¡Los niños necesitan buenos cimientos emocionales!

El amor y la ternura son los cimientos de nuestro desarrollo emocional y, por tanto, importantísimos a o largo de toda nuestra vida.

 

Pero, de forma específica, las muestras de afecto o desafección que recibimos cuando somos pequeños, quedan grabadas a fuego en nuestro cerebro emocional o sistema límbico, cuya función está relacionada con el aprendizaje, la memoria y las respuestas emocionales. Está situado justo debajo de la corteza cerebral y está formado por el tálamo, el hipotálamo, la amígdala cerebral y el hipocampo. En la “amígdala” es donde se procesan las emociones.

Es la estructura más importante dentro del sistema límbico. Es la que guarda y maneja nuestras emociones más irracionales. Es esta parte del cerebro en la que se genera la “defensa” contra los peores sentimientos que tenemos los seres humanos: el miedo, la ira, la tristeza, etc. Se encarga de regular estas sensaciones y de protegernos ante ellas.

Gracias a la amígdala podemos escapar de situaciones que ponen en riesgo nuestra supervivencia; pero también tiene una parte complicada: es la que permite que nuestros miedos más profundos y nuestros traumas infantiles salgan a la luz. La amígdala nos ayuda a buscar la estrategia necesaria para solventar una situación de estrés, miedo o peligro y nos da una visión de lo que sucede a nuestro alrededor.

Seguro que tienes frescos y nítidos recuerdos con esa huella emocional buena y no tan buena de cómo se relacionaban contigo tu familia, educadores y entorno. Abrazos, explicaciones, gritos, castigos, sonrisas, caricias,… Todo queda grabado en la amígdala y va a condicionar tu equilibrio emocional posterior.

Así que trata de hacerlo muy bien con los niños y, por supuesto, con todas las personas, pero fundamentalmente con los niños. Son indefensos y les enseñamos a modelar su personalidad con nuestras reacciones, emociones y comportamiento. ¡Cuán importante es conocer y mejorar nuestra Inteligencia Emocional!

¡Pon en valor lo sencillo!

La inteligencia emocional también es sentir y tomar conciencia de tu sentimiento, para disfrutarlo y conservarlo, o despedirlo y modificarlo.

Sentir que amas, que te aman, sentir lo capaz que eres de hacer felices a los demás con pequeñas cosas, sentir lo feliz que te hacen a tí otras pequeñas-grandes minucias,… sentir cómo te emocionas cuando vas a ver a tu madre, o disfrutas de tus hijos y nietos, o preparas esos regalos para los amigos, o miras las caprichosas formas de las nubes, o te tomas un café a solas contigo misma y tu complicidad.

Sentir y saborear que en el año que está a punto de acabar, el mundo me ha puesto en bandeja el conocimiento de nuevos y bellos lugares, así como de personas que ya serán no sólo insustituibles, sino necesarias en mi vida…

Sentir que mi paso por el mundo no es fortuito, que todos tenemos una misión, y que en cuanto notas que estás haciendo algo en esa línea, se te llena el alma, y esta plenitud puede ser a la vez un vacío, porque lo vivencias como un hueco en la pared abdominal que, en realidad, no es un hueco, sino un gran llenazo en forma de energía.

Sentir que vives, que respiras, que lloras, que amas, que ganas, que pierdes, que deseas, que evolucionas, que sueñas,…. sentir y emocionarnos,…. Preciosas palabras.

Con mis mejores deseos para esta Navidad y el cercano 2020.

¿Alguna vez habrá cambio educativo?

¡Ay, maestros! Con tanta ilusión y trabajo de algunos por un cambio de la educación en nuestro país (valores, normas, responsabilidad, motivación, ética), empiezo a pensar que todo es un sueño vano. Y que mucho esfuerzo de algunos (impartiendo y acudiendo a cursos, conferencias, seminarios, charlas, coloquios) es labor estéril. Buenos propósitos pero demasiado tiempo para poco cambio.

Me informan de una persona que conozco, directora de cole, que acaba de dejar el cargo cansada y desmotivada. La ha sustituido otra persona con escasas cualidades para ese difícil y bonito puesto de trabajo. Hablo con profes y orientadores y me dicen que se sigue haciendo lo mismo y de la misma forma que hace muchísimos años. Y muchas más cosas en la misma línea que me producen una tristeza infinita. 

Pienso que hay algo más fuerte que los valores que emponzoña las almas en algunos momentos y hace que el ser humano pierda todo lo que es (o mucho de ello) como ser humano. O la educación no sirve o no se está educando bien.
¿Y sabéis por qué?
1. Porque la educación no es una prioridad en nuestro país.
2. Porque todos hablan de ella y nadie sabe por dónde empezar más allá de cambiar leyes y poner algunos cursillos o charlas para justificar que el profesorado se recicla.
3. Porque para cambiar la educación hay que modificar el pensamiento y prioridades de los educadores.
4. Porque a los padres no se les enseña cuando traen un hijo al mundo.
5. Porque la sociedad no está sustentada en una buena educación.
6. Porque los adultos no nos damos cuenta de que para cambiar la educación, primero debemos cambiar nosotros.
7. Porque si no cambiamos los adultos, no seremos capaces de hacer nada diferente ni mejor y caeremos una y otra vez en los mismos errores.

8. Y porque nadie se da cuenta de todo lo que acabo de decir.

#ArteDeEducar #ArteDeSer