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Contradicciones… y prioridades educativas…

educación niños

Pienso que la riqueza intelectual, emocional y social de muchos niños pasa absolutamente desapercibida en nuestro sistema social y educativo, que se muestra habitualmente rígido, cerrado y con escasa visión del mundo interior de los niños y de su gran talento y potencial.

Si queremos que un niño desarrolle sus talentos, necesitaremos que el amor, la seguridad, la motivación,… incrementen su confianza. Esto, desde que nacen. Cuánto más tiempo pasa, más difícil es. El amor no es sinónimo de permisividad. Evidentemente hay q establecer normas y límites, pero las mismas nada tienen que ver con gritar o reñir de forma desmedida cuando el niño se porta mal o no consigue rendir como esperamos de él.

Yo creo que el ser humano es inteligente por naturaleza, con un potencial increíble, pero no hablo de la inteligencia que miden los test, sino de la capacidad de desarrollar cualquier actividad en la que uno se encuentre cómodo. Esto está por asumir en las escuelas y centros educativos, porque la inteligencia sigue midiéndose únicamente a través de test, y no de otras realizaciones artísticas, intelectuales, sociales, musicales… que tienen los niños. Es decir, los psicólogos manifestamos y creemos en las inteligencias múltiples, para después seguir midiendo fundamentalmente las mismas de siempre (razonamiento lógico, verbal, espacial,… y poco más). Por un lado, contradicciones.

Pero, por otro lado, necesitamos unas condiciones para que se desarrolle lo mejor del ser humano. Las mismas son:

  • Amor,… sin estabilidad emocional, basada en el cariño y amor, nada es posible.
  • Estímulo,… porque crecemos en función de la imagen que reflejamos en el otro, así que necesito que el adulto (mis padres, los profesores) me animen y estimulen a hacer eso que tengo entre manos, bien porque me gusta o porque es mi deber hacerlo.
  • Confianza,… que será fácil si el amor me alimenta y, a través del mismo, estoy estimulado a continuar. Ello me da seguridad en mis posibilidades y en mi acercamiento al éxito en la tarea.
  • Motivación… tanto intrínseca (la que viene de mi interior) como la extrínseca (la que viene de fuera) porque es el motor que me mueve a perseguir un objetivo determinado.

Los cuatro elementos citados, debieran estar presentes, con esas mismas palabras, en el currículo,… a través de ellos se desarrolla la inteligencia emocional, … y poco o nada de eso veo.

Desde que un niño nace hasta alrededor de los 7-8 años se forma su personalidad, que no quiere decir que sea inamovible porque la misma se modifica constantemente, pero sí es cierto que, lo que la persona es a esa edad, va a condicionar bastante su vida de adulto. Así que es vital que esta primera crianza y educación sea optimista, creativa, motivadora,… darles respuestas constantemente a sus dudas, responder sin engaños, ayudarles y enseñarles a buscar información y a cotejarla.

Si el niño tiene un entorno de seguridad, seguramente, de mayor, y si las cosas no se le tuercen demasiado, puede ser un adulto amable, motivado, socialmente competente.

Para los adolescentes, lo mejor será practicar con el ejemplo, transmitiendo valores en los que los padres crean y sean capaces de fomentar Y el entorno educativo debe ser propicio al desarrollo de la adolescencia. Cierto es que es una etapa difícil, pero no hay chaval o chica que no tengan dentro ese talento o ese algo a través de lo cual se les puede motivar y enganchar.

Así que me interesa siempre el “cómo”… tanto en casa, en los centros educativos y en la sociedad… porque lo que he citado antes (amor, estímulo, confianza, motivación…) es un “qué”, pero si no está revestido de un buen “cómo”, no funcionará.

 Un abrazo 😉

¡Empieza a practicar la Inteligencia Emocional!

¿Qué puedo hacer para incluir en la educación de mis hijos, o en mis relaciones con los demás, algunos planteamientos de la Inteligencia emocional?

 En realidad, no es algo difícil para lo que se necesite tener una preparación muy especial, sino un poco de intuición, sensibilidad y sentido común que nos ayuden a reflexionar sobre:

– Los mensajes verbales que transmitimos a nuestros hijos y a otras personas a través de nuestras conversaciones y relación diarias.

– El lenguaje del cuerpo (gestos, tono de voz, posturas, ademanes) que acompañan a nuestras palabras.

Analizar nuestras propias emociones: pensar qué acontecimientos las desatan, si somos capaces de modificarlas o dominan nuestras reacciones.

Qué es lo que nos hace sentir amor, ternura, rencor, resentimiento, motivación… El conocimiento de nuestras emociones será un puntal básico si pretendemos conocer las de nuestros hijos y educar aquellas que consideremos necesario para su desarrollo y estabilidad.

Ponernos en su lugar cuando les estamos hablando, riñendo, dando consejos. Esto, con los niños, es fundamental. Y por supuesto, con nuestro entorno, siempre que juzgamos, valoramos, criticamos, opinamos,…

Mirar “desde fuera” como si fuéramos espectadores de otra familia, y juzgar si nos gusta la forma en que nos estamos relacionando con nuestros hijos y las demás personas.

