Psicología, Educación, Salud y Vida

¡Adaptándonos!


Hay temporadas en las que los astros confluyen para que te pasen muchas cosas difíciles a la vez. Y eso no supone más que un cambio en nuestras rutinas, planteamientos y prioridades. Aprendes a dejar de lado algunos aspectos banales que hasta ahora eran importantes para ti. Y también aprendes a disfrutar entre hospitales, consultas y entornos médicos.

Y es que nuestra capacidad de aceptación y adaptación son inmensas. Y esto nos ayuda a crecer más y más, y a hacernos aún más grandes como seres humanos. Y cuanto más crecemos, más podemos dar. Y eso es muy grande. Esto es lo que pienso en una tarde lluviosa. Un abrazo 😉

¡Sin palabras!

No siempre son necesarios sesudos textos. Una sencilla imagen resume toda una filosofía educativa. Por un lado las necesidades reales de un niño de aprender del entorno y de la vida con libertad e independencia. Por otro, la certeza de que todo empieza en uno mismo. Para reflexionar 🤔 

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Reconozco que es muy delicado dar consejos sobre educación, habiendo hoy en día saturación de planteamientos teóricos generales y  que además no se adaptan del todo a la infinita variedad de familias, de padres, de niños,… de personas.

Últimamente me estoy dando cuenta de algo. Y es de que los padres y educadores actuales se exceden en dar consejos, guías, pautas,… a sus alumnos y niños, en el afán de que aprendan no solo más, sino fundamentalmente, mejor.

Pero parémonos un momento a observar a esos padres que están casi constantemente repitiendo sin cesar: “di buenos días, pórtate bien, pídelo por favor, da las gracias,…”, no tendrán tiempo de cierta tranquilidad y espontaneidad,… y el niño tampoco. Hay niños en cuyos oídos resuena constantemente la retahíla del padre o de la madre, o de ambos a la vez.

Nuestra palabra, la de los adultos, padres y educadores, no tiene tanto valor como le damos: no es tanto lo que le decimos al niño lo que más influencia va dejando en él, sino lo que HACEMOS delante de ellos y CÓMO lo hacemos. No son solo las normas, órdenes, prohibiciones o consejos lo que más les formará, sino vuestra manera de vivir, vuestras preocupaciones, vuestras respuestas emocionales, vuestros amigos, vuestro entorno, vuestro humor, vuestra sonrisa, el tiempo que le dedicáis al móvil estando con ellos, la música que escucháis, los programas de TV que veis, vuestras lecturas (cuántos padres desean que sus hijos sean lectores, les compran multitud de cuentos,… pero ellos no tienen nunca un libro entre sus manos).

Sin necesidad de dirigirse constantemente a él, sin emitir grandes principios teóricos, pero estando a su lado, se le enseña y él/ella aprende lo esencial de lo que debe saber. Y si los hechos están en contradicción con las palabras, son los hechos lo que más les impresiona, y lo que deja una huella más profunda.

Así que no es necesario estar todo el tiempo diciendo cómo tiene que hacer, sino también saber mostrarnos en silencio con un comportamiento equilibrado, coherente y consecuente. Por tanto, practica una buena Educación Silenciosa.

¿Sí?                Un abrazo, Asun 😉

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