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El cambio educativo que no llega…

Releo esta entrada de hace algo más de 3 años, y echando un vistazo a mi alrededor, todo sigue parecido.

Después de muchos años observando la realidad de los colegios y escuelas, me doy cuenta de que las cosas han podido cambiar mucho. Pero no sé si estamos en el camino adecuado en todas las vías educativas. El modelo que se sigue en España sigue siendo el del final siglo XIX y comienzo del XX (hace más de 100 años), donde el maestro tiene la autoridad y el alumno es un mero receptor de contenidos.

A día de hoy, un gran porcentaje del profesorado siguen preocupados por si sus alumnos no aprenden, no llevan el ritmo, no se saben los contenidos,… todos están uniformados, hay un problema cuando no siguen el nivel de la clase, el profesor en muchos casos se desborda y no sabe bien cómo actuar. Se realizan cursos de formación que puede que sean interesantes y de gran relevancia, y salimos de ellos con nuevas intenciones,… pero a los dos días volvemos a nuestras rutinas (que nos dan seguridad). Además, el modelo educativo me pide evaluar solo unas cosas determinadas (áreas curriculares) a las que debo responder, y además también, no voy a hacer algo diferente a lo que hacen mis compañeros, el resto de mi CA y el resto del país….

En todos mis años de experiencia no he visto que los niños brillaran, porque no se les dejaba brillar. Si, algunos pueden haber destacado en algo, pero en la mayoría de los casos, sus habilidades se quedaron por el camino. Algo está fallando. Muchos diagnósticos de déficit y contados de talentosos,… y aunque alguno se haya cruzado en nuestro camino, tampoco en nuestras escuelas ni sistema educativo hay mucho sitio,… deben irse a asociaciones, en muchos casos privadas, en muchos casos costosas… Ante los problemas, los padres prefieren que vayan por la vía ordinaria y que no se les note mucho, para que no sufra.

La inteligencia emocional suele brillar por su ausencia, siendo un elemento fundamental en todo el ser humano. Todo lo que hace el cerebro lógico, ha pasado primero por el cerebro emocional.

Por muchos planes de atención a la diversidad que hagamos, si no cambiamos primero las individualidades y el marco-paradigma educativo en el que estamos inmersos, no sé a dónde podemos llegar,… pero quizá no a dónde debiéramos.

Unido a la última moda de los problemas: es que es un niño con TDHA… moda o tendencia a la que contribuyen la TV (dan 4 síntomas y ya el niño tiene tdha), las revistas (artículos que potencian esta tendencia), los propios médicos y gabinetes psicológicos (leo informes de compañeros profesionales que con una rápida y somera evaluación de un chico ya diagnostican que tiene TDHA). Los padres, por un lado se asustan, pero una vez que lo han asumido, se descargan de culpa porque todo lo que le pasa al niño es como si fuera ajeno a su responsabilidad. Es que tiene tdha y yo, ahí, no tengo nada que ver. Una medicación tranquilizante “et voila”. Niños adormecidos en las aulas, con su energía bloqueada por la medicación, pero todos contentos porque está tranquilo y no da guerra.

Y no hablemos de los centros de ESO, en los que conozco algún grupo donde el 80% de los alumnos suspende 8 materias de 8. Esto no se puede entender. No está suspendiendo el alumno, sino el profesor, el sistema, las ganas, la motivación… Se llegan a oír auténticas barbaridades e insultos hacia los chicos,… luego hay fracaso escolar, se les cuelgan etiquetas vejatorias en algunos casos,…

No quiero decir con mis reflexiones que todo sea malo en educación, ni mucho menos,…Hay excelentes profesores, gente ilusionada buscando el cambio, introduciendo nuevos y ricos matices en sus aulas,… mis palabras van dirigidas a buscar la mejora, esto necesita cambiar y debe cambiar,… estoy empeñada en poder hacer algo, en sentir que contribuyo, por medio de este blog, de las redes, de algún libro cuya elaboración tengo entre manos…

