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Tus hijos no son tuyos…

Siempre que leo este poema, me emociono. Es una bellísima reflexión del sabio poeta libanés Kahlil Gibran (1883-1931) para que los padres y educadores podamos ponernos en la perspectiva correcta en temas educativos. Léelo más de una vez. Seguro que a cada relectura descubres nuevos mensajes. Un abrazo 😉

¡Esos niños!…

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Pienso que un país que tenga cierta perspectiva de mejora y algún planteamiento educativo de hacer bien las cosas, debe proteger mucho a su infancia, porque son el futuro del país. Y aunque los derechos de los niños están recogidos en la Constitución y otros organismos e instituciones, cuando un niño se siente agredido física o verbalmente por un adulto, no suele encontrar a quién dirigirse ya que, por defecto educativo, tendemos a enseñarles que la razón la llevan los adultos, hecho que no siempre es así.

He visto llegar a niños al cole absolutamente desolados porque sus padres les han echado el rapapolvo antes de salir para clase porque no habían acabado los deberes del día anterior. He visto a profesores continuar con ese rapapolvo porque no han completado los deberes. Deberes, deberes, deberes,… en muchas ocasiones son formas de que el chico o la niña estén ocupados un par de horas más.

Y mientras tanto, apenas se les pregunta cómo se sienten, qué sentido de la justicia tienen, cómo les gustaría ser tratados, qué les pasa por dentro,… ni se les ofrecen estrategias de motivación (que las tenemos al alcance de la mano mostrándonos como adecuados modelos), o de responsabilidad (porque lo que se hace por imposición no nos vuelve más responsables).

Ya he dicho alguna vez la cantidad de cosas que se pueden hacer con ellos y que son ricas fuentes de aprendizaje (que no pasan necesariamente por el cuaderno y el libro), y que a la vez muestran amor, responsabilidad, motivación,… Tanto en casa como en el centro educativo es necesario fomentar el deporte, el conocimiento y respeto de la naturaleza, el descubrimiento del mundo, la importancia del reciclado, el amor a la música,… Pero no solo llevándoles a actividades de este tipo, sino compartiéndolas con ellos.

Igualmente es muy necesario permitir que tu alumno y que tu hija discrepen de ti (así irán desarrollando criterios propios y formando su propia personalidad), potencia su pensamiento asociativo (también entenderán mejor causas y consecuencias), que sean críticos con ellos mismos y con lo que les rodea (esta actitud desarrolla libertad de ideas), que sea él mismo, (y no el modelo que sus padres desean porque ellos no lo lograron).

Es de tanto sentido común educar bien y lo mal que se hace muchas veces. Menos hablar de competencias emocionales (es un término que está de moda y cualquiera que pronuncia las mágicas palabras, piensa que las tiene) y más ponerlas en práctica.

Reflexiona y cambia algo…, por poco que sea, estarás contribuyendo a la mejora.

Un abrazo, Asun 😉

Esto es transformación educativa…

asun

En todos los años de mi quehacer educativo las cosas han cambiado mucho. En mi condición de orientadora psicopedagógica, recuerdo mis primeras visitas por aquellas antiguas escuelas con techos infinitos y pasillos interminables, con los viejos maletines de los test,… y cuando los niños nos veían, nos miraban recelosos porque pensaban que venía el médico o que íbamos a examinarles de algo que, probablemente, no sabrían. Algunos también se acordarán de aquellas clases llenas de alumnos de distintos niveles, edades y condiciones varias, todos mirando a aquellas viejas pizarras y al profesor como a alguien que lo sabía todo porque él o ella eran casi la única fuente de aprendizaje… Sin embargo, hoy podemos ver a cada alumno con su portátil o tablet y, casi, sin necesidad de  mirar al docente…

Pues bien: ni lo uno, ni lo otro. Creo que en el centro de la transformación educativa están las personas, no la tecnología. Desde mi atalaya particular, como orientadora, con el privilegio de mirar y observar “a vista de pájaro”, sigo echando de menos que el factor emocional y humano en la enseñanza, no hayan dado ese paso de gigante tan necesario en este cóctel de ingredientes de la educación; porque ya lo dijo Pitágoras: “educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida”.

Y es que necesitamos pararnos y tomar consciencia de que las cosas cambian y las necesidades se modifican. Y en esta tarea de educar,
no es tan importante que el docente tenga muchos conocimientos, puesto que todo está en la red, sino una óptima actitud; no es tan importante el qué, sino el cómo. Con una adecuada disposición, se puede lograr casi todo. Hay personas que, en otros  trabajos, puede que hagan rutinas similares durante su etapa laboral,.. pero nosotros, los educadores, crecemos con los niños, con las familias, con los compañeros, …. y necesitamos una amplia mirada para revisar si estamos cada día en el camino correcto, porque tenemos mucho entre manos.

Se habla sin cesar de la necesidad de recursos y más recursos para que la enseñanza y la educación mejoren, y estoy de acuerdo en ello. Sin embargo, hace tiempo que me di cuenta de que el mejor recurso somos nosotros mismos, el maestro, la profe, la orientadora, … las personas que estamos con los niños, con los alumnos y sus familias.

Ampliemos nuestra capacidad de sentir y emocionarnos, porque  necesitamos crecer en humanidad. Pensamos demasiado pero no sentimos lo suficiente. 

Y no nos quepa duda de que el analfabetismo emocional provoca grandes y graves conflictos, contratiempos y hasta guerras. La inteligencia emocional, las competencias emocionales debieran estar en la base de cualquier actividad docente y curricular. Ser un requisito previo para optar al lujo de dedicarse a enseñar.

Todos los que estamos en el entramado educativo tenemos mucha responsabilidad en hacer de esta sociedad un lugar mejor donde el desarrollo del ser humano sea una absoluta prioridad. El modelo educativo debe estar basado más en la persona que en la enseñanza y la sociedad debe ser construida por personas emocionalmente competentes. Tengamos en cuenta que hoy, y cada día, entre todos, estamos creando el futuro.

 Siempre me he planteado y me digo a menudo: Asun,… ¡Que tu huella sea buena!  Que lo que permanece de nosotros y de nuestro paso por el mundo laboral, en la sociedad y en el universo, sea una fantástica contribución que nos llene de bienestar y nos haga sentir orgullosos de ello.

Un abrazo, Asun 😉    placer.enseñar.

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