Psicología, Educación, Salud y Vida

Entradas etiquetadas como ‘habilidades de comunicación’

¿Sabes qué es la OBESIDAD MENTAL?

Hoy he estado pensando en este término que refleja muy bien la situación de muchas personas e1534287257-radiacion-celulares-istockn este momento social.

Sin duda, casi todos ya somos conscientes de los peligros de la obesidad física, pero probablemente no conocemos la magnitud de los peligros de la OBESIDAD MENTAL. Y es un gran problema de nuestra sociedad actual.

Hace unos años el profesor Andrew Oikte publicó su libro Mental Obesity, que ha revolucionado los campos de la educación, el periodismo y las relaciones sociales. Habla de que estamos viciados de estereotipos, juicios apresurados, pensamientos pobres, noticias sin valor y manipuladas,…

Todos opinan sobre todo, pero saben poco.

La génesis del problema suele ser la familia y la escuela: para muchos niños la dieta mental está saturada de dibujos animados, móviles, videojuegos, maquinitas,… mientras descuidamos la dieta emocional. A muchas cadenas y programas de TV les importa poco la información veraz y sirven sin control programas de seducción, agresión, manipulación,… con el solo objetivo de tener mas share que las demás. Las noticias se centran en el lado polémico y chocante, más que en la realidad. Muchos interlocutores son personas sin formación, sin criterio,… cuyo mayor valor es la cantidad de gritos que dan en los platós, las peleas con otros, los tacos que sueltan,.. o cualquier cosa que contribuya a que se hable de ellos. La calidad es lo de menos. La educación e imagen social que se transmite, es lo de menos. Que demos este modelo social a los niños, es lo de menos.

Eres obeso mental si…

  • Absorbes información inútil cada día, te interesas por lo grotesco y lo violento, más que por la ayuda a convivir.
  • Te entretienes demasiado consumiendo contenidos de opinión sin que te importe demasiado la información (saber que Nelson Mandela fue un activista y desconocer su vida). 
  • No eres capaz de cuestionarte las cosas por ti mismo, pero sí de repetir lo que otros cuestionan.
  • Has olvidado o perdido el interés por el arte, la cultura, el saber, la formación, el desarrollo personal,…

Me llama la atención y me parece preocupante que hoy muchísimos niños saben los nombres de todos los perros de la Patrulla Canina u otros personajes infantiles de moda (que está bien), pero no saben distinguir el nombre de los árboles mas elementales camino del colegio, o algunas verduras, frutas o plantas que les rodean. Muchos padres les acompañan al cole, a la compra o a sus actividades con el móvil en la mano, mirando redes o bobadas las más de las veces, y los niños van cabizbajos cogidos de su mano sin interactuar ni aprovechar esos lujosos momentos. ¡Qué pena!

Luego diremos que queremos una vida saludable y emocionalmente equilibrada para ellos. Y pasamos por alto leer con ellos, mantenerlos en la realidad, profundizar en sus intereses, salir a la naturaleza, comunicarnos mejor.

Todo esto es obesidad mental. Y como en toda obesidad, es necesaria una limpieza, una desintoxicación, un cambio de hábitos. Ponte horarios para las tecnologías, no consultes las redes porque sí, a ver qué están diciendo. Cultiva tu espíritu. Lee libros. Ten experiencias con los tuyos. No tengas el móvil siempre delante cuando estés con tu hijo. No lo consultes sin parar cuando vas atrás con él o ella en el coche, como si no se enterara de nada. Haz el esfuerzo por cambiar tu obesidad, porque estoy segura de que necesitas adelgazar y puedes hacerlo.

Se que es cómodo vivir en la pasividad y dejarse llevar, pero corres el peligro de una cierta intoxicación e incongruencia.