Analizar algunos “pequeños detalles” de la convivencia y modificar aquellos que no nos gusten. Empieza por uno y proponte cambiarlo. En realidad, esos detalles crean toda la estructura de la relación, del desarrollo y, cómo no, de la estabilidad y puesta en práctica de la Inteligencia Emocional.

– Y, sobre todo, el deseo de utilizar los planteamientos de la Inteligencia Emocional. Es apasionante y enriquecedor conocer las emociones, hablar de ellas, controlarlas, saber y poder modificarlas, reaccionar según nuestros deseos y necesidades, y no solo según nuestros impulsos. Así, la felicidad, ¡está mucho más al alcance de tu mano!

De verdad y sinceramente,  ¡merece la pena!

Hoy hablamos de Inteligencia Ejecutiva…

Desde hace años se ha creído que la mejor cualidad de la inteligencia era el conocimiento, así que LA INTELIGENCIA COGNITIVA adquirió un gran protagonismo que aún llega hasta los días actuales.

Daniel Goleman nos abrió los ojos hacia las inteligencias múltiples, … entre ellas, adquirió gran auge la INTELIGENCIA EMOCIONAL, estando más que claro que el mundo afectivo influye y condiciona nuestro comportamiento hasta niveles insospechados.

Yo siempre defiendo que la inteligencia emocional es el motor que abre la puerta a la forma en cómo encaramos las relaciones con nosotros mismos, con nuestras emociones y, por supuesto, las relaciones con nuestro entorno y con los demás.

Pero existe otro tipo de inteligencia, la EJECUTIVA, que ha sido definida hace algunos años por estudiosos de otros países pero brillantemente recogida por José Antonio Marina en su libro “La Inteligencia Ejecutiva”. Se trata del tipo de inteligencia que se encarga de organizar a las demás para dirigir la acción, física y mental del ser humano, de forma adecuada, hacia sus objetivos.

Esta modalidad de inteligencia utiliza cuatro herramientas esenciales como instrumentos de la razón:

El orden, lo recto, lo correcto, la disposición adecuada que constituye un todo,… esto quiere decir saber a qué atenerse, tener unos criterios coherentes y saber priorizar lo adecuado de lo que no lo es, saber planificar, evitar la improvisación, saber distribuir correctamente el tiempo para sacarle partido,… sin orden es más difícil que salgan nuestros planes. Cualquier orden que se precie surge de una cabeza bien sistematizada, tener orden por dentro no es cualquier cosa: es la razón, la serenidad, el sosiego, la inteligencia emocional, la paz exterior e interior.

La constancia, que es tenacidad sin desaliento. Y significa empezar pocas cosas e ir detrás de ellas sin bajar la guardia. También es tenacidad, insistencia, perseverar, no darse por vencido, saber mirar hacia delante con la ilusión de alcanzar la cima deseada, eso hace que uno se mantenga firme e inalterable.

La voluntad, como la disposición para querer algo y ponerse a buscarlo en esa dirección. La voluntad consiste en preferir. Se trata de la capacidad para ponerse metas concretas y luchar por conseguirlas. Supondría la victoria sobre uno mismo.

La motivación, lo que mueve, empuja, arrastra, tira de nosotros hacia un punto que está en el futuro. Una voluntad bien dispuesta es la que está mejor motivada. El hombre no puede vivir sin ilusiones. Estar motivado significa tener una representación anticipada de la meta. Eso arrastra a la acción.

Entonces, podemos pensar que no sólo somos emoción, no sólo somos razón,… sino un estupendo cóctel que nos debe dirigir a conocer y manejar nuestra vida, para que nuestro paso por la tierra sea de la mejor manera posible.

El niño no nace con inteligencia ejecutiva, sino que la va configurando con la ayuda de los demás. La capacidad de controlar la propia conducta, de regular las emociones, de aprender y seguir unas normas, de tomar decisiones adecuadas, de autosuperarse … emergen en interacción social.

Así que cuando hablamos de la importancia de la EDUCACIÓN no es una frase hecha. La educación debiera estar siempre de moda, ser pionera en los debates, revisando los planes de estudio con lupa, incorporando las nuevas investigaciones a la metodología en las aulas, estando permanentemente alertas ante lo que hacemos y cómo lo hacemos…

De la educación depende el futuro de los países y del ser humano como especie. Y tal y como está el mundo, las sociedades, los grupos humanos,… ahora es más importante que nunca.

Esta tarde he visto la película HAEVNEN (en un mundo mejor) en la que, con una sutileza infinita, se analiza la complejidad de las emociones, se va marcando el comportamiento y escala de valores de dos preadolescentes, en entornos familiares diferentes,…

La educación siempre configurando y moldeando al ser humano,….

¡QUÉ IMPORTANTE! 😉

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