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Tú no eres así… evolucionas

Pienso que, a lo largo de la vida, todos pasamos por diferentes etapas, manifestamos distintas tendencias y, muchas veces, echas la vista atrás y te hace gracia ver cómo eras y te mostrabas hace unos años a cómo eres y te manifiestas ahora.

También tengo claro que nuestra evolución es constante, hasta nuestro último aliento, y que cada cual somos los únicos responsables de nuestras vidas. Así que no le pidas cuentas a nadie y mira un poco hacia tu interior. Tu conducta la gestionas tú. Y tus reacciones y estilo comunicativo sólo depende de tí. No eches culpa a otros de tus actos.

Eso es inteligencia emocional y responsabilidad personal. ¿Si?

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Esas Altas Capacidades tantas veces minimizadas…

Conocí hace poco, a través de las redes, a Lea Vélez. Es una escritora y guionista (entre otras actividades) con dos niños de altas capacidades. Ella también tiene altas capacidades. Enseguida se muestra cercana y afable. En alguna de mis charlas sobre niños, educación y talento, recomiendo su libro “Nuestra casa en el árbol”, basado en su propia historia, con párrafos maravillosos sobre la vida, sus hijos, la educación, la amistad, el amor, las emociones,… y otras cuestiones. Y siempre en lucha con los nefastos planes educativos de nuestro país y la falta de comprensión de muchos colegios y docentes hacia los niños con altas capacidades.

A menudo escribe en las redes sobre sus propias vivencias y diálogos vitales. Con una frescura y claridad meridianas y con una gran dosis de inteligencia emocional. Hace unos días, compartió esta conversación con su madre que me encantó y le pedí permiso para transcribirla. Disfrutad de ella y haceos fans. Lea Vélez es una brisa de fresca sabiduría llena de sentido común en este caos político, burocrático y social en el que vivimos.

“Con la de 82, 9:30 AM. Desayunando, le digo:

-Te alegrará saber que no fuiste tan mala madre con lo del colegio.

-Ah, jaja, ¿no?

-No. Yo no hacía los deberes, no trabajaba, estaba desmotivada, no rellenaba los ejercicios, tuve profesoras que me odiaban, que me consideraban rebelde, desganada. Nunca fui capaz de destacar en nada, todo me parecía fácil, intensamente aburrido, trágicamente aburrido, odié intensamente el colegio y sacaba notas mediocres en lo que mejor se me daba, pensaba que cualquier otro colegio sería mejor que el mío, lleno de niñas que me odiaban, pero tú jamás te enteraste, yo nunca te decía nada, nunca me llevaste al psicólogo, nunca supimos que había una cosa llamada Altas Capacidades, la psicóloga del colegio me hizo test, la tía, para ver si estaba chalada y yo me sentía diferente a todo y a todos. Me tacharon de rebelde, de desconsiderada, de vaga, sobre todo vaga, y tardé veinte años en superarlo. Cuando vi que mis hijos sufrían lo mismo, me propuse cambiar su presente, no podía dejar que vivieran desgraciados, así que intervine, fui a ver a las tutoras y a las pedagogas, averigué cómo ayudarlos, lo intenté todo sin conseguir una sola intervención en el aula, me asocié, los cambié de colegio, los llevé a enriquecimiento, clases de ciencia, de lo que fuera, seguí insistiendo, trabajé con ellos cada tarde para que no se quedaran atrás y los entrené tirándoles sardinas, como a los delfines, para que demostraran que eran capaces de adaptarse, estuve encima de su vida y de sus mochilas, abandonando mi vida profesional porque vivo esclava de este puto infierno educativo que nadie más que yo comprende porque yo lo viví y cargué con él hasta bien entrada la treintena y sin embargo… estoy exactamente en el mismo lugar que tú.

-¿En serio?

-En serio. Lo he intentado todo y me da lo mismo. Richard es igual que yo en todo, no se motiva, nada le interesa, su profesor cree que es un vago, la psicóloga que le toca es una acelga mustia -hasta su profesor dice que esa mujer es una acelga mustia-, el niño es infeliz yendo al colegio, tiene que rellenar fichas en clase que insultan cada día su inteligencia y su libertad creativa y yo estoy harta de obligarle a hacer frases estúpidas de lengua tipo “el perro tiene el hocico largo” y poner “El: determinante artículo masculino singular”, “perro: nombre común masculino singular”, “tiene: verbo, tercera persona del singular del verbo tener, presente de indicativo”; “largo: adjetivo calificativo masculino singular igual que el puto determinante artículo, que el puto nombre común y que todo el coñazo anterior”. No voy a salir jamás de esta pesadilla ni mis hijos tampoco y puedo verlos sufrir o puedo irme a trabajar, que suspendan lo que tengan que suspender y que se busquen la vida como me la busqué yo. Te juro que si hubiera una solución ya la habría encontrado, así que tu opción de no hacer nada fue mucho mejor porque no hay solución. Las dos hemos conseguido lo mismo por distintos caminos. Lo único que no cambia, lo único que nos salva a todos, es que les doy, como tú me diste a mí, todo mi amor y mi comprensión”.

