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¿Te interesa la Educación?… piensa en esto

niños.telentoLa profesión de maestro, enseñante, profesor o educador debiera ser incompatible con la mediocridad intelectual. Así que cuestiónate que no es bueno que te comportes como una oveja incapaz de salir del redil. Lo que algunos libros, leyes y normas dicen que hay que hacer, no es necesariamente lo mejor. Debes ser lo suficientemente amplio de miras y creativo como para cuestionarte si lo que está recibiendo ese niño o niña, es realmente lo que necesita. Es necesario aplicar la inteligencia emocional y la reflexión a cada uno de nuestros actos.

¿A veces te quejas de que en tu grupo hay muchos niños diferentes? Pues es mejor que pienses que eso es un lujo. En la diferencia está el potencial. Muchos de nuestros niños no son peores que el resto, sino que tienen una forma diferente de aprender. Además,… ¿qué es eso de ser peor o mejor?, ¿qué criterios estamos barajando?, ¿es mejor el que sabe muchos contenidos aunque no sepa desenvolverse bien en el grupo?, ¿es mejor el niño triste que no nos da guerra porque está callado y ausente en su asiento?…

Ninguno es mejor ni peor, solo diferentes, y eso que en educación se oye constantemente: “este niño es muy bueno en lenguaje”, “este es malo en conocimiento”,… teniendo las palabras BUENO Y MALO, tantas connotaciones cerradas y marginales, que debiéramos erradicarlas de nuestro lenguaje cotidiano en el medio escolar y familiar. Un disléxico, un niño con dificultades en la atención, otro que presenta torpeza motórica,… no debieran ser etiquetados y marcados, sino más bien buscar el equilibrio en la respuesta, tantas veces exagerada, de sacarlos a clases de apoyo.

Pero hay un problema de base de índole cultural y social, y es que nuestro país margina las diferencias. Estos niños no deben ser la rareza, sino  esas personas que tienen sus grandes talentos pero que los muestran de una forma diferente. Todos tenemos eso que nos gusta y que hacemos bien, y donde nos desenvolvemos con fluidez. Es lo que el gran Ken Robinson llama EL ELEMENTO.

Ese niño que decimos que es un desastre con sus cosas, y que sin embargo dibuja a las mil maravillas o le encanta la música y se queda extasiado con ella, quizá  sea un genio en potencia, como lo fueron Rodin, Van Gogh, Einstein, B.Franklin… Hay muchísimos “imprescindibles socialmente” que, en la escuela, eran diferentes. Y pudieron manifestarse cuando acabaron la etapa escolar, porque el sistema no les supo entender.

Todos los planes, leyes y sistemas educativos en este país han prestado atención a las diferencias únicamente desde la marginación, desde el apoyo externo, buscando la uniformidad del aprendizaje de todos los niños. Así que ya va siendo hora de que empecemos a dejar la mediocridad educativa de lado y actuemos en el aula y en nuestras casas de otra forma y con otras perspectivas y valoraciones, a través de proyectos, a través de planteamientos en los que quepan todos y usando metodologías en las que cada chico y alumna puedan expresar su potencial y moverse en su ELEMENTO.

¿Vamos a ello? ¡SI!, porque tú no quieres ser un mediocre intelectual.

Un abrazo, Asun 😉

Analizando una cabalgata de Reyes…

El sábado estaba en Valencia (ciudad que me encanta) y paseando por el centro, tuve la oportunidad de ver la esperada cabalgata de Reyes.
Y la verdad es que mis apreciaciones no coinciden mucho con el “éxito” de la misma que recogían los periódicos locales esta mañana.

Veamos:
A lo largo del recorrido, y desde antes de las 5 de la tarde, ya estaban los padres, abuelos y famlias con los niños cargados de inquietud e ilusión ante el magnifico espectáculo que esperaban tener ante sus ojos.
Hacía muy buena tarde y se estaba a gusto. Pero la larga espera hubiera merecido la pena si el desfile hubiera sido mejor planificado. Había muchos niños a mi alrededor y pude observar sus comportamientos, ilusiones, reacciones, frustraciones,…

Cuando a eso de las 6 más o menos, comenzó el desfile, mi sorpresa fue mayúscula viendo pasar un gran número de furgonetas y vehículos de publicidad… El Corte Inglés…y otras marcas comerciales que no aportaban NADA, al menos a la situación de Cabalgata que esperaban los niños,… Ya llevaban mucho tiempo esperando, estaban cansados, los padres también,…