Ah! y no me vale como respuesta que ya le compras libros a tus hijos y les lees un cuento cada noche,… porque si a ti no te ven con un libro (aprendizaje por modelos y por imitación), probablemente estos pequeños lectores en cuanto tengan edad de un móvil u otro dispositivo, cambiarán irremisiblemente el papel por un cachivache. No es que la tecnología sea mala, ni mucho menos, pero sí el uso abusivo y sin control que hacemos de ella, descuidando otros aspectos importantes del desarrollo.

Por favor… Practica el sentido común en el uso racional de la tecnología y piensa en el camino evolutivo que te gustaría que tomaran tus hijos. Visualiza en qué tipo de adulto te gustaría que se convirtiera,… y así podrás hacer algún esfuerzo y algún cambio. ¡No seas obeso! Se vive mejor delgado.

¡Vamos! No es tan difícil. Un abrazo y hasta otro rato 😉

 

 

 

 

Anuncios

¿Cómo está tu cubo?

En mi charla sobre la felicidad utilizo la metáfora del cubo y el cucharón porque es de lo más ilustrativa.
Ser amable y generoso es fundamental para ser feliz; además, mejora nuestro rendimiento. Sólo depende de la voluntad de querer serlo, y las consecuencias en la satisfacción con nuestra vida pueden ser muy grandes.
Según diferentes investigaciones, son más felices las personas amables y generosas. De esto no hay duda.

Hay opuestos a la amabilidad, identificados en lo que el Dalai Lama denomina ‘ladrones de la felicidad’ y son las personas con hostilidad, irritabilidad, hosquedad y antipatía. Estas actitudes generan unos efectos en uno mismo y en los demás, incompatibles con el bienestar y la felicidad.
Donald Clifton es considerado por la American Psycological Association el “padre” de las fortalezas psicológicas y el “abuelo” de la Psicología Positiva. Fue presidente de Gallup y creó el buscador de fortalezas Clifton. Junto con su nieto Tom Rath, escribió un maravilloso libro: “Cómo potenciar tus emociones positivas. ¿Está lleno tu cubo?”
En el libro, Clifton y Rath recogen la teoría del cucharón y el cubo que se puede resumir así:
“Cada uno de nosotros posee su propio cubo. El cubo se llena o vacía permanentemente en función de lo que otros nos dicen o nos hacen. Cuando nuestro cubo está lleno, nos sentimos bien; cuando está vacío, fatal.
Cada uno de nosotros dispone también de un cucharón. Cuando empleamos nuestro cucharón para llenar los cubos de los demás -siempre que hacemos o decimos algo que potencie sus emociones positivas- también estamos llenando nuestro propio cubo. Pero cuando utilizamos nuestro cucharón para vaciar los cubos de los demás- siempre que hacemos o decimos algo que merme sus emociones positivas- nos vaciamos nosotros mismos.
Igual que las copas llenas a rebosar, un cubo lleno nos proporciona una perspectiva positiva y energías renovadas. Cada gota del cubo fortalece y refuerza nuestro optimismo. Sin embargo, un cubo vacío enturbia nuestra mirada, socava nuestra energía y debilita nuestra voluntad. Por eso, cuando alguien se dedica a vaciar nuestro cubo, nos duele.
De esta manera, cada día nos encontramos ante una disyuntiva: podemos llenar los cubos de los demás o podemos vaciarlos. Se trata de una elección fundamental, capaz de afectar profundamente a nuestras relaciones, nuestra capacidad de trabajo, nuestra salud y nuestra felicidad”.
Ser amable nada nos cuesta y genera ondas expansivas positivas que fomentan la colaboración y la confianza.
En cualquier entorno del ser humano, la amabilidad o su ausencia se contagian, contribuyendo al aumento o disminución de nuestra felicidad y de la de los demás.

Como casi siempre, la decisión está en nuestras manos. Pongámonos a ello. 😉

En educación sobra este tipo de gente …

IMG_1931Cada día me sorprendo más por la actitud de algunas personas que están al frente de equipos educativos, en los equipos directivos de los coles, guarderías, o centros de formación.

