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¡Empieza a practicar la Inteligencia Emocional!

¿Qué puedo hacer para incluir en la educación de mis hijos, o en mis relaciones con los demás, algunos planteamientos de la Inteligencia emocional?

 En realidad, no es algo difícil para lo que se necesite tener una preparación muy especial, sino un poco de intuición, sensibilidad y sentido común que nos ayuden a reflexionar sobre:

– Los mensajes verbales que transmitimos a nuestros hijos y a otras personas a través de nuestras conversaciones y relación diarias.

– El lenguaje del cuerpo (gestos, tono de voz, posturas, ademanes) que acompañan a nuestras palabras.

Analizar nuestras propias emociones: pensar qué acontecimientos las desatan, si somos capaces de modificarlas o dominan nuestras reacciones.

Qué es lo que nos hace sentir amor, ternura, rencor, resentimiento, motivación… El conocimiento de nuestras emociones será un puntal básico si pretendemos conocer las de nuestros hijos y educar aquellas que consideremos necesario para su desarrollo y estabilidad.

Ponernos en su lugar cuando les estamos hablando, riñendo, dando consejos. Esto, con los niños, es fundamental. Y por supuesto, con nuestro entorno, siempre que juzgamos, valoramos, criticamos, opinamos,…

Mirar “desde fuera” como si fuéramos espectadores de otra familia, y juzgar si nos gusta la forma en que nos estamos relacionando con nuestros hijos y las demás personas.

Analizar algunos “pequeños detalles” de la convivencia y modificar aquellos que no nos gusten. Empieza por uno y proponte cambiarlo. En realidad, esos detalles crean toda la estructura de la relación, del desarrollo y, cómo no, de la estabilidad y puesta en práctica de la Inteligencia Emocional.

– Y, sobre todo, el deseo de utilizar los planteamientos de la Inteligencia Emocional. Es apasionante y enriquecedor conocer las emociones, hablar de ellas, controlarlas, saber y poder modificarlas, reaccionar según nuestros deseos y necesidades, y no solo según nuestros impulsos. Así, la felicidad, ¡está mucho más al alcance de tu mano!

De verdad y sinceramente,  ¡merece la pena!

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