Después pasó un camión de bomberos que,… vale,… pero no se qué pintaba en la cabalgata… Y los niños seguían esperando,…

A continuación un oso gigante de cartón piedra que tampoco sé qué hacía en Valencia, con unos colmillos amenazadores, que movía la cabeza de lado a lado y ante el que los niños se retraían y escondían detrás de sus padres,…

De repente, unos diez coches de policia, así, a pelo, con sus luces, sirenas,…los hijos nerviosos y sin entender…
Las 7,15 y nada que se asemeje a los reyes de Oriente,…

Un carro suelto con alguien que parece un rey, pero resulta ser un paje, o campesino, o lo que fuera… Anque iba solo y sin relación alguna con un rey…

A continuación muchos policías a caballo… Más bien parecía hasta ahora un desfile para adultos de las fuerzas de seguridad del Ayuntamiento de Valencia,….

Ah! pero paciencia… ya llega lo bueno… Unas contorsionistas en unos aros,.. quizá anunciaban el circo cuya furgoneta también desfiló y daba entradas de descuento,…

Gran griterío, ¡Llegan los Reyes! ¡Ahora si!
Pero, ¡ay, error de cálculo!

Ya son casi las 7,30… Pasa Melchor subido a una especie de trono en un castillo… A la velocidad de la luz… ¿Y los camellos?

Parece que el tiempo no ha sido bien medido… porque aparece Gaspar en un trono similar y pasa rápidamente … Son las 7,30…

Y seguidamente Baltasar pero… ¡oh sorpresa! Es de color blanco con un poco de maquillaje, un niño a mi lado le pregunta a su madre… ¿Pero no era negro? … Pasa rápido,..muy rápido,…

Por último, la ambulancia detrás y fin.

En resumen, más de una hora desfilando delante de los niños cosas y situaciones sin sentido y los Reyes debían tener mucha prisa,… porque en menos de 10 minutos han desaparecido los tres. Y los niños no tenían ni tiempo de disfrutar de la situación de tenerlos brevemente delante.

Yo, soy adulta, pero después de tan larga espera, me he sentido defraudada. Y supongo que muchísimos niños también.

Y me cuestiono que para organizar un evento para niños, una cabalgata, o lo que sea, hacen falta asesores pedagógicos, o alguien con mas sensibilidad y otra forma de hacer las cosas, que no sirve el concejal de festejos de turno, que los niños merecen mucho, muchísimo más.

Y que, como siempre, en los adultos falta mucho sentido común. Si los niños tuvieran la capacidad expresiva oral de los adultos, nos dejarían muchísimas veces a los mayores callados y sin argumentos, porque ellos tienen mucho más y mejor sensibilidad.
Ya lo creo.
Espero que al llegar a casa se vieran recompensados con uno de esos juguetes que tanto deseaban.
Bendita infancia.

¿Para qué sirve la disciplina en educación?

  

Podemos preguntarnos… ¿Cual es la finalidad de la disciplina? Un objetivo fundamental es conseguir que el control que ejercen los padres sobre los hijos ceda paulatinamente a medida que éstos aprenden a autorregular su conducta. La disciplina de los padres, a medio y largo plazo, enseña a los hijos el autocontrol y la tolerancia a la frustración.

Así, poco a poco, ellos necesitarán menos regulación y disciplina externa para convivir en sociedad. Para ello el niño deberá aprender a responsabilizarse de sus propias acciones. Responsabilizarse aportará muchos beneficios a nuestros hijos; entre ellos, aprender a no culpabilizar a los demás de todos sus problemas.

Pero para poder responsabilizarse el niño ha de poder elegir.

La falta de tiempo o de sensibilidad nos impide a veces escuchar y respetar las preferencias de nuestros hijos. Otras veces, desde una preocupación excesiva por los niños tendemos a involucrarnos en exceso, a tomar habitualmente las decisiones por ellos y a asumir toda la responsabilidad de sus aprendizajes.

Sin embargo, si no permitimos que un niño tome la iniciativa, tampoco se responsabilizará de sus decisiones ni se sentirá motivado.

A menor responsabilidad, menor motivación.

