Psicología, Educación, Salud y Vida

Hoy es el día mundial del cáncer. Y está bien el simbolismo del lazo rosa u otros, el sentimiento de participar en algo colectivo, los avances en la investigación,… pero deben investigarse no solo nuevos fármacos sino trabajar de manera integrativa diferentes disciplinas médicas, aportar cada rama del saber lo que sabe, buscar el por qué de tanta incidencia del cáncer…,

Nos quedamos con los brazos cruzados cuando oímos que cada día hay y habrá más … Así que echo de menos que en el entorno médico no se hable un poco más de la prevención, de la alimentación-basura, de la importancia del ejercicio, del valor del equilibrio cuerpo-mente para superar cualquier dolencia, de la importancia de que la/el paciente se implique en su proceso curativo,…. y más, mucho más.

Si me pongo un lazo rosa, echo unas monedas en una hucha y participo en alguna carrera, no me parece suficiente. Cuando se dice “únete a la lucha contra el cáncer”, yo digo… “vale, me uno”… ¿y qué? Son palabras.

Algo más puedo y debo hacer. Y eso pasa (sin dejar la vía medica) por participar en mi curación, investigar también por mi cuenta, mejorar mi actitud mental, incorporar hábitos más saludables y creer en que si quiero, puedo.

Esta es mi humilde opinión desde el conocimiento que me ha proporcionado el cáncer de mama sufrido por mi hija en 2017.

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Elisa, en la etapa de educación infantil, aprendió a leer antes que los demás y se mostraba entusiasmada ante cualquier nueva oportunidad de aprender y descubrir que la vida le ponía a su alcance, … pero la profesora le decía a menudo que no quisiera ir por delante, porque tenía que hacer las tareas, los trabajos y las actividades al mismo tiempo que sus compañeros. Comentarios similares a este, seguían teniendo lugar en el colegio en distintas situaciones.

La niña pasó, en el transcurrir de los meses, de una actitud abierta a otra de tristeza,ensimismamiento y falta de atención. Parecía que siempre estaba en las nubes, cuyas formas y movimientos, por cierto, le gustaba mucho observar.
En el medio familiar no entendían lo que pasaba, puesto que la niña era alegre y además ¡muy lista! Y se preguntaban el por qué de su cambio de actitud.
A Elisa, desde bien pequeñita, le apasionaba la música y, además, mostraba aptitudes para ello, así que sus padres decidieron matricularla en el conservatorio de la ciudad para tomar clases de violín, disciplina en la que pronto destacó sobre el resto de sus compañeros. Aún no había cumplido 9 años.
Estando en 4° de primaria, sus padres solicitaron una entrevista con la orientadora, ya que veían que su hija era muy muy lista, pero mostraba distracción y poco interés por las actividades del colegio.La orientadora no había recibido nunca una demanda sobre esta niña. Así que comenzó a realizarle las correspondientes evaluaciones, viéndose claramente que Elisa poseía altas capacidades y un talento muy especial para la música.
Los padres estaban recelosos de “catalogarla”, pues tenían miedo de que se produjeran rencillas con otros niños y dificultades en la respuesta educativa del colegio. Aún así, accedieron a ello.
Entre otras medidas, la orientadora recomendó diferentes adaptaciones para todas las áreas y, de forma específica, para música, dando sugerencias, consejos y pautas (recogidas dentro de la correspondiente adaptación curricular individual) para que Elisa se sintiera bien emocionalmente y tuviera oportunidades de aprender a su ritmo, mostrar sus aprendizajes y desarrollarse de forma equilibrada y armónica según sus características y necesidades.
Un día, al salir de la clase de música, la orientadora se cruzó con ella y percibió un gesto de disgusto en su cara, así que aprovechó para invitarla a hablar un poco con ella. La niña le contó que en clase le pidió a la profesora que si podía tocar una pieza de Mozart que le salía muy bien en el conservatorio,…¡estaba entusiasmada con sus progresos con el violín!… pero la profe le dijo que no, que no quisiera correr tanto y que, en todo caso, ya la tocaría a final de curso.
La orientadora, indignada por la actitud de la profesora y por el nulo caso que había hecho a sus recomendaciones, fue a hablar con ella, le recordó que era una niña con necesidades educativas especiales y, ante su sorpresa, le dijo que Elisa podía tener altas capacidades y ser muy buena para la música y que para eso estaban sus padres, para ayudarla y llevarla al conservatorio, pero que en su clase, no podía permitir que fuera por delante de los demás.

