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Sencillo Razonamiento sobre Psicología Positiva…

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Existen personas que piensan que  cuando hablamos de psicología positiva, estamos todo el día con la sonrisa en la cara y dejando de lado los problemas, como embobados en ver sólo el lado rosa de las cosas.

Y no es eso. Eso sería ignorancia interpretativa.

En realidad, cuando la mente de una persona actúa desde la psicología positiva, no supone meter la cabeza bajo la tierra para no ver, sino que se abordan las circunstancias desde una perspectiva creativa y abierta, a  través de la cual, se llega antes y mejor a soluciones.

Hay un sencillo ejercicio que te puede llevar a analizar en ti hacia donde tiende tu pensamiento.

Cierra los ojos y visualízate ante una situación que hayas vivido en la que lo has pasado mal y percibe cómo has superado la misma, o quizá todavía estás en ella.

Reflexiona:  ¿Estás anclado en el problema?, ¿le ves solución?, ¿tu mente aporta ideas nuevas para que se produzca la solución?, ¿o crees más bien que la solución vendrá por sí sola del exterior?, ¿o que la tienen que dar otros?, ¿o que has tenido tan mala suerte y que eso ya no tiene solución?…

Cada respuesta que has dado a esas simples cuestiones que están en la vida de todos, están determinando tu tendencia hacia la psicología positiva y creadora o bien hacia la psicología fijada en los problemas.  Veamos, vamos a repetir las preguntas:

¿Estás anclado en el problema?, SI – NO

 ¿le ves solución?, SI – NO

 ¿tu mente aporta ideas nuevas para que se produzca la solución?, SI – NO

¿o crees más bien que la solución viene del exterior?, SI – NO

¿o que la tienen que dar otros?,  SI – NO

¿o que has tenido tan mala suerte y que eso ya no tiene solución? SI – NO

Tus respuestas, debieran coincidir con las de color verde-mar. En ese caso, estás en un buen camino para buscar las soluciones idóneas, aprender de tus circunstancias y avanzar, dejando de lamentarnos constantemente por todas las desgracias que nos pasan de las que solemos decir que nosotros nada tenemos que ver con ellas y que nada podemos hacer,… cosa que no suele ser cierta.

Como dice Carmelo Vázquez,  catedrático de psicología y presidente de la SEPP (sociedad española de psicología positiva), la ciencia ha revelado que el buen rollo aumenta hasta un 15% la protección contra las infecciones; que, según un estudio realizado, alarga la vida y que, aunque la mitad de la felicidad depende de los genes y un 10% de lo que nos sucede, el resto podemos cambiarlo. Encima, es tan contagiosa como los virus.

Muy pocas veces recordamos que Aristóteles hace casi 2.500 años ya dijo que «La felicidad es el objetivo principal de todas las personas». Y así debiera ser. A todos nos pasan cosas tristes. Es ley de vida. Pero ya no es ley de vida cómo las afrontamos, porque eso depende de cada uno. Sin duda, aquí tienes mucha responsabilidad.

Para finalizar, otro sencillo ejercicio…

Cierra los ojos. Haz tres respiraciones  profundas, llenando el abdomen cada vez con la inspiración y vaciándolo con la espiración,…Ahora y, lentamente, ve sintiendo, empezando por los pies, todos los órganos y tejidos de tu cuerpo, visualízalos, siéntelos relajados,… En este estado de calma en el que te encuentras, coge (con tu imaginación) un trozo de chocolate (o cualquier cosa que te apetezca) y disfruta de su aroma y su textura en la boca. Sigue con los ojos cerrados. Concéntrate en las sensaciones.

A este ejercicio de relajación-meditación-visualización se le llama “savoring”, una de las técnicas que utiliza la psicología positiva para potenciar las experiencias agradables. ¡Y funciona! El placer viaja de la boca al cerebro a velocidad de vértigo.

Pues igualmente puede funcionar la solución creativa de tus problemas. Cierra los ojos, relájate y visualiza una solución o un camino hacia la misma. Sal del estancamiento.

Por cierto, la psicología positiva y la inteligencia emocional son muy buenas compañeras, suelen ir de la mano.

Ponte a ello. Se constante y verás cambios casi de forma inmediata. Un abrazo 😉

 

Si quieres… ¡puedes controlar la ansiedad!

ansiedad¿Has estado alguna vez tan asustado que sentías que no podías respirar?  ¿Has tenido momentos de ansiedad en los que el corazón te va a mil por hora y después tiemblas o te sientes débil? ¿Te preocupa ponerte tan nervioso que crees que te mareas o te vas a caer ahí mismo?

Si has respondido  a alguna de estas preguntas, vamos a practicar un EJERCICIO DE CONTROL DE LA RESPIRACIÓN  que te puede ayudar mucho.

Como en todas las situaciones de ansiedad, la tensión se concentra en el abdomen  y hace que el diafragma también se contraiga. Por eso cuesta respirar. Uno lo compensa llenando los pulmones de aire y acaba respirando entrecortadamente con la parte alta de éstos porque el diafragma está demasiado tenso para terminar de exhalar.  El resto de los pulmones, continúan llenos de aire viciado que no acaba de salir.

El resultado de esta desesperación por respirar es el PÁNICO: el cuerpo entra automáticamente en modo “pelea o huye”. El corazón se acelera, empezamos a sudar y los vasos capilares se cierran, por lo que la persona se siente débil o mareada,  la sangre fluye a las piernas (para ayudar a escapar) y enseguida éstas empiezan a temblar.

Todo esto es normal, ¡pero terrible!. La SOLUCIÓN es detener de inmediato la hiperventilación y reemplazarla por una respiración relajada y controlada, que, pasados dos o tres minutos, nos hará sentir mucho más tranquilos. Pruébalo ahora mismo o en cuanto puedas, así la próxima vez que sientas ansiedad sabrás exactamente qué tienes que hacer.

  1. El primer paso del ejercicio de control de respiración es exhalar (por la boca) para detener la hiperventilación y el pánico. Vacía los pulmones de inmediato y completamente. Saca todo el aire viciado.
  2.   Ahora cierra la boca. Es casi imposible hiperventilarse cuando se respira sólo por la nariz. Por otro lado, cuando se respira por la boca se tiende a hacerlo demasiado rápido, lo que contribuye a la hiperventilación.
  3.  Pon una mano sobre el abdomen, encima del ombligo. Inhala por la nariz, y cuenta despacio: “Uno… dos… tres”. Intenta que el aire te levante la mano. Para un segundo, y empieza a exhalar contando: “Uno… dos… tres… cuatro”. Nota que la exhalación es un poco más prolongada porque debes vaciar cada vez los pulmones completamente. Esto te protegerá de los jadeos de pánico, altos y entrecortados.
  4. Cuando empieces a sentirte más tranquilo, trata de que tu respiración sea aun más lenta. Inhala mientras cuentas: “Uno… dos… tres… cuatro”. Para un segundo y exhala: “Uno… dos… tres… cuatro… cinco”. Sigue practicando esta respiración lenta y profunda durante al menos tres minutos.

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Si eres capaz de practicar como mínimo una vez al día este ejercicio, notarás enseguida una gran mejoría en tu estado general, en el posible estrés, en el autocontrol y dominio de tus reacciones corporales y mentales, en las situaciones de ansiedad y,.. en consecuencia.., en tu salud física y emocional general.

Y es que algo tan simple como respirar bien… ¡es lo que nos da la vida!

Haz la prueba, ¡verás que es así de fácil y cierto! 😉

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