Psicología, Educación, Salud y Vida

IMG_7695                Antes de que empiece el curso…. 

Estaba reflexionando sobre diversas situaciones que he vivido en distintos momentos laborales, pensando en que, sin duda, hay muchísimos profesionales de la educación que disfrutan con su trabajo, están motivados, se cuestionan cada día y a cada momento cómo hacerlo mejor, están volcados en la Educación Emocional, están muy interesados en los avances de la Neurociencia y la Neuroeducación, les encanta lo que hacen y se enriquecen como personas con ello, … en fin, lo que debe ser.

Sin embargo, se me ponen los pelos de punta cuando pienso en esos otros profesores (no nos engañemos, están también ahí), oscuros y huraños para los que los niños siguen siendo unos “entes” bastante ajenos a ellos, y para los que el concepto de enseñar y educar se limita a abrir los libros en el aula por la página que toca, seguirlos casi al pie de la letra, ponerse detrás de una mesa y establecer el mínimo contacto emocional con los niños y niñas.

Por ejemplo… hablo de aulas de primer ciclo de primaria donde los niños son tratados de usted. Sin duda, esto no es una muestra de respeto hacia los pequeños, sino una falta del mismo, ya que con esa actitud están marcando que poco o nada quieren sobre establecer lazos afectivos con los pequeños. Estos profes son patanes emocionales y este “detalle” va unido a unas prácticas de enseñanza-aprendizaje totalmente rígidas y desprovistas de un mínimo de cercanía y calor humano. Después, alardean de que van a cursos de Inteligencia Emocional. Qué risa, qué ironía, qué desfachatez.

Otro ejemplo real son los profes que apenas llaman a los niños por su nombre en todo el curso. Les nombran con el genérico “niño o niña, incluso siendo, algunos de estos pequeños, parientes cercanos del docente.

Unos y otros “docentes indecentes” (creo que me acabo de inventar el término) tienen oscuridad interior, problemas de autoestima,  de comunicación, de trabajar en equipo… Prefieren estar cuanto más encerrados en sus aulas, mejor, sin compartir momentos de relax con otros profesores. Como mucho, controlando a los pequeños que han dejado sin recreo porque no habían acabado la tarea a tiempo. Suelen necesitar un chivo expiatorio.

No tienen apenas nada que decir, y mucho menos que aportar,… solo rumiar lo mal que está el sistema, lo poco que cobran, las ganas que tienen de jubilarse,…  si la orientadora trata de echarles una mano, enseguida saltan con un “tú das consejitos, pero ya me gustaría verte en mi pellejo”… como si estuvieran sufriendo un auténtico viacrucis por estar con niños y niñas. En el colmo de incompetencia educativa, incluso alardean de no hablarse con los padres de esa niña que trabaja poco y mal, porque discutieron en el primer trimestre, y a él, que es el profe, no le desautoriza nadie. Faltaría más.

Los he visto. Están ahí. Pasando demasiadas horas y días con los pequeños que han de ser el pilar de la sociedad, del mundo, de los necesarios cambios sociales,… dando un ejemplo nefasto en todos los ámbitos. Y haciendo de la asistencia a la escuela para no pocos niños y niñas, una auténtica tortura.

Y lo mas curioso, no hay inspector, ni organismo, ni jefatura del centro, ni nadie… que se atreva a plantarles cara o, al menos, a sugerirles reflexionar sobre lo qué están haciendo. O mandarles al rincón de pensar. U otras muchas medidas que se podrían tomar.

Esto debiera ser la revisión de la práctica docente, no sólo inflar el currículo con cursos que nos den créditos para que el sueldo no merme, para engordar mi carrera docente, y para aparentar que estoy al día.

Todo el mundo, docentes o no, necesitamos librarnos del dolor de las experiencias traumáticas personales de la etapa infantil o de primaria (parentales, familiares, escolares y sociales) que tanto nos han marcado y condicionan nuestra respuesta,  para poder ver a los niños en toda su grandeza y tratarles con el debido respeto. 

Es que no me canso de repetirlo…. ¿educación emocional en los centros? por supuesto que sí, que es hipernecesaria, pero primero… educación emocional en los adultos.