Como veis, es un diálogo que pone los pelos de punta a quienes estamos sensibilizados sobre la grave enfermedad de nuestro sistema educativo. Y esto sigue pasando. Después de años y años de ¿evolución?, no… mejor de involución.

Mientras tanto, los políticos se revuelven en sus lodos a ver de qué manera pueden desplazar al de al lado y sacar un poco más el hocico. Ignorantes de las necesidades reales en educación.

Sigue siendo más necesaria que nunca gente inconformista y luchadora, como Lea Vélez, que se cuestione todo y practique un meridiano sentido de lo justo en todos los ámbitos de la existencia, desde el supermercado hasta otras facetas de la vida y las relaciones.

La educación está en todas partes, no sólo entre las paredes de un aula, donde demasiadas veces no se ve más allá de lo que marca el libro de texto, desentendiéndose de los niños, inmensos seres humanos que tienen mucho que enseñarnos (si sabemos verlo), con muy diferentes necesidades educativas y una riqueza de emociones, vida, inquietudes y experiencias que ya quisieran para sí muchos adultos y educadores con cara de acelga lacia.

El cambio educativo que no llega…

Releo esta entrada de hace algo más de 3 años, y echando un vistazo a mi alrededor, todo sigue parecido.

Después de muchos años observando la realidad de los colegios y escuelas, me doy cuenta de que las cosas han podido cambiar mucho. Pero no sé si estamos en el camino adecuado en todas las vías educativas. El modelo que se sigue en España sigue siendo el del final siglo XIX y comienzo del XX (hace más de 100 años), donde el maestro tiene la autoridad y el alumno es un mero receptor de contenidos.

A día de hoy, un gran porcentaje del profesorado siguen preocupados por si sus alumnos no aprenden, no llevan el ritmo, no se saben los contenidos,… todos están uniformados, hay un problema cuando no siguen el nivel de la clase, el profesor en muchos casos se desborda y no sabe bien cómo actuar. Se realizan cursos de formación que puede que sean interesantes y de gran relevancia, y salimos de ellos con nuevas intenciones,… pero a los dos días volvemos a nuestras rutinas (que nos dan seguridad). Además, el modelo educativo me pide evaluar solo unas cosas determinadas (áreas curriculares) a las que debo responder, y además también, no voy a hacer algo diferente a lo que hacen mis compañeros, el resto de mi CA y el resto del país….

En todos mis años de experiencia no he visto que los niños brillaran, porque no se les dejaba brillar. Si, algunos pueden haber destacado en algo, pero en la mayoría de los casos, sus habilidades se quedaron por el camino. Algo está fallando. Muchos diagnósticos de déficit y contados de talentosos,… y aunque alguno se haya cruzado en nuestro camino, tampoco en nuestras escuelas ni sistema educativo hay mucho sitio,… deben irse a asociaciones, en muchos casos privadas, en muchos casos costosas… Ante los problemas, los padres prefieren que vayan por la vía ordinaria y que no se les note mucho, para que no sufra.

La inteligencia emocional suele brillar por su ausencia, siendo un elemento fundamental en todo el ser humano. Todo lo que hace el cerebro lógico, ha pasado primero por el cerebro emocional.

Por muchos planes de atención a la diversidad que hagamos, si no cambiamos primero las individualidades y el marco-paradigma educativo en el que estamos inmersos, no sé a dónde podemos llegar,… pero quizá no a dónde debiéramos.

Unido a la última moda de los problemas: es que es un niño con TDHA… moda o tendencia a la que contribuyen la TV (dan 4 síntomas y ya el niño tiene tdha), las revistas (artículos que potencian esta tendencia), los propios médicos y gabinetes psicológicos (leo informes de compañeros profesionales que con una rápida y somera evaluación de un chico ya diagnostican que tiene TDHA). Los padres, por un lado se asustan, pero una vez que lo han asumido, se descargan de culpa porque todo lo que le pasa al niño es como si fuera ajeno a su responsabilidad. Es que tiene tdha y yo, ahí, no tengo nada que ver. Una medicación tranquilizante “et voila”. Niños adormecidos en las aulas, con su energía bloqueada por la medicación, pero todos contentos porque está tranquilo y no da guerra.

