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¿Ríes o sonríes?…

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Hoy estaba yo en una situación placentera, en contacto con la naturaleza, de la que estaba disfrutando mucho. Así que mi expresión facial debía ser de satisfacción y sonrisa interior (que se manifiesta en la exterior), aunque no tenía especial consciencia de que estaba sonriendo.

Y alguien cercano a mi, que me estaba mirando, me pregunta… ¿de qué te ríes?... yo desciendo de mi situación de relax meditativo y le digo… no me río,… quizá sonrío.

Y he visto un  claro matiz de diferencia entre la risa y la sonrisa que, por lo visto, no todo el mundo discierne en toda su dimensión. Para mi la risa suele estar provocada por una situación externa que hace un impacto en ti, pero en los sentidos externos, cuando el cerebro está en ondas cerebrales beta, las de estar atentos ante el mundo exterior, las que se asocian con la conciencia normal de vigilia y un mayor estado de alerta, la lógica y el razonamiento crítico. Al realizar muchas de las actividades diarias, solemos estar en BETA.

Entonces he pensado que la sonrisa sincera (al menos la que yo tenía en ese momento) tiene mas que ver con la situación interior, con el cerebro en ondas cerebrales ALFA, las de soñar despiertos, las del relax, las de la observación plena, las de vivir el momento presente, las de la creatividad,…  La conciencia individual relajada alcanzada durante la meditación es característica de Alfa y es óptima para programar nuestra mente, visualizar lo que deseemos y ayuda a resolver conflictos.  Alfa aumenta nuestra imaginación, la memoria, el aprendizaje y la concentración. Se encuentra en la base de nuestro conocimiento consciente, y es la puerta de entrada a nuestra mente subconsciente. Es el estado del Mindfulness.

Los adultos pasamos más tiempo en Beta y los niños en Alfa. Es por ello que necesitamos volver a aprender a mirar y sentir con ojos de niño, es decir, pasar más tiempo en Alfa porque el estado emocional es mas placentero y equilibrado desde ahí, y nos dejamos dominar menos por los impulsos.

Total,… que esta mañana yo sonreía, y además sonreía en Alfa, porque me noto en qué onda cerebral estoy. Y mi interlocutor me decía que me estaba riendo, y que no veía mucha diferencia entre la risa y la sonrisa. Pues si, a veces hay muchos matices entre una y otra.

¿A qué me has entendido y has sonreído un poco?… eso quiere decir que estabas en Alfa. Un abrazo, Asun 😉

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El colegio y las emociones…

colegio

Si pudiéramos indagar en la mente de los niños y de los adolescentes, nos quedaríamos perplejos sobre la riqueza y variedad de sus pensamientos, emociones, sentimientos….

Todos los días de nuestra vida son importantes para nuestro desarrollo emocional y cada suceso a nuestro alrededor deja una huella que, en el caso de los niños y niñas en edad escolar, suele ser imborrable.

  • ¿Quién no se acuerda de su profesor de matemáticas, aquel que nos hacía reír a todos?… ¡cómo me siguen divirtiendo los números!
  • ¿Quién no recuerda a la señorita de lenguaje, que tenía una cara tan seria que ninguno nos atrevíamos a contarle algo que nos estaba pasando o a pedirle un favor?… no sé por qué será, pero me da un escalofrío cada vez que pienso en ella…
  • ¿Y ese otro profe que nos decía a menudo lo bien que hacíamos el dibujo artístico?…, así que todavía hoy me gusta coger mi lápiz y mis pinturas y ponerme a dibujar…
  • ¿Y la profe que me reñía constantemente porque en mi redacción había faltas y me daba una vergüenza terrible?…, pero ¡yo no podía evitarlas!, después, he odiado la lectura y la escritura…

¿Algo te suena? ¿sí?

Y es que la escuela, el colegio, el instituto,… dejan una huella definitiva en nuestras mentes y en nuestras almas.

Conozco brillantes jóvenes y personas que han sufrido mucho en las aulas,… y cuando les preguntas sobre qué recuerdan del colegio puede que te digan “pasaban de mí”, “pensar en ello me causa tanto dolor que mis padres me tuvieron que llevar al psicólogo y, ahora, prefiero no hablar”, “….