Y bueno, así se sigue entendiendo la educación, el talento, las adaptaciones curriculares, la personalización de la enseñanza, las competencias emocionales, etc, etc, etc,… en muchos colegios de nuestros país.

Sacad vuestras propias conclusiones. Y si tenéis algo que ver con la educación, por favor, nunca lo hagáis así de mal. En estos casos, debiera ser obligatorio evaluar al profesorado y si no está preparado,… poder adoptar medidas.

La educación no es una broma, ni la docencia solo un medio de ganar el sueldo. La responsabilidad de los adultos es infinita. Y cambiar lo que no se hace bien, es de sabios.
Un abrazo y hasta otro día 😉

01¿Cuándo vamos a cambiar la enseñanza tradicional por algo en lo que esté implícito el mundo real?… por ejemplo, las artes en todas sus facetas,  la economía, el comercio, el manejo de las relaciones sociales más allá de las aulas, la literatura  (no solo la de escritores conocidos, sino la que se puede desarrollar en los centros educativos), las redes y todo lo que conllevan (para bien y para mal),  ,…

¿Cuándo nos vamos a dar cuenta de que la escuela, tal y como sigue siendo hoy, no tiene nada que ver con los niños y jóvenes actuales?  Y es que no hay mucha conexión entre lo que aprenden en los libros y lo que están viviendo fuera.

Lo he dicho mil veces pero… ¿cuándo nos vamos a dar cuenta de que el sistema educativo actual cada vez se aleja más de la realidad social? Hay un evidente desajuste que es necesario cuestionar, trabajando en pos de su eliminación.

¿Cuándo nos vamos a dar cuenta de que el modelo educativo está creando muchos trastornos en los niños? Es innegable la relación directa entre muchos casos de ansiedad, TDHA, depresión, desordenes de conducta…. y la escuela.

¿Cuándo vamos a creer realmente en la necesidad de potenciar un pensamiento crítico, participativo, personal, divergente?  Así les ayudaríamos a desarrollar la responsabilidad, seguridad en sí mismos, autonomía… No solo ser consumidores de lo que les ofrece la sociedad, sino también creadores. Los niños y jóvenes son capaces de producir objetos y situaciones de gran valor social.

¿Cuándo vamos a suprimir los exámenes o a mirarles con otros ojos? No debieran ser algo para saber a dónde llegan en sus conocimientos, minimizando al que suspende, sino más bien que les ayudaran a tomar conciencia del valor del saber y del crecimiento personal.

¿Cuándo vamos a creernos que todos tenemos capacidad para aprender muchísimas cosas? Mientras la escuela siga fomentando casi exclusivamente el pensamiento lógico nos estamos perdiendo múltiples facetas y matices de la enseñanza y de los niños y jóvenes. La filosofía, esa gran olvidada, ayudaría a dirimir muchas cuestiones y a resolver muchos problemas, tanto individualmente como en grupo.

¿Cuándo vamos a tener la certeza de que aprendemos a través de las emociones? Nuestras emociones, pensamientos, reacciones, estados anímicos estables o fluctuantes, así lo muestran. La neurociencia lo ha demostrado. La neuroeducación insiste en ello. Pero en el día a día, más allá de programas y fichas, hay muchísimos baches (los adultos somos un bache, y a veces un socavón) en la enseñanza-aprendizaje del componente emocional del aprendizaje y de la vida.

¡Esto tiene que cambiar!… ¿A que sí?

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