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¿Tienes hijos? Esto es lo que te dirían…

niño.escribeEste escrito es conocido por muchos. Pero cada vez que lo releo, me hace reflexionar sobre la sabiduría de los niños y la falta de saber hacer de muchos mayores.     

  1. No me des todo lo que te pido.  A veces, sólo pido para ver hasta cuánto puedo coger.
  2. No me grites. Te respeto menos cuando lo haces y me enseñas a gritar a mí también. Y…  yo no quiero hacerlo.
  3. No me des siempre órdenes. Si en vez de órdenes, a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.
  4. Cumple las promesas, buenas y malas. Si me prometes un premio, dámelo; pero también si es un castigo.
  5. No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o mi hermana. Si tú me haces sentirme mejor que los demás, alguien va a sufrir; y si me haces sentirme peor que los demás, seré yo quien sufra.
  6. No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que debo hacer. Decide y mantén esa decisión.
  7. Déjame valerme por mí mismo. Si tú haces todo por mí, yo nunca podré aprender.
  8. No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que las diga por ti, aunque sea para sacarte de un apuro. Me haces sentirme mal y perder la fe en lo que me dices.
  9. Cuando yo hago algo malo, no me exijas que te diga el por qué lo hice. A veces ni yo mismo lo sé.
  10. Cuando estés equivocado en algo, admítelo, y crecerá la buena opinión que yo tengo de ti, y así me enseñarás a admitir mis equivocaciones.
  11. Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con que tratas a tus amigos. Porque seamos familia no quiere decir que no podamos ser amigos también.
  12. No me digas que haga una cosa si tú no la haces. Yo aprenderé siempre lo que tú hagas, aunque no me lo digas. Pero nunca haré lo que tú digas y no hagas.
  13. Cuando te cuente un problema mío, no me digas “no tengo tiempo para bobadas”, o “eso no tiene importancia”. Trata de comprenderme y ayudarme.
  14. Acéptame como soy y no como te gustaría que pudiera llegar a ser.
  15. Y quiéreme. Y dímelo. A mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas necesario decírmelo.

Que os haga pensar y cambiar algún parámetro educativo. Nunca es tarde. Un abrazo, Asun 😉

 

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Negociando los conflictos…

torre.piedras¿No negocian las naciones, los estados, los sindicatos, las empresas, en vistas a lograr un mayor y mejor orden basado en cierta estabilidad, en llegar a acuerdos?

Del mismo modo es posible y necesario establecer pactos en el ámbito educativo y familiar, mucho mejor que imponer el punto de vista de los padres y educadores.

Su buscamos alguna razón para entender por qué es mejor negociar que imponer, enseguida se nos ocurren algunas:

–          Porque debe existir un proyecto educativo (en la familia también) con un objetivo común. Y es mejor tener unas cuantas ideas claras sobre normas, límites y responsabilidades, antes que obligar en base a la autoridad.

–          Porque tener unas ideas claras por ambas partes, nos facilita mantener una relación más firme con los hijos y alumnos.

–          Porque, aunque inicialmente la relación de fuerza basada en el poder puede parecer ventajosa para los padres o adultos, estos no pueden olvidarse de los chicos ante el menor contratiempo, no se puede argumentar: ¡Vale, pues ahí te quedas, porque lo mando yo!

–          Porque si lo anterior no se tiene en cuenta, puede generarse el rechazo puro y duro de la autoridad de los padres y adultos, con las indudables consecuencias nefastas para su desarrollo.

Evidentemente una decisión negociada y no impuesta tiene muchas ventajas:

–          Si el niño participa en elaborar las normas, se apropia mejor de ellas, ya que no son forzadas.

–          Al invitarle a negociar, estás reconociendo su valor como persona completa, con capacidad para influir en el mundo que le rodea.

–          Cuando negocia contigo, aceptáis de forma implícita la diferencia entre tú y él. Porque el cariño no está reñido con que podáis tener opiniones diferentes.

–          Otra ventaja es admitir que los hijos tiene algo de poder sobre los padres. Y aunque es difícil de aceptar, es necesario, porque los hijos les devuelven a sus progenitores la imagen de que son competentes.

Así que esto sería un punto de partida para reconocer la necesidad de la negociación. Pero debe ser sincera. Si no, se caerá por su propio peso. No se debe fingir que ese acuerdo es adecuado cuando no resuelve la causa que lo motivó. No se debe hacer como que escuchamos a los hijos, cuando estamos preocupados por otras cosas.

Por ello es fundamental la negociación pero sincera, profunda y compartida. Mejor comenzar por pequeños y claros propósitos, y ya iremos ampliando el campo de acuerdos, cuando esto de la negociación sea un hábito entre los padres y los hijos, o entre los profes y los alumnos.

Como siempre, es cosa de #sentido común.

Un abrazo, Asun 😉

Educar con Inteligencia Emocional (1)

lapices en circuloEsta tarde he tenido mi primera sesión de escuela de padres-madres sobre EDUCAR CON INTELIGENCIA EMOCIONAL. Y, como siempre, empiezo por tratar de introducir cambios en ellos, revisando sus estilos de vida, sus pautas educativas, poniendo un matiz aquí y otro allá,… porque por mucho que quieran cambiar los problemas de sus hijos, si no entienden que el niño se desarrolla en interacción con el medio, difícilmente asumirán su responsabilidad y puede que sigan echando balones fuera.
Así que el primer proceso de concienciación, está logrado. Me parecía mentira que siendo esa hora, las 3,45, con la comida en pleno proceso digestivo, estuvieran tan atentos unos 40 adultos. Ellas y ellos. No se oía una mosca. Estaban empapándose de todo. Apenas conocían los términos de los que hablábamos.
Y así, hemos avanzado en los conceptos de inteligencias múltiples, en los talentos, en la inteligencia intra e interpersonal, en la capacidad de mejora y cambio de las personas, tengamos la edad que sea,…
Abriéndoles la mente a un mapa mental teórico que enseguida dará lugar a una mejora de sus prácticas educativas. Porque, como me gusta decir, solo podemos enseñar aquello que está dentro de nosotros y si esto es importante en cualquier disciplina, lo es mucho más en lo relacionado con el mundo de la educación y de las emociones.
Han salido satisfechos, se notaba en la energía del ambiente que algo nuevo había en sus planteamientos. Ellos se verán beneficiados. Sus hijos también, así como el centro educativo. Y, por supuesto, el entorno social. Y es que los grandes logros comenzaron por pequeños cambios.
Yo, simplemente estoy feliz. Muy feliz 😉

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