Siempre que sea posible, conviene ofrecer a los niños elecciones razonables para que ejerzan el hábito de poder elegir. Observa qué atrae a tu hijo, déjale tomar iniciativas y anímale a responsabilizarse de sus decisiones. Por poner un ejemplo sencillo y cercano, no debéis asumir toda la responsabilidad en el caso de los deberes. Esta pertenece, claramente, al hijo. Esto no significa que no pueda necesitar y reclamar nuestra ayuda en algún momento pero, por regla genera,l el hijo debe sentirse responsable de sus deberes.

La disciplina, las normas que nos imponen de pequeños y que luego imponemos y que sirven para entrenarnos a vivir en sociedad, deben ejercerse desde el sentimiento generoso de que nosotros y nuestros hijos formamos parte de una comunidad global y que necesitan, por tanto, sentirse apoyados por todos nosotros, por los adultos, por la sociedad,… no solo por sus padres. Son nuestros hijos, no solo mi hijo.

Esta visión mas amplia ayuda a poner el papel de la disciplina en perspectiva: es un instrumento útil para la resolución mas o menos armónica de los inevitables conflictos entre individuo y sociedad. Si la sociedad es generosa con el individuo, éste estará mas dispuesto a contribuir al bienestar general; si, por el contrario, educamos en valores excesivamente individualistas, confrontando al individuo con su entorno, la disciplina será percibida como una imposición desagradable, una serie de normas que cumplimos a regañadientes porque nos vemos obligados a ello.

Es en este sentido es muy interesante la visión social de los indios sioux de  Dakota:

“La primera lección que recibe el niño es que en materia de bienestar público, el individuo debe subordinarse al grupo. Pero, en cambio, siente desde el primer momento que toda la comunidad asume igual responsabilidad hacia él. Dondequiera que se encienda una hoguera será bienvenido, cada olla tendrá  algún sobrante para el muchacho hambriento, cada oído estará atento a recibir sus quejas, sus alegrías, sus ambiciones. Y, a medida que su mundo crece, encontrará una sociedad que no necesita de candados para defenderse de él, ni de papel para guardar su palabra. Es un hombre libre porque ha aprendido a ejercer su propia disciplina.  Feliz, porque puede cumplir las responsabilidades que tiene con los demás y consigo mismo, como parte intrínseca y bien adaptada de su comunidad, como miembro de la fraternidad que lo circunda”.

Pero resulta importante matizar algún aspecto más:

Cuando tengas que enseñar disciplina, recuerda utilizar también el lenguaje básico de amor del niño, para que éste no confunda la disciplina con el rechazo. La disciplina no debe disminuir la sensación del hijo de ser querido. Para ello no intentes disciplinar si en ese momento te sientes con ira. Corrige al niño en privado, sin exponerlo a las burlas o a la mirada de los demás, por respeto hacia él. Si está arrepentido de una manera sincera, hay que revisar la medida disciplinaria: es posible que ya no sea necesaria y, además, cuando el hijo experimenta que sus padres lo perdonan, aprende a perdonarse a si mismo y, más adelante, a los demás.

A veces hay que saber ponerse en su lugar  y disculparlo cuando las circunstancias son estresantes o difíciles para él A menudo obligamos a nuestros hijos a vivir sometidos a nuestras prisas: tienen que despertar a una hora temprana, a veces poco natural y posiblemente contraria a sus propios relojes biológicos, deben vestirse y desayunar a toda prisa, obedecer las sirenas del patio del colegio y soportar todo el día la cantinela del  “venga, venga”…, “tengo prisa”…, “no hay tiempo”…

Lógicamente a menudo se sienten frustrados con nuestra vida apresurada.

Evidentemente, también hay que distinguir entre los casos de mal comportamiento que requieren disciplina y aquellos otros que se dan de forma puntual en determinadas edades y que pasan por si solos sin que haga falta intervenir. Está, por ejemplo, el caso del niño de 12 años que discute constantemente con el adulto. Su comportamiento es lógico, porque el preadolescente necesita utilizar y practicar su nueva capacidad verbal y medirse con el adulto. Se trata, dentro del respeto al contrincante, de una actitud sana. Otro caso típico es el del niño de 7 años que miente de vez en cuando. Si no se convierte en un hábito, no es grave: dígale claramente que no le cree en ese momento. Pudo mentir porque no le gustaba la situación, por miedo o para medir sus fuerzas comprobando si es capaz de engañar al adulto. Todas ellas son motivaciones normales si se dan de manera ocasional.

Así que, ya sabes,

disciplina, más que necesaria pero, como siempre,…. con amor y sentido común. 😉

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