Y no hablemos de los centros de ESO, en los que conozco algún grupo donde el 80% de los alumnos suspende 8 materias de 8. Esto no se puede entender. No está suspendiendo el alumno, sino el profesor, el sistema, las ganas, la motivación… Se llegan a oír auténticas barbaridades e insultos hacia los chicos,… luego hay fracaso escolar, se les cuelgan etiquetas vejatorias en algunos casos,…

No quiero decir con mis reflexiones que todo sea malo en educación, ni mucho menos,…Hay excelentes profesores, gente ilusionada buscando el cambio, introduciendo nuevos y ricos matices en sus aulas,… mis palabras van dirigidas a buscar la mejora, esto necesita cambiar y debe cambiar,… estoy empeñada en poder hacer algo, en sentir que contribuyo, por medio de este blog, de las redes, de algún libro cuya elaboración tengo entre manos…

No tomamos consciencia plena y firme de que el mundo emocional de TODAS LAS PERSONAS y de los niños especialmente, es lo que conforma en gran medida nuestro rendimiento, nuestra motivación, nuestra alegría, nuestras ganas, nuestro ver todo negro o de otro color. La referencia del niño es el adulto, y el profesorado debiera ser modelo incuestionable para los alumnos, combinando inteligentemente motivación, participación, responsabilidad, exigencia, premios, censuras,…

Ya, ya sé que los padres tienen una responsabilidad aún mayor que la del profesorado y que a veces los problemas que traen de casa los niños son tan potentes que apenas tenemos capacidad de modificarlos. Pero sí tenemos capacidad de influir y mucha. Y de ser un referente seguro para los niños, máxime cuando en casa puede que no lo tengan. Y de prestarles una mano en el camino de su educación.

Si una sociedad quiere mejorar de verdad, casi no debieran concebirse los centros educativos sin unas escuelas paralelas de padres en las que se les puedan ir enseñando esas normas elementales de combinar amor, con responsabilidad, con sentido común, con consistencia, con coherencia… Yo las llevé hace tiempo y (en mi zona) casi han desaparecido o han cambiado mucho sus contenidos. Ahora voy de nuevo a por ellas.

Vale, se habla de drogas, de alcohol, de ayudarles a leer, de videojuegos y sus peligros…. Pero apenas se habla de la educación que surge del corazón, del valor de las emociones, del duelo interior tan profundo que los niños pueden sufrir cuando su ambiente no es cálido y es contradictorio.

Los niños sufren en soledad. Los adultos podemos compartir con otros por medio de la palabra lo que nos pasa, lo que nos agobia, lo que nos preocupa, y así vaciar nuestro dolor o suavizarlo. Los niños no tienen herramientas para hacer esto.

Se me parte el alma cuando veo a un adulto ante la situación de conflicto de dos niños, tratar de solucionarlo diciéndoles que se alejen uno de otro, que no jueguen juntos, y que no os volváis a hablar,…. ¿de qué vamos? ¿Esto es educar? Me importa poco si no saben una raíz cuadrada,… quizá hasta yo no recuerdo bien cómo se hacían exactamente… pero me importa mucho si no saben pedir perdón, si no pueden contar en casa o en el cole qué es lo que les pasa, si no saben resolver un conflicto asertivamente por sus propios medios, si no saben hablar correctamente a los demás, si tienen dificultades para expresar sus emociones, sentimientos y estados de ánimo.

En la escuela y centros educativos debiera haber una asignatura sobre educación emocional, que recogiera la forma de conocernos mejor a nosotros mismos e interactuar adecuadamente no solo de cerebro a cerebro, sino de mente a mente, y de corazón a corazón. Debiera haber nuevas metodologías motivadoras, creadoras de responsabilidad y de ganas de compartir y avanzar.

Y aunque parezca que no pasa nada, todo deja huella en nuestras mentes y en nuestras almas. Y si esto continua así, nuestros hijos manejarán como nadie los ordenadores, pero puede que sean como zombis en manos de unas máquinas virtuales que dan mucha información pero que también ayudan a distorsionar nuestras verdades.

Y como una pequeña piedra que deja su onda infinita en el lago, nuestra mejora de pequeñas acciones contribuye a la mejora de nuestro entorno, en primer lugar, y de la sociedad y del universo. Porque mis pensamientos influyen en el inconsciente colectivo (así lo creo) y una buena energía mía, tiene su valiosa onda expansiva sobre los demás.

También hay que tocar tierra pero los grandes logros se consiguieron por la gente que tenía grandes utopías.

Entre todos, podemos mejorar la educación. Y estamos obligados a ello.

Por el futuro de los niños, de los paises, del mundo.

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