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Sentir… Sentir… Sentir…

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La inteligencia emocional también es sentir y tener conciencia de tu sentimiento, para disfrutarlo y conservarlo, o despedirlo y modificarlo.

Sentir que amas, sentir que te aman, sentir lo capaz que eres de hacer felices a los demás con pequeñas cosas, sentir lo feliz que te hacen a tí otras pequeñas-grandes minucias,… sentir cómo te emocionas cuando vas a ver a tu madre, o disfrutas de tus hijos, o preparas esos regalos para los amigos, o te tomas un café a solas contigo misma y tu complicidad.

Sentir y saborear que en el año que está a punto de acabar, el mundo me ha puesto en bandeja el conocimiento de nuevos y bellos lugares, así como de personas que ya serán no sólo insustituibles, sino necesarias en mi vida…

Sentir que mi paso por el mundo no es fortuito, que todos tenemos una misión, y que en cuanto notas que estás haciendo algo en esa línea, se te llena el alma, y esta plenitud puede ser a la vez un vacío, porque lo vivencias como un hueco en la pared abdominal que, en realidad, no es un hueco, sino un gran llenazo en forma de energía.

Sentir que vives, que respiras, que lloras, que amas, que ganas, que pierdes, que deseas, que evolucionas, que sueñas,…. sentir, sentir, sentir,…. Preciosa palabra.
#Reflexionesdefindeaño

Un abrazo, con mis mejores deseos para 2014. Asun  😉 

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El colegio y las emociones…

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Si pudiéramos indagar en la mente de los niños y de los adolescentes, nos quedaríamos perplejos sobre la riqueza y variedad de sus pensamientos, emociones, sentimientos….

Todos los días de nuestra vida son importantes para nuestro desarrollo emocional y cada suceso a nuestro alrededor deja una huella que, en el caso de los niños y niñas en edad escolar, suele ser imborrable.

  • ¿Quién no se acuerda de su profesor de matemáticas, aquel que nos hacía reír a todos?… ¡cómo me siguen divirtiendo los números!
  • ¿Quién no recuerda a la señorita de lenguaje, que tenía una cara tan seria que ninguno nos atrevíamos a contarle algo que nos estaba pasando o a pedirle un favor?… no sé por qué será, pero me da un escalofrío cada vez que pienso en ella…
  • ¿Y ese otro profe que nos decía a menudo lo bien que hacíamos el dibujo artístico?…, así que todavía hoy me gusta coger mi lápiz y mis pinturas y ponerme a dibujar…
  • ¿Y la profe que me reñía constantemente porque en mi redacción había faltas y me daba una vergüenza terrible?…, pero ¡yo no podía evitarlas!, después, he odiado la lectura y la escritura…

¿Algo te suena? ¿sí?

Y es que la escuela, el colegio, el instituto,… dejan una huella definitiva en nuestras mentes y en nuestras almas.

Conozco brillantes jóvenes y personas que han sufrido mucho en las aulas,… y cuando les preguntas sobre qué recuerdan del colegio puede que te digan “pasaban de mí”, “pensar en ello me causa tanto dolor que mis padres me tuvieron que llevar al psicólogo y, ahora, prefiero no hablar”, “….

Hay personas y jóvenes que han sabido rehacer su autoestima  y te dicen algo parecido a esto: “sé que aprendo rápido, y que me tomo muy en serio lo que hago y lo que me gusta, pero del colegio no me hables, me duele demasiado”… “cuando deseo algo no me acobardo, me meto presión y sé que respondo”,…  “algo muy potente dentro de mí me empuja hacia adelante, no sé a dónde llegaré pero sé que estoy en camino”,…

Pero hay otros jóvenes que, con una estructura de personalidad más débil, se han dejado llevar por el “no valgo, no puedo, no sé, ya me lo decían mis profesores y ya me lo repetían mis padres”,…  Y se encuentran en un pozo emocional y social del que es difícil salir, sin perspectivas de ningún tipo.

¿Nos damos cuenta de lo importante que es la etapa escolar, esas horas mágicas que pasamos en los años más importantes de nuestras vidas en el colegio, esa necesidad de trabajar con inteligencia emocional y desplegar un gran abanico de habilidades sociales para conseguir complicidad, respeto , comprensión y motivación tanto de los profesores hacia los alumnos como a la inversa?.

Tanto si eres docente, padre, madre, o lo que seas, todos debemos tomar conciencia de este periodo de la vida en el que las relaciones que establecemos con nuestros alumnos, hijos,  grupos de chicos y chicas, en el colegio o en cualquier circunstancia y lugar, les va a marcar su desarrollo posterior. Pero es el centro educativo el que va a dejar una mayor y profunda huella.

Así que reflexionemos sobre esta realidad y vamos a contribuir a su mejora. No te preocupes de si no se sabe la unidad 3 del libro de Cono, pero interésate si se siente triste, desmotivado, demasiado alterado, si suspende sin sentido,…  porque, en este caso, no suele tener la culpa el niño, sino las circunstancias, fundamentalmente los adultos.

Aprende a establecer prioridades y fíjate más y mejor en la respuesta emocional.

Un abrazo, Asun 😉

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