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¿Los niños deben ser felices a toda costa?

niño enfadado
Por supuesto que el objetivo prioritario de los padres es que sus hijos sean felices. Pero no es tan fácil discernir la fina línea que delimita los cuidados de los niños, de la tiranía. Es evidente que darles todo lo que piden para que no se frustren o para que sean como los demás, puede tener negativas consecuencias. A veces llegamos a casa y el niño ha roto sus juguetes, o le tira algo a la cabeza, que solemos tratar de resolverlo o bien por medio de la ira, o bien por medio de un lacónico: ¡”no se rompen ni se tiran las cosas”! Y nos preguntamos por qué no sabemos hacer algo tan sencillo como educar a nuestros hijos, algo que se lleva haciendo miles de años con total naturalidad. Y nos angustiamos cuando no alcanzan alguno de los objetivos que nos hemos propuesto para ellos. Y con nuestra angustia, alimentamos su angustia.

 Y una de las consecuencias para ellos es que se les va generando escasa resistencia a la frustración. Entonces, los padres tienen problemas para gestionar las rabietas y se producen muchos comportamientos desafiantes. Y para nada es bueno satisfacer todos los deseos de los niños de forma inmediata. Cierta dosis de insatisfacción ayuda a evolucionar. Y deben aprender a postergar sus deseos. Los padres están cada vez mas abrumados y también se frustran. ¿Qué se hace mal? sobreprotegerles, no enseñarles a superar los obstáculos, hacerles las cosas que ya saben hacer por ellos mismos, anticiparnos a sus deseos… estos “detalles” pueden generar adolescentes infelices y adultos inmaduros.  Como consecuencia de que no es fácil aprender a resolver los problemas cuando en la etapa anterior de tu vida te han dado todo hecho. Los niños y los adolescentes saben que si hacen algo mal van a ser reprendidos,… pero cuidado,… cuando hacen algo bien, hay que decirlo igualmente. Lo peor es no decirles nada. O desequilibrar en exceso la balanza de las alabanzas y las reprimendas.

La felicidad no debe ser algo que se les de a los niños a priori, sino que la van a sentir como una consecuencia del amor equilibrado que reciben, de lo bien que hacen cosas con y para los demás, de cómo se sienten en los grupos de referencia, y de los logros que consigan.  En la infancia se pueden aprender las pautas que luego les conducirán a la felicidad. Pero no trates de adelantarte a las experiencias vitales que les conducirán a ella.

Como siempre, mesura, compostura, comprensión, equilibrio, firmeza, amor y sentido común.  O lo que es lo mismo, educar con Inteligencia Emocional.

Un abrazo, Asun 😉

 

 

 

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