¡No practiques “phubbing”!

movil.post.mayoMe ha sorprendido el nuevo concepto de PHUBBING, (de “phone” y “snubbingg” que es el acto de ignorar a las personas que tenemos al lado por estar demasiado pendientes del móvil.

Echamos la culpa a los adolescentes y jóvenes, pero ya hay estudios que indican que 1 de cada 3 padres RECONOCE abusar de la tecnología y ser un mal ejemplo para sus hijos. Y mas de la mitad de los padres consultados dicen que el teléfono interrumpe la relación con sus hijos más de tres veces al día. Yo creo que bastantes más.

Pero los niños empiezan a ser muy conscientes de que muchas veces, se sienten ignorados, y pasan a segundo plano en la atención de sus padres.

No te digo nada cuando son adolescentes. Hacen una lectura precisa del tiempo que los padres pasan con el móvil, perciben que a veces les hablan a sus mayores y no se enteran, y saben que se está perdiendo mucha comunicación. Como se les hace menos caso, cada vez se refugian más en el mundo irreal de la pantalla del móvil. Y después los padres se echan las manos a la cabeza, pero no se dan cuenta de que son ellos los que están provocando esa situación.

Evidentemente esto es un bucle: padres con el móvil, niños callados y con el móvil. No dan guerra, no protestan. De vez en cuando les damos un grito porque nos sabe mal que estén todo el tiempo en su habitación chateando y, a la vez, nos queremos demostrar a nosotros mismos que somos padres responsables que sabemos distinguir los tiempos que le dedicamos a cada cosa, y esto no es verdad.

Otros niños más pequeños, de 7-10 años, tienen la sensación de que el móvil es un trozo mas de la mano de su madre. Y así lo manifiestan. Dicen que están todo el día haciendo fotos y contestando rápidamente a cualquier WhatsApp o llamada que tengan. Y que conducen con el en la mano, hacen la compra con el en la mano,… y son incapaces de desprenderse del móvil por un rato.

Los padres les riñen por jugar a la Play pero los adultos no son conscientes de que ellos están todo el día con el móvil. Y muchos hijos e hijas piensan que les hacen más caso al móvil que a ellos. Y esto no es beneficioso para su desarrollo personal, sino todo lo contrario.

El COVID ha venido a agravar esta situación, puesto que, al estar mucho más tiempo en casa, la forma de entretenimiento y de que estén callados es “permitirles” un poco mas el móvil. Y a mayor tiempo de uso, mayor dependencia. Es más fácil mirar una pantalla que coger un libro.

La pena de esto es que la tecnología ha venido a quedarse. Y vamos a tener que pagar un importante peaje en las relaciones humanas.  Aunque aún no sabemos hasta qué punto va a contaminar y cambiar las relaciones padres-hijos, ya se vislumbran muchos efectos secundarios y patologías asociadas.

Hay algunos padres que, a instancias de los educadores, han elaborado “contratos de tiempo y forma de uso del móvil” para los hijos, pero normalmente suelen servir para quedarnos tranquilos al principio de que el niño posee un teléfono personal, olvidándonos enseguida de las normas que habíamos pactado. Es más costoso mantenerlas, que dejarle hacer con el móvil lo que le apetezca.

Me gusta la idea del contrato, y es una herramienta útil para controlar y supervisar su uso, pero antes de elaborar un contrato, yo te preguntaría…  

¿Qué tipo de uso haces tú como adulto/a de las tecnologías?, ¿cuántas horas dedicas al día al móvil?, ¿qué importancia tiene para ti?, para qué lo empleas: ¿siempre es para algo útil, o no siempre? Cuándo estás compartiendo tu tiempo con la familia, ¿estás más pendiente del móvil que de la conversación con ellos?

Debéis saber que vosotros sois un modelo de referencia para vuestros hijos e hijas y que la gestión correcta del móvil y las tecnologías empieza por vosotros mismos.

Preguntaos también sobre…

¿Tiene mi hijo una buena red social en la vida real?, ¿disfruta de las amistades que tiene?, ¿comparte ocio presencial con otras personas?, ¿cuánto tiempo destina a estar con ellos?,  ¿tiene dificultades en sus relaciones sociales?,…

Una vez respondido todo ello y, si sois sinceros con vosotros mismos, veréis que la mayoría de las veces, el problema no está en los niños sino en las prioridades y modelos de comportamiento que les mostramos los padres.

No todo es malo en el uso del móvil, pero como en todo, mejor usar con sentido común y no abusar. El abuso crea dependencia, aislamiento social, pérdida de la noción de realidad, ansiedad, estrés, y otras consecuencias nefastas. Y esto es una realidad que ya está delante de nuestros ojos.

Así que poneos las pilas y revisad vuestro uso racional o irracional del móvil, para que vuestros hijos vean y perciban que tenéis dos manos libres de objetos para darles un gran abrazo (y te dirían que no les hagas tantas fotos, sino que te centres más en el momento y la situación con ellos).

 

Confinamiento y huella psicológica

cubismo

Ya hay estudios, basados en experiencias anteriores, y otros más actuales como  el realizado por un equipo de psicólogos liderado por Samantha Brooks, y publicado en la revista The Lancet, que indican que la postcuarentena tampoco será fácil.

Tanto tiempo de confinamiento es ciertamente inquietante, y parece ser que algunos de los efectos negativos se detectan después de haber pasado el aislamiento. Por algo la privación de libertad se utiliza como castigo en el código penal.