Hay personas y jóvenes que han sabido rehacer su autoestima  y te dicen algo parecido a esto: “sé que aprendo rápido, y que me tomo muy en serio lo que hago y lo que me gusta, pero del colegio no me hables, me duele demasiado”… “cuando deseo algo no me acobardo, me meto presión y sé que respondo”,…  “algo muy potente dentro de mí me empuja hacia adelante, no sé a dónde llegaré pero sé que estoy en camino”,…

Pero hay otros jóvenes que, con una estructura de personalidad más débil, se han dejado llevar por el “no valgo, no puedo, no sé, ya me lo decían mis profesores y ya me lo repetían mis padres”,…  Y se encuentran en un pozo emocional y social del que es difícil salir, sin perspectivas de ningún tipo.

¿Nos damos cuenta de lo importante que es la etapa escolar, esas horas mágicas que pasamos en los años más importantes de nuestras vidas en el colegio, esa necesidad de trabajar con inteligencia emocional y desplegar un gran abanico de habilidades sociales para conseguir complicidad, respeto , comprensión y motivación tanto de los profesores hacia los alumnos como a la inversa?.

Tanto si eres docente, padre, madre, o lo que seas, todos debemos tomar conciencia de este periodo de la vida en el que las relaciones que establecemos con nuestros alumnos, hijos,  grupos de chicos y chicas, en el colegio o en cualquier circunstancia y lugar, les va a marcar su desarrollo posterior. Pero es el centro educativo el que va a dejar una mayor y profunda huella.

Así que reflexionemos sobre esta realidad y vamos a contribuir a su mejora. No te preocupes de si no se sabe la unidad 3 del libro de Cono, pero interésate si se siente triste, desmotivado, demasiado alterado, si suspende sin sentido,…  porque, en este caso, no suele tener la culpa el niño, sino las circunstancias, fundamentalmente los adultos.

Aprende a establecer prioridades y fíjate más y mejor en la respuesta emocional.

Un abrazo, Asun 😉

Relativizando… desde una playa…

Cada día tengo más claro la importancia de relativizar los acontecimientos de nuestra vida. Por ejemplo, que me roben el móvil puede ser un gran problema porque acabo de invertir 500 €,… Así que, en el momento del robo, todo se me viene abajo, he perdido no sólo el móvil, sino la agenda, las fotos, mis notas, mis claves….parte de mi efímera vida. Y no voy a quitármelo de la cabeza en unos cuantos días, hasta que suelte toda la adrenalina, ira, rabia, malos deseos hacia los ladrones y su familia,… Qué desgracia! Recién comprado y me lo roban. Soy tonta, descuidada, mi gente se va a compadecer de mi,… ¡Uf! ¡Cuándo va a pasar esto!
Es decir, estoy haciendo un mundo de un objeto, cosa que, por desgracia, hacemos demasiado a menudo.

Pero, a veces, sucede que, detrás de una mala noticia, nos dan otra peor.

¡Oye!,…  ¿Sabes qué ha pasado?
Un familiar ha tenido un accidente, está en la UCI y no sabemos si va a salir, y si sale, dicen que se quedará mal…

Y entonces empiezan a circular por tu cabeza muchas de tus prioridades y preocupaciones (el móvil entre otras) y te das cuenta del absurdo de nuestros agobios en muchos momentos…

Que el móvil solo es un objeto, ni tan siquiera imprescindible, y que lo que de verdad importa es la vida, las personas, los afectos, la salud, el amor,..

Y te repites la frase…. tengo que relativizar, tengo que relativizar …. Sin darnos cuenta de que no es sólo una frase, sino una sentencia que encierra una gran verdad y que debiéramos estar aplicando constantemente en nuestra vida.

Y es que, como dice el dicho, “todo es según el color del cristal con que se mira”.

Esta sencilla reflexión, desde una bella playa del Mediterráneo,… cuando el mar y la naturaleza me hacen sentir lo grandes que somos y lo pequeños que somos.
Un abrazo 😉

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