ◦ No olvidéis mirarles cuando les habléis, transmitir los mensajes claros, tener en cuenta el lenguaje verbal, corporal y gestual.

 ◦ Insistid en fortalecer el vínculo, que es la base de la relación emocional-comunicativa. No temáis decirles a menudo que les queréis, pero no sólo con palabras, sino acompañadlo con vuestra actitud. El amor es la base del desarrollo equilibrado.

 ◦ Habladles de las emociones, de cómo se sienten, de cómo os sentís vosotros, tratando de ampliar el vocabulario emocional en vuestra comunicación con ellos y con otros adultos.

 ◦ No os anticipéis a sus respuestas, dejadles elaborarlas por ellos mismos y que vayan formando su criterio propio y opinión, respetándoles, aunque no coincida siempre con el vuestro.

 ◦ ¡Jugad con ellos! El juego, (no siempre es necesario un juguete) es una inmensa fuente de aprendizaje. Es bueno que jueguen solos y con otros peques, pero también es necesario que jueguen con vosotros. Los lazos emocionales y afectivos se refuerzan y consolidan a través del juego.

 ◦ Cuando estéis con ellos, no estéis a medias, sino al 100%. Dejad el móvil en otro lugar y sin voz. Ya vimos que no es tan importante mucha cantidad de tiempo sino la calidad del mismo. 

 ◦ No os dejéis manipular cuando quieren salirse con la suya a costa de vuestra paciencia. Estableced unas normas y límites en función de su edad. A medida que se van haciendo mayores, deben saber que hay cosas que no se pueden hacer, que la conducta tiene consecuencias y que los papás están de acuerdo con esas pautas. No hay nada peor que la falta de coherencia y consistencia educativa en la pareja, porque a los niños se les desorienta y no saben para dónde tirar. Por supuesto, consensuadlas con ellos en la medida de lo posible. Tampoco es necesario que haya normas para todo, sino para aquellos aspectos en los que es importante su colaboración, responsabilidad y mantenimiento de unos hábitos de convivencia saludables.

 ◦ Para censurar o corregir una conducta no hace falta dar gritos ni mostrar una expresión iracunda: eso no enseña, sólo atemoriza. El amor y la firmeza no están reñidos. Pueden saber que estamos enfadados por algo (y mostrarlo en un tono de voz normal), pero que eso no tiene que ver con su persona, sino con su comportamiento. Acordaos de corregir en base al verbo “hacer” y no en base a su persona, al “ser”. 

 ◦ Dejadles mancharse, jugar con barro, revolcarse en la hierba, observar lo que les llame la atención,… ello les proporciona la más rica experimentación y desarrollo de los sentidos en su amplia expresión. Las sinapsis o conexiones neuronales que forman las redes cerebrales son inmensas (solo como curiosidad, un bebé al nacer tiene un promedio de 100.000 millones de neuronas cerebrales, con pocas conexiones. Se multiplican a medida que crece mediante la estimulación ambiental, sensorial, emocional,… de modo que a los cuatro años puede llegar a ¡1000 billones de conexiones neuronales!)… así que cuantas más oportunidades les demos de descubrir por ellos mismos el entorno y el mundo, mucho mejor. No necesitan que el adulto estemos encima dirigiéndoles constantemente el aprendizaje.

 ◦ ¡Haced ejercicio y gimnasia juntos! Saltad, corred, bailad, moved el cuerpo… Libera tensiones y es divertido y saludable. También de este modo se fortalece el vínculo y los lazos emocionales. Ya conocemos el aforismo del poeta romano Juvenal: “mens sana in corpore sano”. 

Cuidad su alimentación. El ser humano en gran medida somos lo que comemos. Insertar las frutas y verduras como algo que es bueno y no por obligación. Minimizad los alimentos procesados y las chuches. 

 ◦ Sed flexibles. Hay acciones que podemos y debemos revisar, y un mismo comportamiento ante diferentes situaciones, puede tener una lectura distinta. El sentido común y nuestras crecientes competencias emocionales nos ayudarán a ello.

 ◦ Practicad la empatía con los adultos y niños. Es más fácil saber cómo se siente el otro si te acostumbras a ponerte en su lugar. Y antes de censurar y recriminar, recuerda pensar si te gustaría que te llamaran la atención de ese modo. 

 ◦ Hacedles responsables y autónomos. Cuanto más, mejor. No hagáis por ellos lo que ya pueden hacer por sí solos. Aunque les salga mal. Dadles tiempo y tened paciencia. Ya irán mejorando. Es la forma de aprender. 

… Y bueno… 

 ◦ Enseñadles con emoción la fantástica naturaleza, describidles las estaciones y su magia, mostrarles las flores, plantas y árboles. Que aprendan a distinguir un peral de un manzano y una acelga de una borraja. Con tanta tecnología y casi sin darnos cuenta, estamos dejando atrás lo más relevante para el ser humano: el medio natural que es nuestro sustento primigenio y real. No es suficiente que tengáis un parque al lado o jardín en casa (aunque es beneficioso). Salid al campo, al monte, al mar, y a huertas de vez en cuando.