Dicho estudio propone unas sencillas orientaciones útiles para el momento que estamos viviendo. Coincido con ellas y las comparto: nos ayudará a reflexionar y a tener un mapa mental de nuestra propia situación, para que no nos coja de improviso ante cambios propios y de las personas de nuestro entorno.

Por esto, necesitamos PAUTAS para procesar bien las emociones que se han desencadenado con esta emergencia, para que no se enquisten en nuestro estado de ánimo.

Incluso el confinamiento en casa tiene impacto en nuestro equilibrio: desencadena, en muchos casos, ansiedad, ira, estrés, frustración, … y afecta a la salud.

Estos días hablamos con muchos familiares y amigos y, en ocasiones, se comenta que estamos durmiendo peor que antes y que nos despertamos a menudo a lo largo de la noche, teniendo la sensación de descansar menos.

Nos invade una sensación de irrealidad, nos hemos visto obligados a cambiar unas rutinas por otras, … además de los efectos devastadores que sobre la psique colectiva tiene el hecho de que estén muriendo tantas personas y sea difícil, e incluso imposible, despedirnos de nuestros seres queridos.

El estado de ánimo puede ser impredecible en muchas personas y estallar la rabia, episodios de ansiedad sin tener consciencia del motivo o mostrarse al límite de la propia resistencia. Y la incertidumbre aumenta cuando los gobiernos improvisan. Y cuando las televisiones están cebados en noticias repetitivas y negativas, lo que llamamos “carnaza”, para sumar cuota de pantalla.

Necesitamos asumir el COSTE PSÍQUICO y poner mucho de nuestra parte para salir adelante. Aunque volver a la “normalidad” va a ser una bofetada de realidad porque entraremos en otra situación de expectación sobre los cambios sociales, laborales, sanitarios, educativos, económicos, …  tan tremendos que van a acontecer tras el confinamiento.

Todos precisamos ir preparándonos para los cambios, también psíquicos, que muchísimas personas van a experimentar.

En general, tanto para ahora como para después, tengamos en cuenta que:

  • LA ADAPTACIÓN NO VA A SER INMEDIATA: el ser humano necesita tiempo para retomar de nuevo el ritmo, tras un parón obligatorio de esta magnitud. Seamos pacientes pero firmes en nuestro avance hacia la “normalidad”. Nuestra actitud es nuestro mejor apoyo.
  • APRENDAMOS: no podemos cerrar la experiencia en falso, con la sensación de que todo ha sido como un sueño o una pesadilla; no es bueno cerrar la etapa y dejarla estar. Deberemos pensar en ello, hablar, escribir, dotar a la experiencia de significado para integrarla en nuestra historia. Porque ya forma parte de nosotros, de nuestro entorno y de nuestro mundo físico y emocional, individual y colectivo.
  • SEAMOS TOLERANTES con nosotros y con los demás. No vamos a exigirnos de la noche a la mañana el mismo ritmo anterior. Necesitamos ese tiempo y comprensión para facilitarnos el retorno. Curiosamente cuando salgamos de casa quizá, los primeros días, nuestro mayor deseo sea volver. Ya nos hemos acostumbrado y nuestras paredes nos dan seguridad. Y nos han hecho ver el exterior como nuestro mayor enemigo.
  • PRESTEMOS ATENCIÓN A NUESTRAS EMOCIONES: si surge frustración, ira, miedo, culpa, … será comprensible. No hay emociones malas, solo hay que aceptarlas, trabajar con ellas para modificarlas y darles salida y, en caso necesario, pedir ayuda.
  • COMPARTE cómo te sientes. Saber que a otros les pasa lo mismo es un alivio, y ayuda a liberar la tensión de la propia emoción. A la vez, nos ayuda a sentir que formamos parte de una sociedad en la que todos hemos vivido algo duro, extraño y extraordinario, que nos hará replantearnos muchas cosas en nuestras prioridades y en nuestro modo de vida.

También LOS NIÑOS pueden desarrollar problemas de conducta donde antes no existían. Así que no vienen mal unas pautas para ellos.

  • DARLES TIEMPO para adaptarse al nuevo ritmo diario. En casa es muy necesario establecer rutinas en las que se sienta seguro y estar atentos si vemos problemas de alimentación, sueño o conducta. Serán señales de que algo no va bien.
  • SIN MENTIRAS: Tenemos la responsabilidad de sentarnos a hablar con ellos, contarles lo que está pasando con un discurso adecuado a su edad, y sin mentir en las respuestas que les demos. Deben entender para que integren esta etapa de su vida, dándole sentido, en su evolución. Según la edad de cada hijo.
  • CONTAR, MEJOR QUE PREGUNTAR: no preguntar de forma insistente cómo se sienten, ni si entienden lo que pasa. Es mejor que nosotros expresemos nuestros temores (sin pasarnos) y sea una conversación fluida, no un interrogatorio. Hablar de ello con naturalidad.
  • CON LOS ADOLESCENTES es buen momento para desarrollar el pensamiento crítico, a través del refuerzo de la comunicación familiar. Que no crean que lo que dicen las redes es la verdad. Y cuidado si se observan signos de alarma como comportamientos fuera de lugar, bajo estado de ánimo, … No quites hierro dando por terminada una situación que puede estar en la base de un problema emocional.

Cuídate, disfruta del momento presente, y piensa que el desaliento no es una opción. Y que la tranquilidad, aceptación y cierto grado de optimismo, son una obligación.