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Sencilla Inteligencia Emocional

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Avanzando en los días, en los meses, en la vida,… plantéate mostrarte a cada momento con un pensamiento lo mas positivo posible, una actitud constructiva, un correcto manejo de tus emociones, un buen talante en la resolución de tus conflictos,…  ¡No es tan  difícil salir del bucle en el que piensas que estás atrapado!.

¿Y sabes por qué? 

Porque en tus pensamientos solo mandas tú, que eres quien decide CÓMO SENTIRTE según las circunstancias y momentos de tu vida. No mires para otro lado ni eches la culpa a los demás, que es lo más rápido y sencillo para quitarnos autorresponsabilidad en la gestión de nuestro estado emocional.

Por tanto… ¡que no te apabulle tu mente! Puedes cambiar el curso de tus reacciones emocionales. Ponte a ello y poco a poco irás descubriendo el poder de tus pensamientos en tus reacciones y sentimientos. ¡Sin duda!

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Sentimiento, estado de ánimo, emoción…

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Para poner en práctica la inteligencia emocional hacen falta muchos elementos en juego. En concreto, si hablamos de la inteligencia intrapersonal (se refiere a la autocomprensión, el acceso a la propia vida emocional y gama de sentimientos, a la capacidad de efectuar discriminaciones de estas emociones, así como a ponerles nombre y recurrir a ellas como medio de interpretar y orientar la propia conducta) necesitamos percibir cómo sentimos y tener conciencia de nuestro sentimiento, para disfrutarlo y conservarlo, o modificarlo, o despedirlo.

Sentir que amas, sentir que te aman, sentir lo capaz que eres de hacer felices a los demás con pequeñas cosas, sentir lo feliz que te hacen a ti otras pequeñas-grandes minucias,… sentir cómo te emocionas cuando vas a ver a tu madre, o disfrutas de tus hijos, o preparas esos regalos para los amigos, o te tomas un café a solas contigo misma y tu complicidad.

Sentir y saborear que en el año que está a punto de acabar, el mundo me ha puesto en bandeja el conocimiento de nuevos y bellos lugares, así como de personas que ya serán no sólo insustituibles, sino necesarias en mi vida…

Sentir que mi paso por el mundo no es fortuito, que todos tenemos una misión, y que en cuanto notas que estás haciendo algo en esa línea, se te llena el alma, y esta plenitud puede ser a la vez un vacío, porque lo vivencias como un hueco en la pared abdominal que, en realidad, no es un hueco, sino un gran llenazo en forma de algo intangible, de energía.

Sentir que vives, que respiras, que lloras, que amas, que ganas, que pierdes, que deseas, que evolucionas, que sueñas,…. sentir, sentir, sentir,…. Preciosa palabra.

#ReflexionesDeFinDeAño

¿Cómo está tu cubo?

En mi charla sobre la felicidad utilizo la metáfora del cubo y el cucharón porque es de lo más ilustrativa.
Ser amable y generoso es fundamental para ser feliz; además, mejora nuestro rendimiento. Sólo depende de la voluntad de querer serlo, y las consecuencias en la satisfacción con nuestra vida pueden ser muy grandes.
Según diferentes investigaciones, son más felices las personas amables y generosas. De esto no hay duda.

Hay opuestos a la amabilidad, identificados en lo que el Dalai Lama denomina ‘ladrones de la felicidad’ y son las personas con hostilidad, irritabilidad, hosquedad y antipatía. Estas actitudes generan unos efectos en uno mismo y en los demás, incompatibles con el bienestar y la felicidad.
Donald Clifton es considerado por la American Psycological Association el “padre” de las fortalezas psicológicas y el “abuelo” de la Psicología Positiva. Fue presidente de Gallup y creó el buscador de fortalezas Clifton. Junto con su nieto Tom Rath, escribió un maravilloso libro: “Cómo potenciar tus emociones positivas. ¿Está lleno tu cubo?”
En el libro, Clifton y Rath recogen la teoría del cucharón y el cubo que se puede resumir así:
“Cada uno de nosotros posee su propio cubo. El cubo se llena o vacía permanentemente en función de lo que otros nos dicen o nos hacen. Cuando nuestro cubo está lleno, nos sentimos bien; cuando está vacío, fatal.
Cada uno de nosotros dispone también de un cucharón. Cuando empleamos nuestro cucharón para llenar los cubos de los demás -siempre que hacemos o decimos algo que potencie sus emociones positivas- también estamos llenando nuestro propio cubo. Pero cuando utilizamos nuestro cucharón para vaciar los cubos de los demás- siempre que hacemos o decimos algo que merme sus emociones positivas- nos vaciamos nosotros mismos.
Igual que las copas llenas a rebosar, un cubo lleno nos proporciona una perspectiva positiva y energías renovadas. Cada gota del cubo fortalece y refuerza nuestro optimismo. Sin embargo, un cubo vacío enturbia nuestra mirada, socava nuestra energía y debilita nuestra voluntad. Por eso, cuando alguien se dedica a vaciar nuestro cubo, nos duele.
De esta manera, cada día nos encontramos ante una disyuntiva: podemos llenar los cubos de los demás o podemos vaciarlos. Se trata de una elección fundamental, capaz de afectar profundamente a nuestras relaciones, nuestra capacidad de trabajo, nuestra salud y nuestra felicidad”.
Ser amable nada nos cuesta y genera ondas expansivas positivas que fomentan la colaboración y la confianza.
En cualquier entorno del ser humano, la amabilidad o su ausencia se contagian, contribuyendo al aumento o disminución de nuestra felicidad y de la de los demás.

Como casi siempre, la decisión está en nuestras manos. Pongámonos a ello. 😉

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