Ya he dicho en otras ocasiones que, para mí, la educación es de las tareas más difíciles y comprometidas que tenemos en la sociedad actual. Máxime cuando estamos viviendo unos años de auténtica catástrofe de valores, de falta de conocimiento y reconocimiento del ser humano, donde lo que vales se mide casi exclusivamente por lo que tienes o el puesto que desempeñas, sin mirar para nada las cualidades humanas, organizativas, relacionales, empáticas,… de muchas personas que están al frente de puestos de tremenda responsabilidad social. Por ejemplo, directores de centros educativos.

Hace bien poco he oído de alguien en uno de estos cargos quees igual se haga como se haga, total, la administración ni nos tiene en cuenta, ni nos valora para nada, ni hacen seguimiento de nuestro trabajo, ni les importamos un carajo,… más bien, la consejería y los jefes son nuestro “enemigo”; ya me gustaría a mí verles al pie del cañón, yo no puedo hacer nada por unir los dos bandos de docentes que hay en mi centro y que casi ni se miran a la cara,… y frases similares que denotan cero grado de sensibilidad y escaso interés por la tarea que tienen entre manos, perdiendo totalmente de vista que su trabajo es con NIÑOS, con PERSONAS, con los adultos del mañana. Quizá no ha pasado por sus cabezas la enorme responsabilidad social que supone liderar un equipo humano en el que los destinatarios finales son los niños y sus familias.

Y yo me quedo pensando si estoy en otro mundo, o este mundo está de esta forma nefasta en la que todo vale, en la que algunas personas están en puestos de gran compromiso educativo igual que podrían estar en una cadena de montaje, sin más.

Así que creo que las personas que trabajan en un centro con niños y niñas en edad escolar debieran ser SUPERVISADOS minuciosamente por parte de profesionales debidamente formados, y habiendo demostrado previamente, a su vez, su calidad ética y visión de la educación como elemento previo sin el cual no es viable dedicarse a estar con niños en la misión de enseñar. Y parto de que la gran mayoría lo hacen bien, hasta muy bien, pero aún quedan muchas excepciones en el sentido contrario.

Superar unos exámenes de una oposición no debiera ser suficiente, porque ahí para nada se demuestra la validez para educar, sino solo el grado de conocimientos académicos adquiridos, que, hoy de en día, cada vez sirve de menos en las aulas, porque la red nos ofrece esos conocimientos, pero no nos ofrece la forma de relacionarnos, la forma de gestionar un aula, la sensibilidad, la comprensión,…

¿Unas ideas para empezar…?

  1. Supervisión de calidad del modo de hacer los docentes en las aulas. No tanto a nivel administrativo, ni de programación, (eso ya se hace) sino en una dimensión absolutamente de inteligencia emocional, relaciones sociales, solución de conflictos, cuidado y atención emocional de los niños, responsabilidad social…
  2. No pasar por alto el mal hacer de algunos que muchos conocen pero que todos miran para otro lado. Debiera haber cauces de “llamadas de atención” para que el personal no pueda campar a sus anchas. No debiera ser admitible que algún profe no se hable con los padres de algún niño,… porque no me entiendo con ellos y no quiero saber nada. No debiera ser admitible que el tutor/a lleve a dirección a niños de 4,5,6,7,… años que han reñido porque no sabe ese docente cómo gestionar el asunto,…
  3. Incorporación, en los exámenes de oposición, de unas prácticas, “in situ” (de hecho, existen) cuya evaluación tenga que ver con las habilidades reales que ese profesor necesita para gestionar un grupo humano de niños.

Para mí, la educación, es Educar en el Arte de Ser (no en el de saber), siendo fundamental que los docentes entiendan qué es el Ser para que lo puedan transmitir y establecer prioridades educativas.

¿Quieres saber más? en mi charla, #EducarEnElArteDeSer lo explico pormenorizadamente, siendo sencillo empezar a cambiar el chip y ponerse a la tarea. Y merece la pena. Un abrazo, Asun 😉

Nube de etiquetas