¡Me parece tan obvio!. Un abrazo y hasta otro rato 😉

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Hace un par de meses leí en la prensa de mi comunidad un escalofriante artículo sobre una empresa de servicios de comida en comedores escolares, residencias de personas mayores, centros de educación infantil y primaria, centros de día, hospitales, personas dependientes…
El tema es muy grave ya que se constataron en diversos centros y poblaciones, denuncias sobre la mala calidad de la comida, entre otros:
⁃ Presencia de bacterias en menús.
⁃ Deficiente presentacion, sabor y olor de la comida, (centro personas mayores).
⁃ Larvas de gorgojo en platos servidos a niños (en varios colegios).
⁃ Denuncia de padres por la escasez y mala calidad de los alimentos que reciben sus hijos.
⁃ Un trozo de madera de 2 cm en un plato de verduras.
⁃ Bacteria listeria monocytogenes. En este caso, los envases estaban cerrados antes de su análisis, por lo que ya estaban contaminados. Esta bacteria genera enfermedades antes de que se note nada raro en la comida, afectando a niños y mayores. 
⁃ Un chicle mascado en un plato de comida.
⁃ Un insecto dentro de una croqueta.
⁃ Una tuerca.
⁃ Un trozo de cuchilla de 2 cm.
Como podemos comprobar, es absolutamente incomprensible e inadmisible.
Se incumplen gravemente los protocolos de sanidad y cuando hay denuncias, se resuelven con multas, como si el dinero tuviera potestad de sanar. 
Y luego nos preguntamos de dónde han surgido tantas y tantas nuevas dolencias y enfermedades que no existían hace 100 años. Y tantos y variados cánceres, enfermedades neurodegenerativas y del estado de ánimo, enfermedades del sistema inmunológico,…. El ser humano vive más años que nunca, pero acarreamos mucho lastre en nuestra salud con dolencias variadas que hace 60 años ni existían. Eso sí, los laboratorios se frotan las manos porque a cada nuevo "mal" ellos nos ofrecen grandes "remedios" que nos aliviarán esos síntomas pero quedará encubierta la causa de la enfermedad. Además, si te duele el estómago te trato el estómago y punto…. como si esta parte del cuerpo no tuviera relación con el resto.
Lástima que aún la medicina no se da del todo cuenta de que somos seres completos con un organismo en interacción y lo que le pasa a un órgano afecta al resto del cuerpo, cerebro incluido. 
Y estoy segura de que somos lo que comemos, cómo lo comemos y lo que pensamos.

Vigila tu alimentación, lo que comen los tuyos, lo que les dan en los centros escolares o cualquier otro lugar y si no te gusta… denuncia, protesta, habla, grita, hazlo visible. Algunos desalmados no pueden quedar impunes jugando con la salud de todos para llenar sus arcas. 

La solución no pasa sólo por poner multas, sino por cerrar de un plumazo estas empresas que se pasan por allí la salud de los demás y comercian con nuestra alimentación.
Mientras tanto y por tu cuenta, prescinde de azúcares y lácteos (para empezar). Te harás un gran favor. Y aumenta tu formacion-información en materia de salud y alimentación. Esto también es educación.
Que no nos vendan como saludable mucha de la "comida-basura" que tan bonita y apetecible nos muestran en TV o en los supermercados. Vamos a ser más críticos. Nos jugamos mucho.
Hablaremos de todo esto con más intensidad.
Un abrazo y hasta pronto 😊 

Tiempo de verano, de soltarse la melena y dejarse muchos de los condicionamientos que nos autoimponemos. El cuerpo más desnudo, la mente más libre. Esto es bueno, saludable y necesario. Pero cuidado con que esa libertad afecte solo al cuerpo. La mente también lo necesita, sin dejarte llevar solo por los consejos de las revistas, sino cuestionándote tu integridad lejos de falsas fachadas. 

La belleza es más auténtica cuando surge de dentro. Por muchos potingues que nos echemos  y apaños que nos hagamos, si no hay esa esencia dentro, poco vamos a brillar.  

Así que resplandece con luz propia, porque esta luz nunca se apaga. ¡No lo olvides! 

Un abrazo y feliz verano 😘

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