No tomamos consciencia plena y firme de que el mundo emocional de TODAS LAS PERSONAS y de los niños especialmente, es lo que conforma en gran medida nuestro rendimiento, nuestra motivación, nuestra alegría, nuestras ganas, nuestro ver todo negro o de otro color. La referencia del niño es el adulto, y el profesorado debiera ser modelo incuestionable para los alumnos, combinando inteligentemente motivación, participación, responsabilidad, exigencia, premios, censuras,…

Ya, ya sé que los padres tienen una responsabilidad aún mayor que la del profesorado y que a veces los problemas que traen de casa los niños son tan potentes que apenas tenemos capacidad de modificarlos. Pero sí tenemos capacidad de influir y mucha. Y de ser un referente seguro para los niños, máxime cuando en casa puede que no lo tengan. Y de prestarles una mano en el camino de su educación.

Si una sociedad quiere mejorar de verdad, casi no debieran concebirse los centros educativos sin unas escuelas paralelas de padres en las que se les puedan ir enseñando esas normas elementales de combinar amor, con responsabilidad, con sentido común, con consistencia, con coherencia… Yo las llevé hace tiempo y (en mi zona) casi han desaparecido o han cambiado mucho sus contenidos. Ahora voy de nuevo a por ellas.

Vale, se habla de drogas, de alcohol, de ayudarles a leer, de videojuegos y sus peligros…. Pero apenas se habla de la educación que surge del corazón, del valor de las emociones, del duelo interior tan profundo que los niños pueden sufrir cuando su ambiente no es cálido y es contradictorio.

Los niños sufren en soledad. Los adultos podemos compartir con otros por medio de la palabra lo que nos pasa, lo que nos agobia, lo que nos preocupa, y así vaciar nuestro dolor o suavizarlo. Los niños no tienen herramientas para hacer esto.

Se me parte el alma cuando veo a un adulto ante la situación de conflicto de dos niños, tratar de solucionarlo diciéndoles que se alejen uno de otro, que no jueguen juntos, y que no os volváis a hablar,…. ¿de qué vamos? ¿Esto es educar? Me importa poco si no saben una raíz cuadrada,… quizá hasta yo no recuerdo bien cómo se hacían exactamente… pero me importa mucho si no saben pedir perdón, si no pueden contar en casa o en el cole qué es lo que les pasa, si no saben resolver un conflicto asertivamente por sus propios medios, si no saben hablar correctamente a los demás, si tienen dificultades para expresar sus emociones, sentimientos y estados de ánimo.

En la escuela y centros educativos debiera haber una asignatura sobre educación emocional, que recogiera la forma de conocernos mejor a nosotros mismos e interactuar adecuadamente no solo de cerebro a cerebro, sino de mente a mente, y de corazón a corazón. Debiera haber nuevas metodologías motivadoras, creadoras de responsabilidad y de ganas de compartir y avanzar.

Y aunque parezca que no pasa nada, todo deja huella en nuestras mentes y en nuestras almas. Y si esto continua así, nuestros hijos manejarán como nadie los ordenadores, pero puede que sean como zombis en manos de unas máquinas virtuales que dan mucha información pero que también ayudan a distorsionar nuestras verdades.

Y como una pequeña piedra que deja su onda infinita en el lago, nuestra mejora de pequeñas acciones contribuye a la mejora de nuestro entorno, en primer lugar, y de la sociedad y del universo. Porque mis pensamientos influyen en el inconsciente colectivo (así lo creo) y una buena energía mía, tiene su valiosa onda expansiva sobre los demás.

También hay que tocar tierra pero los grandes logros se consiguieron por la gente que tenía grandes utopías.

Entre todos, podemos mejorar la educación. Y estamos obligados a ello.

Por el futuro de los niños, de los paises, del mundo.

