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¿Muestras coherencia entre lo que dices y luego haces?…

coherenciaHace unos pocos días acudí a una charla y sesión terapéutica sobre mindfulness. El planteamiento era correcto y el ponente amable, conocedor de lo que tenía que hacer, habituado a dar charlas y cursos. Yo estaba en la primera fila, así que pude observar sus uñas casi inexistentes debido a una onicofagia (término psicológico utilizado para describir el impulso incontrolado de morderse las uñas) que le acompañaba desde hacía muchísimos años. Él hablaba de la atención plena, del momento presente, de la reducción del estrés, de la respiración,…conceptos, por otra parte, muy importantes. Así lo creo y, de hecho, practico muchos ejercicios en este sentido. Proponía y nos daba consejos sobre cómo usar las técnicas para control de la ansiedad, del sueño, del peso, eliminar hábitos indeseados, dejar de fumar,…

No me pareció oportuno ponerle en evidencia haciendo tan impertinente pregunta pero, cuando finalizó la charla, me acerqué a él y le mostré mi sorpresa por el estado de sus uñas. Se sorprendió de que me hubiera fijado en ello, me dijo que desde siempre era así y derivó la conversación hacia otros temas. Ya no quise decirle que me sorprendía así mismo su bien marcada barriga, cuando una de las grandes aplicaciones del programa que imparte está enfocada al control de la alimentación.

Y volví a sentir la falta de coherencia entre lo que se dice, se “vende” y se hace. La psicología, la inteligencia Emocional, el coaching, las técnicas de relajación, los programas de reducción de estrés,… también se han mercantilizado, y cualquiera se atreve a ponerse delante de un auditorio sin la más mínima dosis de congruencia y sentido común. Y me da pena. Porque cada día va a ser más difícil distinguir el válido del no válido, la ficción de la realidad.

Todos mostramos en las redes nuestra mejor cara, pero también debemos aprender a mirarnos en nuestro espejo interior antes de vender productos que quizá ni estamos usando en nuestras vidas. Y me pregunto… ¿qué puedo enseñar si no soy soy capaz de seguir los consejos que indico a los demás? Importante pregunta para la reflexión.

Un abrazo, Asun 😉

Si quieres… ¡puedes controlar la ansiedad!

ansiedad¿Has estado alguna vez tan asustado que sentías que no podías respirar?  ¿Has tenido momentos de ansiedad en los que el corazón te va a mil por hora y después tiemblas o te sientes débil? ¿Te preocupa ponerte tan nervioso que crees que te mareas o te vas a caer ahí mismo?

Si has respondido  a alguna de estas preguntas, vamos a practicar un EJERCICIO DE CONTROL DE LA RESPIRACIÓN  que te puede ayudar mucho.

Como en todas las situaciones de ansiedad, la tensión se concentra en el abdomen  y hace que el diafragma también se contraiga. Por eso cuesta respirar. Uno lo compensa llenando los pulmones de aire y acaba respirando entrecortadamente con la parte alta de éstos porque el diafragma está demasiado tenso para terminar de exhalar.  El resto de los pulmones, continúan llenos de aire viciado que no acaba de salir.

El resultado de esta desesperación por respirar es el PÁNICO: el cuerpo entra automáticamente en modo “pelea o huye”. El corazón se acelera, empezamos a sudar y los vasos capilares se cierran, por lo que la persona se siente débil o mareada,  la sangre fluye a las piernas (para ayudar a escapar) y enseguida éstas empiezan a temblar.

Todo esto es normal, ¡pero terrible!. La SOLUCIÓN es detener de inmediato la hiperventilación y reemplazarla por una respiración relajada y controlada, que, pasados dos o tres minutos, nos hará sentir mucho más tranquilos. Pruébalo ahora mismo o en cuanto puedas, así la próxima vez que sientas ansiedad sabrás exactamente qué tienes que hacer.

  1. El primer paso del ejercicio de control de respiración es exhalar (por la boca) para detener la hiperventilación y el pánico. Vacía los pulmones de inmediato y completamente. Saca todo el aire viciado.
  2.   Ahora cierra la boca. Es casi imposible hiperventilarse cuando se respira sólo por la nariz. Por otro lado, cuando se respira por la boca se tiende a hacerlo demasiado rápido, lo que contribuye a la hiperventilación.
  3.  Pon una mano sobre el abdomen, encima del ombligo. Inhala por la nariz, y cuenta despacio: “Uno… dos… tres”. Intenta que el aire te levante la mano. Para un segundo, y empieza a exhalar contando: “Uno… dos… tres… cuatro”. Nota que la exhalación es un poco más prolongada porque debes vaciar cada vez los pulmones completamente. Esto te protegerá de los jadeos de pánico, altos y entrecortados.
  4. Cuando empieces a sentirte más tranquilo, trata de que tu respiración sea aun más lenta. Inhala mientras cuentas: “Uno… dos… tres… cuatro”. Para un segundo y exhala: “Uno… dos… tres… cuatro… cinco”. Sigue practicando esta respiración lenta y profunda durante al menos tres minutos.

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Si eres capaz de practicar como mínimo una vez al día este ejercicio, notarás enseguida una gran mejoría en tu estado general, en el posible estrés, en el autocontrol y dominio de tus reacciones corporales y mentales, en las situaciones de ansiedad y,.. en consecuencia.., en tu salud física y emocional general.

Y es que algo tan simple como respirar bien… ¡es lo que nos da la vida!

Haz la prueba, ¡verás que es así de fácil y cierto! 😉

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