 ◦ Mostradles con respeto (para que aprendan a respetarlos) los animales, insectos y pájaros en los parques, y que observen sus sonidos y su forma de comunicación. Emocionaros vosotros también para que ellos lo hagan por doble fuente de aprendizaje (la propia naturaleza y vosotros).

 ◦ Y no perdáis de vista la cultura, las artes, el cine, la música, la expresión corporal, la lectura,… id con ellos a museos y exposiciones. Y que os vean con un libro con frecuencia, no sólo el cuento que les leéis a ellos, sino disfrutando de la lectura por vosotros mismos. Transmitidles el amor por otras culturas, lugares, pueblos y países. Viajad con ellos, pero como viajeros y no como simples turistas. 

En fin, aunque solo consigamos un pequeño porcentaje de todas las mejoras posibles, no dudéis de que estáis en buen camino. Solo con que os cuestionéis vuestra forma de educar y tratéis de mejorar en lo que podáis , ya es un paso de gigante.

…. De todo esto y de más, trata cuando hablamos de la inteligencia emocional y de educar con competencias emocionales… Continuará…

Un abrazo.   Asun 😉

Odio las matemáticas!… 

  

  
Puede suceder que, sin saber bien por qué, cambia sustancialmente el rendimiento del alumno. Empieza a odiar las matemáticas o cualquier otra disciplina. 
Y quizá ni él/ella sabe expresar qué le ha pasado, ni el profesorado indagar en su mundo emocional para comprenderle un poco mas y echarle una mano. Y lo que es más grave, ni tan siquiera piensa que esa forma de ponerle en evidencia irónicamente el otro día porque no supo resolver esa pregunta en mates, estaba siendo una losa a partir de la cual Luis iba a detestar esa materia, porque todo aprendizaje tiene un fuerte componente emocional y afectivo. 

El chico/a no sabe bien qué le pasa, y le cuesta expresar sus dificultades a sus padres o a sus profes, y estos tampoco saben verlas, porque a la vista de todos es una tontería o quizá es que no se esfuerza lo suficiente.

¿Cómo no iba a afectarme que Don José nos lanzara una pequeña pelota de goma (sin intención de hacer daño, claro,… o eso decía) cada vez que no sabíamos contestar delante de la clase esa pregunta o ese cálculo que nos estaba pidiendo? Qué vergüenza y mal rato pasaba yo. Qué apuro después para dar otras respuestas (aunque me las supiera) por la inseguridad de hacerlo bien o mal. Cómo sentía dañada mi autoestima. Qué mal hacer. Qué dolor emocional. Por supuesto, odié las matemáticas, y llegué a pensar que mi capacidad estaba limitada hacia ese área del saber. Qué huella tan nefasta. 

Los adultos necesitamos aprender a ver que un pequeño obstáculo en la vida de sus hijos/alumnos puede hacer cambiar por completo el rumbo de sus vidas. Como vemos, pequeños detalles nos han dejado (y siguen dejando) en la estacada de las matemáticas, de las ciencias, de la física, de la literatura o de la interpretación de textos. Cuando todo ello debiera formar parte del bagaje elemental y ser soporte en el aprendizaje del ser humano. 
A veces un alumno se pierde en unos ejercicios y no sabe resolverlos, y nadie le explica la aplicación práctica de los mismos, cuando es mucho más sencillo aprender relacionando lo que estudiamos con la experiencia. Sólo así el aprendizaje se torna significativo. 

Estoy convencida de que los centros educativos debieran abrir las puertas del conocimiento de otra forma, para lograr que los alumnos aprendan a leer el mundo desde todas las disciplinas y así lo puedan explorar después y entender por su cuenta. ¡Qué experiencia tan maravillosa! 
Cuando un chico o una chica se extravía por las ciencias, o detesta la literatura, no suele ser porque le falte capacidad para ello, sino porque ni los adultos ni los centros educativos saben mostrarle la visión global del mundo, de todas las disciplinas y acompañarle en ello. 

Las ciencias, las letras, la tecnología, las artes… están presentes en nuestras vidas de forma interrelacionada. Ser ignorantes totales en algunas de esas dimensiones nos limita, y nos impide forjar una opinión propia, siendo críticos y analistas con lo que nos rodea. Los chicos deben aprender a observar y a hacerse-hacer preguntas constantemente.

Solo así se ama el conocimiento y se desea descubrir más y más. Pero primero los adultos debemos tenerlo claro también como necesidad prioritaria en la educación. 

Dejarnos de la cerrazón de lo establecido, desplegar las alas de la creatividad y hacer algo por nosotros mismos, mucho más allá que la simpleza y la rutina de dar matemáticas o lenguaje año tras año con los mismos recursos (por muchas tablets que tengamos) y similar metodología.

No esperes a que a otros se les ocurra. Es algo con tanto sentido común, que ya estás tardando si no enseñas de manera interrelacionada y por descubrimiento, no explicando sin más, sino planteando interrogantes. No pienses en dar una lección magistral, plantea una duda y verás la riqueza de la mente y el corazón de tus alumnos. 

Es necesario pensar en la educación cada día. ¡Es tan tan importante!. Ahí está el futuro de un país y de una sociedad. 

Un abrazo, Asun 😉

Nube de etiquetas