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Sobre TDA/H…la experiencia me dice que…

movimientos Leo hace unos días que el TDHA tiene un factor genético del 70%. Y comienzo a darle vueltas sobre el número de niños con esta dolencia que he visto en mis más de 30 años de experiencia orientadora, evaluadora y de diagnóstico. También dice ese diario que la prevalencia en España es del 6,8%, y que si no son tratados a tiempo, están abocados al fracaso escolar y profesional. Continúa diciendo que interfiere con el desarrollo social y educativo, y puede generar problemas psicológicos que duren toda la vida. También sentencia que lleva al fracaso, que pueden sufrir trastornos desafiantes, negativistas, disocial, estado de ánimo… Y para poner la guinda al pastel nos hablan del tratamiento farmacológico casi como el único salvador, ya que es un cuadro psiquiátrico infantil. De hecho, al 20% de los menores de 20 años ya se les da tratamiento de adultos.

Os aseguro que en los cientos de niños y niñas que he conocido evolutivamente a lo largo de los años, no se da esa prevalencia que cita el periódico. También os aseguro que en un gran porcentaje de casos de niños con problemas de atención, con o sin hiperactividad, existe un trasfondo de pautas educativas inadecuadas o inexistentes en el medio familiar, así como algo de impotencia educativa en el medio escolar.

Pienso que puede existir cierto número de casos de niños y adolescentes con este trastorno, pero también pienso que los laboratorios andan por medio de los diagnósticos psiquiátricos porque hay mucha pasta en juego.

Claro que hay niños movidos, pero no por ello tienen que sufrir TDHA ni ningún otro trastorno. En esta sociedad de la inmediatez y el escaso aguante hacia conductas que se salen de lo establecido, se medicaliza demasiado y sin motivo a niños que simplemente son inquietos.  Ya he citado alguna vez que el propio Leon Eisenberg, que fue quien describió el trastorno, meses antes de morir dijo que el TDHA era un excelente ejemplo de trastorno inventado.

Es peligroso que a un niño que se porta mal en casa o en la escuela, enseguida todos se pregunten… ¿no tendrá TDHA?, así que es fácil darles las pastillas para que se porten mejor.

Si miramos la definición del DMS (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales), por el que se guían casi todos los psiquiatras y psicólogos,… dice que el Síndrome Hipercinético es…“un trastorno del comportamiento caracterizado por distracción de moderada a grave, periodos de atención breve, inquietud motora, inestabilidad emocional y conductas impulsivas”.

Y yo analizo…

Un niño puede estar gravemente distraído porque no le interesa un pimiento lo que le cuenta su profesor, o porque está creando algo en su mente, o por mil motivos,…

Puede tener periodos de atención breve… ¿cómo son esos periodos?, ¿qué es breve para ti o para mi?,…

Puede tener inquietud motora… ¿cómo la definimos?, ¿y cómo la medimos?, ¿no es normal que un niños presente un desarrollo motor aún en proceso, y por lo tanto, inquieto?,…

Puede tener inestabilidad emocional,... claro, le riñen en el cole, en casa, solo le tienen en cuenta por sus resultados escolares,… así, cualquiera la tiene. Lo extraño sería lo contrario.

¿Sabes?

Solo en EEUU la venta de fármacos para tratar el TDHA hace 3 años alcanzó 3.100 millones de dólares.

Los efectos secundarios y tóxicos del metilfenidato (Rubifén y muchos otros) pueden ser  inmensos: alteración ritmo cardíaco, derrames, daños en el hígado, convulsiones, mareos, irritabilidad, alucinaciones, depresión, espasmos musculares,… y muchísimos más.

Entonces,… ¿qué hacemos?

¿Apostamos por educar más y mejor y diagnosticar menos?, ¿entendemos que el movimiento de los niños no tiene por qué ser un trastorno?…¿apostamos por escuelas de padres y madres para reflexionar con ellos sobre métodos educativos?… Hay mucho por hacer antes de acudir al psiquiatra.

