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Negociando los conflictos…

torre.piedras¿No negocian las naciones, los estados, los sindicatos, las empresas, en vistas a lograr un mayor y mejor orden basado en cierta estabilidad, en llegar a acuerdos?

Del mismo modo es posible y necesario establecer pactos en el ámbito educativo y familiar, mucho mejor que imponer el punto de vista de los padres y educadores.

Su buscamos alguna razón para entender por qué es mejor negociar que imponer, enseguida se nos ocurren algunas:

–          Porque debe existir un proyecto educativo (en la familia también) con un objetivo común. Y es mejor tener unas cuantas ideas claras sobre normas, límites y responsabilidades, antes que obligar en base a la autoridad.

–          Porque tener unas ideas claras por ambas partes, nos facilita mantener una relación más firme con los hijos y alumnos.

–          Porque, aunque inicialmente la relación de fuerza basada en el poder puede parecer ventajosa para los padres o adultos, estos no pueden olvidarse de los chicos ante el menor contratiempo, no se puede argumentar: ¡Vale, pues ahí te quedas, porque lo mando yo!

–          Porque si lo anterior no se tiene en cuenta, puede generarse el rechazo puro y duro de la autoridad de los padres y adultos, con las indudables consecuencias nefastas para su desarrollo.

Evidentemente una decisión negociada y no impuesta tiene muchas ventajas:

–          Si el niño participa en elaborar las normas, se apropia mejor de ellas, ya que no son forzadas.

–          Al invitarle a negociar, estás reconociendo su valor como persona completa, con capacidad para influir en el mundo que le rodea.

–          Cuando negocia contigo, aceptáis de forma implícita la diferencia entre tú y él. Porque el cariño no está reñido con que podáis tener opiniones diferentes.

–          Otra ventaja es admitir que los hijos tiene algo de poder sobre los padres. Y aunque es difícil de aceptar, es necesario, porque los hijos les devuelven a sus progenitores la imagen de que son competentes.

Así que esto sería un punto de partida para reconocer la necesidad de la negociación. Pero debe ser sincera. Si no, se caerá por su propio peso. No se debe fingir que ese acuerdo es adecuado cuando no resuelve la causa que lo motivó. No se debe hacer como que escuchamos a los hijos, cuando estamos preocupados por otras cosas.

Por ello es fundamental la negociación pero sincera, profunda y compartida. Mejor comenzar por pequeños y claros propósitos, y ya iremos ampliando el campo de acuerdos, cuando esto de la negociación sea un hábito entre los padres y los hijos, o entre los profes y los alumnos.

Como siempre, es cosa de #sentido común.

Un abrazo, Asun 😉

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