Reflexión, precaución y cuidado. Nos jugamos mucho. Y recordad que cuanto mejor sepamos educar y enseñar recursos de autogestión emocional a los niños, menos necesaria será la psiquiatría y la farmacología en el siglo XXI. La sociedad presente y futura requiere de gestores sanos y saludables.

Un abrazo, Asun 😉

Así hay que enseñar…

abeja

Este fin de semana he tenido la oportunidad de observar diversos aspectos de la naturaleza, que nos resultan obvios para los adultos y que, sin embargo, a través de los ojos de un niño se convierten en pequeñas-grandes sorpresas y espectáculos. La simple presencia de una abeja libando en las flores de una planta, o un árbol frutal en pleno proceso de creación, supone para ellos un alto y natural grado de concentración y observación solo comparable al que practican los grandes de la meditación y/o mindfulness. Y, por supuesto, una rica y potente fuente de aprendizaje. 

Si, además, hay un adulto cerca mediando sólo cuando es necesario, sin atosigar, observando también a su lado, respondiendo a sus dudas, o participando con él/ella de la magia, ese aprendizaje será para siempre y no lo olvidará jamás. De forma complementaria, aprenderá (entre otras cosas) a respetar su entorno y a darle valor a lo valioso. Porque en ello hay un componente emocional increíble, se aprende de forma global, y fundamentalmente cuando aman lo que ven, y el adulto les muestra amor, sorpresa, disfrute y respeto en su actitud.

 ¿Qué suele haber?… Matemáticas por aquí, Lenguaje por allá, Naturaleza el jueves, Comunicación en la asamblea,… todos bien sentaditos y formales, siguiendo las normas y rutinas que marca el profe de turno o el currículo establecido, limitando tremendamente la capacidad natural de los niños de descubrir, sentir escalofríos de emoción, compartir esas sensaciones y experiencias con otros niños y otras personas,… porque esas imágenes y situaciones naturales y vitales despiertan en los peques los más ricos resortes sobre el deseo de conocer y aprender. Así, la atención es plena. La memoria hace su trabajo de forma fluida. La inteligencia trabaja de forma múltiple.

La mayoría de nuestros coles y centros educativos necesitan abrirse a la vida, fluir con ella, tener su huerto, su cocina, su lugar y libertad organizada para la expresividad corporal y emocional, su taller de carpintería, de costura,… Generalmente todo es demasiado previsible, en exceso pautado, muchas horas de silla y mesa,… y hay mucho aburrimiento. Muchas dificultades de aprendizaje y diagnósticos de TDA o TDHA y otras etiquetas, son porque se hace mal y porque no les estamos dando las respuestas adecuadas ni marcando los caminos que ellos necesitan,  porque muchos adultos han dejado atrás esa capacidad de sorpresa, de encantamiento, de fantasía, de disfrutar por nada y por todo, porque sí. Y es importante recuperar todo esto porque, si no, los adultos de mañana se parecerán cada vez más a las máquinas con las que convivimos y se habrán perdido cosas importantísimas. albaricoque

Sin ir muy lejos, podemos hacer una prueba, ahora que se evalúa todo… pregunta a algún joven o adulto si distingue por las hojas un manzano de un peral, y en qué tiempo y de qué forma salen los espárragos,… Si no se saben estas y otras cosas similares, qué queréis que os diga, estas lagunas formativas tan elementales son para suspender a cualquier sistema educativo y a los adultos, porque cada día nos alejamos más de nuestro sustento vital, que es la Naturaleza y la Tierra.

Tecnología, ordenadores, tablets, sí, ¡por supuesto! pero, por favor, por delante de ello está el mundo natural que nos rodea con tantísima riqueza y… fluyendo a la vez, la capacidad innata de descubrir y aprender de los niños. Así que urge dejar de mirar para otro lado. Es mucha responsabilidad la que tenemos.

Los adultos necesitamos ascender a la simpleza y grandeza de la mente, mirar con ojos de niño, con alma de niño…

Pongámonos a ello. Todo puede y debe mejorar. Un abrazo, Asun 😉

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